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Picando biela (Relato sobre quemados)

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Vie 6 Ago - 20:16

22 de julio de 1995.

Hoy era el día, los Rolling tocaban en Gijón. El día anterior me lo pasé entre pitos y flautas, lavando y puliendo el XR2. Cachiro se apuntó al concierto acompañado de una amiga putilla suya, pilló las entradas al mismo fulano que se las pillé yo pero pagando 50.000 pelas (yo había pagado 30.000 pesetas, pero pillándomelas Casares). Tenía cojones, más que nada, porqué las entradas costaban 10.000 pelas.

A las diez de la mañana, salimos Elena y yo desde Lugo directos a Gijón, Cachiro y su putilla ya iban por sí solos. Empezó conduciendo Elena la ida, todo por carretera nacional y puertos de montaña llegando a Asturias. Antes de llegar a pisar la provincia de Asturias, paramos en un bar de carretera a estirar las piernas, tomar un café y básicamente, a mear. Al cabo de dos minutos, Cachiro pasa por allí, se da la vuelta y se mete en el aparcamiento del bar, nos ha visto. Entra dentro con su amiga (qué tenía un buen polvazo, por cierto), se sienta y empieza a hablarnos:

- ¡Hola! Os presento a Beatriz. - nos presenta a su amiga - Tiene novio. - dice Cachiro, riéndose.

- Encantada. Me llamo Elena y soy la novia de éste. - se presenta Elena.

- Encantado, bella dama. Me llamo Pablo y soy el ex de esta. - me presento.

- ¡Quién te diese una novia así, Pablito! - me decía Elena, riéndose.

Tomamos un café, estuvimos hablando de lo que hacer cuándo llegásemos a Gijón y de lo que haríamos después del concierto. Salimos del bar y nos vamos a los coches, allí empezamos a hablar, cada uno junto a su coche:

- Bueno, ¿quedamos entonces en? - me pregunta Cachiro.

- En el Parque de Begoña, para tomar algo y enseñaros la ciudad. - le propongo.

- ¿Conoces Gijón? - se extraña Cachiro.

- No, pero mi padre sí. - me enciendo un pitillo - De pequeño iba con mis padres allí de vacaciones. - le respondo.

- ¿Por allí se puede aparcar? - me pregunta Cachiro.

- Sí, pero estará petado.

- Vale, quedamos así y ya miramos en donde aparcar por allí. - me responde, sentándose en el coche.

- De acuerdo, ¡ya te llamo yo cuándo lleguemos, porqué creo qué llegaremos tarde! - le respondo haciendo alusión al BMW.

Se monta Elena y arranca el coche, salimos directos a Gijón. Por el camino perdimos a Cachiro por la nacional, pero bueno el viaje era muy entretenido, teníamos a los Rolling sonando de fondo todo el rato. Llegamos a Gijón, en la ciudad había muchos coches de otras provincias, por no decir también, matrículas portuguesas y francesas. Llegamos a Begoña y llamé a Cachiro:

- ¿Llegaste a Begoña? - le pregunté a Cachiro.

- No sé, estoy con el coche junto al Hotel Begoña. - me responde.

- Si, junto al Begoña estoy yo y por aquí no estás. - le replico.

- Si joder, estoy aparcado al lado de unas limusinas. Hay un montón de gente y cámaras aquí, pero deberías verme bien. - me contesta.

- ¡Aaaah! Estás aparcado junto al Hotel Begoña y déjame pensar, ¿en lo alto de Gijón? Por allí, ¿apenas hay casas o edificios?

- Correcto.

- ¡A ver, cazurro! - enciendo un cigarro - Te he dicho el Parque de Begoña, junto al Hotel Begoña. Tú estás en el Hotel Begoña Park, allí están alojados los Rolling, por eso está petado de gente. - le doy una calada al cigarro - Anda, ¡vamos allí a por vosotros y nos venimos tomar algo! - le dije.

- ¡Vale!

Al final, Cachiro se había equivocado, se había ido hasta al hotel en donde se alojaban los Rolling, que estaría petado de cámaras y gente, por no decir coches. Después de media hora, por fin llegamos al hotel. Localizamos a Cachiro, le pitamos y nos sigue. Más abajo empezamos a hablar:

- Mira, hemos perdido tiempo. ¿Qué te parece si vamos directos a comer? - le propongo (ya que había reservado mesa para cuatro en un restaurante, unos dias antes).

- Perfecto, ya me suenan las tripas. - me contesta.

- Pero nada de calamares, mamón. ¡Te invito a comer en un sitio de máximo nivel!

- ¡Ostia! Perfecto. - dice Cachiro, frotándose las manos.

Así fue, me iba a dejar por lo menos unas 20.000 pesetas en comer. Arroz con bugre (bogavante) y escuchando a Rod Stewart (chiste malo). Llegamos al restuarante, a Casa Justo, no sin antes aparcar en un parking subterráneo. Mi padre nos llevaba allí a comer a mi madre y a mí, cuándo estábamos de vacaciones en Asturias. Entramos y nos sentamos en la mesa, pedimos el arroz con bugre y hasta debimos ver a toda la plantilla del Sporting.

- Joder, como se cuece por aquí, ¿no? - dice Cachiro.

- Chaval, como dice Casares, ¡máximo niveeeeeel! - le contesto, riéndome.

Comimos el arroz con bugre y nos pegamos una empachada enorme. Salimos y empezamos a dar una vuelta por Gijón, las chicas se ponen a mirar ropa en una tienda y Cachiro me agarra para llevarme afuera:

- Mira, ¡nos vamos a sacar por lo menos 100.000 pesetas! - me dice Cachiro, enseñándome una bolsa de coca con por lo menos, 25 gramos.

- ¡¡¡¡¡Me cago en Diooooooooooos!!!!! - le digo gritando, tan alto que hasta las chicas miraron para nosotros - ¿Cómo se te ocurre traer coca a un evento así? Estará petado de pasma. - le digo, por lo bajo.

Cachiro había traído la coca para pasarla en el concierto, le repliqué que si lo pillaban, no quería saber nada del tema. Pero volvamos a donde estábamos, dando una vuelta por Gijón tomamos algo y empecé a enseñarle la ciudad a los tres. Ni pasamos por el Casco Antiguo, estaba petadísimo.

- ¿Vamos al concierto? - les pregunté.

- De acuerdo. - responde Cachiro.

Acto seguido, saqué la camiseta de los Rolling que llevaba en el bolso de Elena. Mientras íbamos directos al Molinón, un borracho se puso a cantar (bueno, tararear) conmigo el estar me up de los Rolling. Llegamos y estaba petadísimo, para entrar tuvimos que esperar más de media hora en la cola, y eso que eran las ocho de la tarde. Antes de que empezase, Cachiro empezó a distribuir la coca por el Molinón, llegó con 90.000 pesetas junto a mí, apartándome de las chicas:

- Chaval, la perfección es la perfección. - me dice Cachiro, cachondeándose.

- Sí, y la suerte es la suerte. - le replico.

- Toma, 40.000 pelas. - me ofrece en mano.

- ¡Sácate de ahí, tio! Era tu coca y ahora ése es tu dinero. - le respondo.

- Pues entonces te invito a cenar luego. ¿Qué te parece? - me propone, riéndose.

- Ostia, ¡eso sí! - acepté, riéndome.

Empieza el concierto con los focos iluminando al público, llamaradas en el escenario y empieza el show, de ellas sale Mick Jagger. Fue im-presionante, Elena y yo nos quedamos sin garganta, por no decir los que estaban a nuestro lado. Cachiro también se emocionó, pero en temas con mucha caña, yo también, hacía como que tocaba la guitarra, dando saltos con la pierna derecha levantada. Vamos, ¡qué fue la ostia!



Acaba el concierto y nos vamos de fiesta, a Cachiro aún le quedaba coca, pero era para vender (ninguno se metía). Llegamos a un bar de travestis, estábamos tan subidos de tono que qué cojones, nos quedamos en aquel bar. Empezamos a bailar con los travestis, en el local también ponían temas de los Rolling. Estuvimos haciendo el gilipollas con los travestis, como el gesto de saltar con la pierna levantada.

- Oye guapo, ¿estás sólo? - se le pone un travesti a Cachiro, imagináos la voz de maromo.

- Si, estoy sólo y quiero seguir estándolo. - le contestó Cachiro, bailando y riéndose.

Acto seguido, el travesti le mete una ostia en la cara. Cómo estabamos muy bebidos, yo también empiezo a ostias con el travesti. Elena y la putilla de Cachiro intentan separarnos del travesti, pero no daban, de pronto se monta una tángana en el local. Travestis contra drag queens, viceversa y hasta daban a los camareros. Escuchamos vasos romperse y la música ya no sonaba, busco a Cachiro:

- Bueno qué. ¿Nos vamos? - le pregunto, agachados los dos y descojonándome.

- Sí, ¡y cagando ostias!

Agarramos a las chicas y salimos de allí pitando.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Vie 6 Ago - 20:19

23 de julio de 1995.

Después de pulular por la noche gijonesa y de comer bocatas de calamares en un bar (invitado por Cachiro), buscamos un hotel pero todos estaban completos. Pero no hay que desesperarse, Oviedo estaba a un palmo y probamos suerte en la capital, sacamos dos dobles y a dormir. Antes de dormirnos, Elena quería tema, yo estaba tan echo mierda de beber y del cansancio que rechacé la proposición. Nos levantan por teléfono a las 12:00 del mediodía, tenía la boca pastosa de lo que había bebido y me duché, acto seguido llamé a Cachiro:

- ¿Estás en la cama, figura? - le pregunto a Cachiro.

- Ya me he duchado, ¿bajamos a la cafetería a desayunar? - me propone Cachiro.

- Vale.

Bajo a la cafetería a desayunar, Elena bajaría en un rato, se tenía que cambiar. Llego a la mesa y Cachiro está sólo, esperándome:

- Ei. - le saludo y me siento en la mesa con él.

- ¡Si supieses lo que pasó anoche, chavalín! Atento al dato, me zumbé a Beatriz. ¡¡¡Tres Veces!!! - haciendo gestos con los dos brazos, subiéndolos y bajándolos, en voz alta.

- Joder tio, ¡aún te dura la borrachera de ayer! - le digo disimulando, por las ancianas que nos miraban.

Llega Elena y Beatriz, ésta última estaba en el baño. Desayunamos y decidimos ir tirando para Lugo, mi chica chollaba al lunes siguiente. Pagamos el hotel, pillamos la prensa de Asturias para el recuerdo y directos a por los coches, los teníamos que ir a buscar al parking. Antes de eso, paramos en un bar a pillar bocatas de calamares para el viaje (pero calamares de verdad, qué se note el puerto de mar). Pillamos los coches y nos despedimos, ya nos veríamos en Lugo.

Ésta vez me tocaba conducir a mí, en un semáforo de una larga recta, se me pone a dar acelerones a mi lado un Escort RS Turbo.



Pero pa chulo, mi pirulo. Fiesta con grupo corto comparado al grupo del RS Turbo, salía con ventaja. Salgo, estiro primera y segunda, cuándo ya creía que tenía ganada la salida, el Escort me saca las pegatinas tan molonas que tenía del Capitán Trueno. Cada vez lo veía escapar más y más, era imparable aquel trasto. Me quedé en blanco mirando para el Escort.

- Hala, ¿te ha hecho pupita? - me pregunta Elena, cachondeándose.

- Jooooder, ¡cómo anda la mierda esa! - exclamé.

Perdí la vista de aquel coche, también decir que se saltó un semáforo. Llegamos a carretera nacional, ya estaba hasta los cojones de los Rolling y puse un casete de los Dire Straits. Por la nacional, voy algo ligero, en dos horas llegamos a Meira. Paramos a tomar el café, fumo un par de pitillos leyendo la prensa que compré, según los periódicos, los Rolling brillaron en la noche gijonesa.

- Dentro de un mes, pasamos la semana en Gijón. ¡Nosotros sólos! - le propuse, mirando para la prensa.

- Me vas a volver loca con tanto viaje. - me responde riéndose.

- ¿Qué pasa, no puedo llevar a mi chica a conocer mundo? - le digo.

Se quedó callada. Retomamos el camino y llegamos a Lugo a las seis de la tarde. Nos paramos en el bar del pueblo, Josito estaba sentado y lo saludo:

- Coño, ¿qué tal, tio? Ya me contó mi madre qué habías venido de la mili. - saludé a Josito.

- Aquí me ves, sano y salvo. ¿Tu qué tal? Objetor de conciencia. - me pregunta Josito, riéndose.

- También fenomenal, acabamos de venir del concierto de los Rolling en Gijón.

- Si vieses la borrachera que pilló. - le dice Elena, riéndose.

Allí estuvimos de charla con Josito una hora por lo menos. Nos contó que había conocido a una chica que estaba de camarera en el cuartel, que era de Galicia. El capullo se sacó novia en la mili, denigrante. También acababa de vender el GT Turbo a un compra-venta por una puta miseria, 500.000 pesetas. Al parecer quería algo más grande y más tarde, se compraría un BX 1.9 TZD. Y nada, volvimos a casa para descansar, nos lo merecíamos.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Vie 6 Ago - 20:32

28 de julio de 1995.

Era medianoche, estaba sentado en las sillas de la terraza de casa, fumando un cigarro que acompañaba con una copa, mirando al Fiesta. Llevaba una semana pensando en el viaje a Gijón con Elena, lo tenía todo bien planeado para que fuese inolvidable. De repente, suena el móvil, que lo tenía encima de la mesa, era Casares:

- Bueno, ¿onde carallo andas? - me pregunta Casares.

- ¡Aquí en casa, tío! - le respondo.

- Ven a mi zulo, ¡tenemos un problema!

- ¿Qué problema? - le pregunto.

- Bueno, ¡me cago en Dios! Ya te lo cuento cuando vengas.

No tenía muchas ganas de ir allí, pero bueno, se lo debía a Casares. Arranqué el Fiesta y llegué a Lugo en quince minutos, salgo del coche y Casares me dice desde la ventana:

- Ya bajamos.

- ¿Quiénes? – le pregunto.

- Cachiro y yo.

Esperaba por ellos apoyado en el Fiesta, al cabo de cinco minutos, ambos bajaron armados con mazos:

- ¿Qué cojones lleváis, mazos?

- Correcto, mamón. – me contesta Cachiro.

- ¿Para qué?

- Ya verás luego. – contesta Casares.

Cachiro y yo nos montamos en el Fiesta, Casares ya iba con su Escort. Debía seguirle como me indicó, después de diez minutos, llegamos a un puticlub a las afueras. Sale del Escort con el mazo y nos hace señas para que nos quedemos dentro del Fiesta. En el aparcamiento, Casares se acerca a un Opel Calibra, acto seguido, empieza a mazazos con el coche, dos tíos que estaban en la puerta del puticlub entran dentro, supongo que a avisar.



Cachiro me dice:

- ¡Es hora de qué salgamos!

- ¿Pero qué ostia pasa? – le pregunto a Cachiro.

- Un fulano ha estafado a Casares, ¡no se qué rollo ha pasado! – me contesta.

Antes de salir del coche, un fulano sale del puticlub, sólo con el pantalón puesto. Se acerca a Casares e intenta pararle, pero Casares lo tumba con una patada en la barriga. Salimos del coche y vemos como Casares le da patadas en las costillas:

- Para, ¡para joder! – le dice Cachiro mientras lo separa.

- ¡¡¡¿Qué haces, Casares?!!! ¡¡¡¿Qué pasa?!!! – le pregunta el fulano, jadeando del dolor.

- ¿Qué es eso de joderme a mí? ¿Qué piensas, qué no sé que te has quedado con diez kilos de los veinte que te mandé llevar? – le dice Casares, mientras lo agarramos.

- ¡Paaaaara, para joooooder! Yo llevé diez kilos, llegué junto a los gitanos y cargué diez kilos. ¡No se qué ostia me estás contando, Casares! – le replica el fulano.

- Cómo, ¿me estás contando qué los gitanos me han jodido? – dice Casares.

- No sé, tio. Pero allí, sólo cargué diez kilos. – le vuelve a contestar el fulano.

Empezamos a hablar, relajados. El fulano del Calibra no sabía nada, según él. Casares decía de ir a por los gitanos, pero llevaríamos con nosotros al dueño del Calibra. Antes de nada, Cachiro le avisa:

- A ver Casares, ¡tranquilízate! Los gitanos van a ser muchos para ir sólo nosotros tres.

- Vale, llamaremos a los amigos de Paquiño. – le contesta Casares, con absoluta tranquilidad.

A los veinte minutos, mientras esperábamos en el puticlub, llegaron los ansiados amigos de Paquiño. Cuatro Mercedes 300D y dentro de cada coche, cuatro matones:



- Bueno, bueno y bueno. ¡Cuánto tiempo señores! – exclama Casares.

- ¡Aquí estamos, señores! Para mandar, ¿qué ha pasado? – le pregunta un matón a Casares y a Cachiro.

- Aquí, según este chaval, que los gitanos nos han jodido diez kilos de coca. – contesta Casares, señalando al del Calibra.

- Putos gitanos. Aún me acuerdo cuándo jodían al pobre Paquiño con los porros, pero bueno de aquellos gitanos hoy sólo queda el recuerdo. Y de éstos, no quedará ni eso. – dice el maromo, a carcajadas.

- Me cago en Dios, ni me los nombres. – le contesta Casares, riéndose.

Casares me presenta al matón:

- Bueno, antes de nada Luis, ¡te presento a Pablo! Uno de esos talentos que salen de la nada, éste tío ha llevado cuarenta kilos, ¡qué se dicen pronto! A Madrid.

- Encantado chaval, yo soy íntimo amigo de Paquiño. He venido a sacaros las castañas del fuego. – se presenta el matón.

- Encantado. – me presenté.

Casares organiza cómo entrar en el poblado gitano, había que darle su merecido a los gitanos, eso estaba claro. Nos montamos en los coches y al del Calibra lo montan en un Mercedes, Casares lleva la delantera. Cachiro empieza a hablarme por el camino:

- Mañana, esto sale en la Voz de Galicia, ¡qué digo! Hasta en El País.

Llegamos al poblado gitano a las tres de la mañana, era de película, un Escort RS Cosworth escoltado por cuatro Mercedes de moros y un Fiesta XR2 entrando a saco. Nos paramos en el chabolo del gitano que avisó a Casares de qué le habían robado el Escort. Salimos de los coches, acto seguido, cada matón saca una pistola y disparan al aire. Casares empieza a gritar:

- ¡Antoniooooooooooooo, Antoniooooooooooooooooooooooo!

- Carlos, ¡déjanos entrar! – le pide el matón de antes a Casares.

Los matones, con la aproación de Casares, entran en el chabolo. Un matón grita desde dentro:

- ¡Aquí no hay nadie!

- ¡Me cago en Diooooooooooooos! – exclama Casares.

Acto seguido, un R21 sale cagando ostias de detrás del chabolo, Casares se dirige a mí:



- Móntate en el Escort, ¡conduces tú!

Me monté en el Escort, Casares sacó una pistola y empezó a cargarla por el camino. Cada vez el R21 se alejaba, yo no sabía moverme por el poblado, pero el R21 perdía tracción y eso permitía que me acercase más. Casares me gritaba, me llamaba la atención por no dar seguido el ritmo del 21. Salimos del poblado, carretera nacional y aquí no había color, con el Escort, el 21 estaba perdido. Nos ponemos a la par del 21, Casares empieza a dispararle, el 21 nos hace amagos para sacarnos de la carretera, pero no consigue ni darnos. Casares acierta y dispara a una rueda, el 21 empieza a acelerar con la rueda pinchada, al momento pierde la trayectoria, cuneta y vuelta de campana.

Al instante llegan los matones en los Mercedes y Cachiro en el Fiesta. Los matones sacan a los dos gitanos que había en el 21 y los montan en el Mercedes. Casares nos dice a Cachiro y a mí:

- Buen trabajo, chavales. Mañana os llamo, ahora, ¡piraros antes de qué llegue la bofia!

- Me cago en Diooos, ¡ésto me supera Casares! – le digo, alterado.

- Y a mí, Pablo, ¡y a mí! – me contesta Casares.

Nos montamos en el Fiesta y nos largamos, la verdad, el rollo me superó. Por el camino empecé a hablar con Cachiro:

- ¡Joder tío! Esto se nos está yendo de las manos.

- A nosotros no, Pablo. A Casares. ¿Viste la mala ostia qué llevaba? Si no llegásemos nosotros al final, acababa disparando a los gitanos dentro del 21. – me replica Cachiro.

Dejo a Cachiro en casa y me vuelvo al pueblo, tenía sueño, pero esa noche apenas dormí.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por xtm_sport el Sáb 7 Ago - 4:02

bufff tio que movida peor por lo menos te lo pasaste bien por mis tierras gijonesas jajajaja a ver como te fue la semana que et fuiste con elena... jajaj
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Keko el Sáb 7 Ago - 11:13

desperdiciarle un polvo a elena..aunque se este cansao!! jajaja banana
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Samu_Motorsport el Sáb 7 Ago - 21:04

Buenisimo tio ! Podrias hacer hasta una pelicula jajajaa !
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Lun 9 Ago - 4:06

31 de julio de 1995.

A los tres dias del incidente, el periódico El Progreso le dedica la portada al incidente:

Dos jefes de una mafia local, relacionada con las drogas, hallados muertos en un coche calcinado.

Cuándo leí la noticia, pensé que el mundo se nos venía encima. Llamé a Cachiro:

- ¿Leíste el Progeso, tío? - le pregunto.

- Sí, me ha llamado Casares para que vaya al zulo. También vienes tu, te iba a llamar en cinco minutos. - me contesta.

- Vale, ¿a qué hora?

- A las cuatro de la tarde, en su zulo. - me contesta.

A las cuatro llegué al zulo. Estaban Casares, Paquiño, el Comisario, Cachiro y ahora yo. La conversa empezó así:

- Tiene cojones, Carlos para no ser policía, limpia más las calles qué el Comisario. - dice Paquiño, riéndose.

- Bueno Paquiño, el chaval ha hecho mal. - se enciende un puro el Comisario - No podía meterlos bajo tierra ¿no? Ahora, tengo que hacer que ando detrás vuestra.

- Mire Comisario, ¡lo qué yo le diga! Nos jodieron diez kilos de coca, al final ni han aparecido - hace un gesto con la mano como diciendo, tela marinera - ni aparecerán. Creo que he actuado correctamente, por lo menos no he dejado los cadáveres junto a la Muralla. - dice Casares, riéndose.

- ¡Bueno, Casares! Conociéndote, si sólo fuésemos nosotros tres, los matabas en el acto. - le replica Cachiro.

- Si no te lo niego, tio. ¡Sabes qué cuándo se me pone la vena, arramblo con todo! - dice Casares, riéndose.

- ¡Caaaaarlos! - grita el comisario - ¿Quieres aparecer muerto en el Miño, por tu puto reprís? A éste paso, te llevas todas las papeletas. - le reprocha el Comisario. ¡Aaah! Y vuestros cochecitos, - nos señala con el dedo índice - están fichados.

- ¿Los nuestros también? - le pregunta Cachiro, refiriéndose a él y a mí.

- Si, los vuestros también. Tu BMW canta más que Lola Flores, y el tuyo. - refiriéndose a mí, señalándome - ¡Sitio al qué va Carlos a armarla, sitio en dónde está tu coche!

Salimos del zulo con la idea de relajarse durante unos meses, vamos, teníamos que tomarnos unas vacaciones. Pensé en tomarme toda ésta semana, para marcharme a Gijón con Elena y desconectar. Llamé a Elena:

- ¿Qué te parece si marchamos hoy a Asturias? Ya tenemos hotel, no me digas que no.

- No me jodas, Pablo. Aún tengo que hacer la maleta y todo. - me contesta Elena.

- ¡Pues la haces ahora! Son las once de la mañana aún, voy a buscarte a las cuatro de la tarde y tiramos para allí.

Convencí a Elena, antes de nada, llevé el coche al taller. En el taller, me pregunta el jefe:

- ¡Buuuuf! ¿Cuántos kilómetros le has hecho desde qué lo compraste?

- Pues... Creo que cuarenta y pico mil kilómetros. - le contesto, mirando el velocímetro.

Salí del taller con el aceite y los filtros cambiados, me lo puso a punto e iba de maravilla. Llegué al pueblo a la una del mediodía, comí, lavé el coche y me duché. A las tres fui a buscar a Elena y tiramos a Gijón. Cinta de los Dire Straits y carretera, el coche iba fenomenal, en definitiva, por ahora el viaje pintaba muy bien. Llevábamos doscientas mil pelas para el viaje, comer de restaurante y dormir de hotel, es lo que conlleva.

Ya en Gijón, llegamos al hotel y dejamos las maletas. Pero un hotel de máximo nivel, no una pensión de mierda. Aparqué el coche en un Parking subterráneo, para no moverlo en toda la semana. Salimos del parking:

- ¡Empiezan nuestras vacaciones, morena! - le digo.

Paramos a tomarnos un café en la Plaza de Begoña, el cigarrito y a hablar de nuestras cosas:

- ¿Por qué gastas la poca pasta qué te queda en el banco en éstas vacaciones? - me pregunta Elena, que aún pensaba que vivía a base del paro.

- ¡Porqué sí, chica! Además, no he puesto todo mi dinero en éstas vacaciones, tu también has puesto cincuenta mil pelas. - le contesto.

- No es nada comparado a lo que has puesto tú, chico.

- Morena, no jodas nuestras vacaciones. ¡Disfruta!

- Tienes razón. - me contesta, dándole un sorbo a su crema.

Ése mismo día, empezamos a dar un paseo por Gijón. A las once, cenamos en el resturante del otro día, tenía que probar la fabada, el arroz con bugre lo dejaríamos para el último día. De noche, lo de siempre, moverse por la zona de marcha.

Esa misma noche me encontré a un colega del instituto por Gijón, se llamaba Jorge. Estaba estudiando allí Ingeniería Técnica desde el año pasado:

- Coño, ¡Pabloooooo! - me grita Jorge, al reconocerme.

- ¡Ostia! ¿Qué tal? - respondo.

- Aquí andamos, ¿os veniís a Avilés? Un hermano de un colega mío de la facultad ha abierto un pafeto nuevo, la entrada es de dos mil pelas, ¡así qué imagínate lo bien que estará! - me dice Jorge, emocionado.

- ¡Buuuf! No sé, no sé. ¿Qué dices, Elena? - le pregunto.

- Vayamos, por mí de puta madre. - me contesta Elena.

Le presenté a Elena y le comenté que tenía que ir a por el coche al parking, pero no hacía falta, ya nos llevaba en su coche. Jorge tenía un Renault 19, normalucho de todo, pero lo trataba cómo si fuese un Ferrari. Saliendo de Gijón, en los semáforos, se debió picar con todos los coches que esperaban a su lado.



Llegamos al pub y aparcamos en el parking del edificio del pub, entramos por la puerta grande, qué estaba a rebosar:

- ¡Nenu! Pasamos dentro, éstos son colegas míos de Lugo.

Entramos sin pagar la entrada, a primera vista, el sitio estaba impresionante. Vamos, máximo nivel. Nos acercamos a la barra, pedimos tres cubatas y seguimos a Jorge. Nos lleva a la zona VIP, en dónde está el dueño y su amigo. Nos sentamos en los grandes sofás de cuero y empezamos a hablar:

- ¿Y qué tal por Lugo? - me pregunta el dueño, riéndose.

- Fenomenal. - le contesto, riéndome.

- Bueno, antes de nada. Me llamo Matías, soy el mandamás de éste antro - me da la mano - y éste, Jaime - me da la mano también -, es mi hermano.

- Para servirle a usted y a su bella dama. - me dice el hermano, un poco colocado - Por cierto, no le hagáis caso con lo dice de antro, el prefiere estar aquí, antes que en Mieres en la mina. - se ríe a carcajadas.

Estuvimos charlando todo el rato, Elena empezó a hablar con la novia de Matías (el dueño) y se marcharon las dos juntas a bailar en la pista. Acto seguido, Matías sacó una pequeña bolsita de coca puso cuatro rayas en la mesa (imagináos la conversa con la canción de Haddaway, What is Love):

- Tío, ¡yo no me meto mierda! - le digo.

- ¡No te la cobro, gallego! - me contesta, riéndose.

- No, paso tío. - le vuelvo a decir.

- Mejor, así hay más. - contesta Jorge, riéndose.

- Por cierto Matías, ¿sabes algo del medio kilo que te debía traer el gitano? - le pregunta Jaime (el hermano), metiéndose una raya.

- ¡Me cago en la Puta! - Matías le da una ostia a Jaime - Con desconocidos no saques el tema. Y tú, boca cerrada. - se dirige a mí, señalándome con el dedo, pero de buen rollo.

- Tranquilo Matías, qué le estás diciendo a un padre como debe hacer hijos. - le contesto, riéndome.

- ¿Pasas coca? - me pregunta, respirando fuerte para que no quede nada en la nariz.

- Eso, ¿pasas coca? - me pregunta Jorge, extrañadísimo.

- No exactamente, pero. ¿Qué necesitas?

- Pues medio kilo, tenía que pedirselo a un camello de aquí, pero paso. Me ha jodido muchas veces y últimamente sólo me pasa mierda, pero con mierda, me refiero a basura. - me responde, haciendo gestos con las manos.

- Pues bueno, dame tu número de teléfono y ya miramos. - le digo.

Me pasa su teléfono y lo guardo en la agenda, trabajo para Casares y para mí.

La noche transcurrió, apenas bebí dos cubatas para fumar. Pero Elena y mi amigo Jorge, ¡dios santo! Bebieron como si fuese el fin del mundo. Al final de la noche, eran las siete de la mañana, recogimos y nos fuimos, por supuesto yo conduje el R19. Jorge empieza a hablar en el coche:

- Oye, ¡Pablito! - le da el hipo - ¡A ver cuándo nos traes esa coca! - más hipo - Dios, ¡puto hipo!

- Pero ¡qué coca, qué coca! - exclamé, por si acaso Elena se pispaba.

- Si, joder. - más hipo - La coca... - dice Jorge.

- ¿Qué coca, Pablo? - se le contagia el hipo a Elena - ¿Qué coca? - intentaba Elena decir, pero entre el pedo y el hipo, no daba.

- No le hagas caso, está borracho. - le contesto a Elena.

Si no hablasen del tema de la coca, me estaría descojonando con la conversación. Dejé a Jorge en la facultad, que estaba a dos pasos del hotel y nos marchamos andando Elena y yo. Llegamos al hotel, Elena no se mantenía en pie y se me pone el recepcionista:

- ¡Aprovéchate, machote! - me dice, riéndose.

- Cualquiera lo intenta. - le contesté, riéndome.

Dejé a Elena en la cama y bajé al bar de enfrente a tomar algo. Leí la prensa y tomé un café. A las diez y pico de la mañana, en el hotel, me duché y me cambié. Desperté a Elena a las once para que se duchase, vaya pestes echaba la morena por la boca al no dejarla dormir. Al final se levantó, pero de malas, se duchó y nos marchamos antes de las doce, qué era la hora en la que venían a hacer la habitación. No se acordaba de nada de lo que hizo la noche anterior, ¡gracias a Dios!

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Lun 9 Ago - 4:13

9 de agosto de 1995.

Las vacaciones en Gijón pasaron muy rápidamente, pero nos lo pasamos de putísima madre. Nunca volvimos a quedar con Jorge, por si acaso soltaba lo de la coca, ni volvimos al pub de Avilés. Todas las tardes estábamos en la playa hasta las nueve y pico de la noche, y por la noche, cena de restaurante y de juerga. Volvimos a Lugo, ésta vez conducía Elena, llegamos sanos y salvos por lo menos.

Al día siguiente de llegar a Lugo, llamé a Casares:

- ¡Buenas! - le saludo.

- ¡Buenas, mamonazo! ¿Qué tal por Gijón? - me pregunta Casares.

- Pues de puta madre, ¡hasta te traigo clientes! - le digo, riéndome.

- ¡Coooño! Cuenta, cuenta.

- Pues mira, un fulano en Avilés quiere medio kilo. Pero si le sueltas tu labia, le empufas un kilo fácilmente. ¡Te paso su número en cuanto nos veamos! - digo.

- Vale, ¡perfecto tio! ¿Quedamos ésta noche en mi zulo, sobre las diez? - me pregunta Casares.

- Vale. - afirmé.

- Por cierto, ¡neno! El Cachi se ha comprado un nuevo trasto, desde que García le comentó que su coche estaba fichado, ¡se comió la cabeza y se ha pillado otro Kadett! - me dice Casares, emocionado.

Llegué al zulo de Casares a las diez y pico pasadas, salí del coche y me encendí un pitillo, detrás mía se paró un Kadett GSi (matrícula de Orense) rojo. Empieza a cortar inyección de seguido y me baja el elevalunas, era Cachiro con un porro en la boca, haciéndome un gesto como diciendo "¿oyes el motor?, ¡máximo nivel!".



Se baja del Kadett y empieza a hablarme de él. Al parecer el coche se lo compró a un mecánico de Orense, estaba de serie, menos por las llantas que eran de cinco palos y blancas.

- Me costó medio millón, pero me encantan éstos cacharros. - le da una calada al porro - ¡Hasta me parece qué éste anda más qué mi anterior 16v! - dice Cachiro.

- ¿Y el BMW? - le pregunto.

- En casa, a ver si se relaja la cosa y puedo sacarlo más de vez en cuando. Hace dos o tres dias, cuando fui a mirar este Kadett al taller, me pararon dos veces. ¡Flipa!

Entramos al zulo, dentro estaban Casares y Paquiño. Entramos y nos acomodamos:

- ¡Chavalín! Nos has conseguido un comprador. - dice Paquiño.

- No sé, habrá que llamarle. - digo.

- ¡Ya le he llamado Pablo! No quiere medio kilo, ¡quiere tres! - dice Casares, riéndose.

- ¡Habrá qué brindar, entonces! - dice Cachiro, riéndose.

- Joder, ¡pues sí! Desde que los gitanos están fuera de juego, apenas tenemos contactos. - contesta Paquiño, riéndose.

- ¡Traigo unas cremas y unos puros habanos! - se levanta Casares - Nada de fumar la puta mierda de porros del Cachiro. - dice Casares riéndose, mientras va a por la bebida.

Tenía chollo, debía ir a Avilés con Cachiro en su nuevo Kadett, con tres kilos de fariña. Nos pagaban bien, setenta mil para Cachiro y cien mil para mí. Debíamos llevarla al viernes siguiente, dentro de dos dias.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Lun 9 Ago - 4:29

10 de agosto de 1995 - 12 de agosto de 1995.

Al día siguiente, Cachiro me llama a las nueve de la mañana:

- Mamonazo, ¿hace un día de mecánica con mi Kadett?

- ¡Buuuf! Paso de ir a vuestro taller. Estoy en el catre de puta madre. - le contesto.

- No joder. En mi garaje, vamos a pillar unas piezas que tengo encargadas y las montamos en un garaje que tengo alquilado. Eso sí, comes y cenas allí mismo, claramente invitado. - me responde Cachiro, animándome.

Al parecer, Cachiro era mecánico, pero con el título bajo el brazo. Según lo que me contaba por el teléfono, estaba trabajando de aprendiz en el taller al que iba Casares, preparando coches de rallyes. Pero conoció a Casares y ya sabéis lo que pasó. Acepté de ir, llegué a su casa a los veinte minutos:

- Bueno, ¿qué le vas a meter al Kadett? ¿Filtro, tubo de andamio cómo escape y volante? - le pregunté en plan irónico, riéndome.

- ¿Tu nunca has visto mi Kadett dieciséis, verdad? - me pregunta.

- La verdad, sólo lo ví una vez y acabo calcinado. - le respondo, riéndome.

- Pues ese coche volaba, era uno de los Kadett más potentes de Lugo. - se enciende un cigarro (me iba a soltar un rollo, seguro) - Sólo te digo que el más potente que hubo en Lugo, era Grupo A. Si hasta me pulía al Sierra de Casares en recta, si no, ¡pregúntaselo!

Salimos de su garaje y metemos mi Fiesta dentro, íbamos directos a un taller a pillar las piezas que necesitábamos. En el taller nos entregaron lo siguiente:

· Colectores Lexmaul de admisión (importados).

· Colectores más línea completa Iresa (de siniestro).

· Culata de fábrica rebajada, con árbol de Kadett 1.8i y válvulas preparadas (regulada la entrada de aire y salida de gases hacia una mejor combustión de calidad).

· Encendido de fábrica (nuevo).

· Caja de Opel Kadett GT (grupo más corto).

· Suspensión completa Koni Sport, con muelles.

· Frenos de 260 mm con pinzas más pastillas (nuevo).

También aprovechó de sacar culata y pidió un kit de distribución nuevo, más una junta de culata original. Todo ésto le salió por un módico precio de 300.000 pesetas, a tocateja.

Para montar todo ésto, Cachiro me llevó a su escondite, un garaje a las afueras de Lugo. Allí había un foso, herramientas de todo tipo y otro Kadett GSi al fondo, disimulado con una lona por encima.

- ¿Y éste Kadett? - le pregunto, mientras le saco la lona.

- ¡Buuuuuuuuuuf! Se lo compré a los gitanos, es robado. Pero no te creas que lleva poco tiempo ¡eh! Debe llevar más o menos desde el '93. Lo tenía para por si acaso siniestraba el mío, ya sabes, cambio de bastidor y esas movidas.

- ¿Es un 16v? - le pregunto.

- No, ¡es un 8v cómo éste! Además, se deben llevar un par de meses por matrícula. - me contesta.

Estuvimos todo el día debajo del coche, bocatas de calamares y descansos para fumar el pitillo. A las tres de la mañana acabamos de montar el cacharro, pero Cachiro no estaba contento y se quedó trabajando para ponerlo a su gusto. Yo me recosté en el asiento del acompañante del Kadett, no podía con los párpados.

A la mañana siguiente, me levanté a las diez por el ruído del coche. Cachiro estaba acelerándolo por las 3000-4000 rpm:

- ¡Me cago en Diooooos! ¡Qué nos asfixiamos!

- Tranquilo, estamos al aire libre. Hasta he dado una vuelta por Lugo contigo dormido. - me responde Cachiro, riéndose.

Al fin desperté del todo, Cachiro estaba lavando el Kadett y yo me fui a tomar un café al bar de enfrente. Salgo del bar y me pide que encienda el coche, que lo sienta latir. Entro en el cacharro y lo enciendo, suena de vicio:

- Prueba el cañambro. - me dice Cachiro.

- ¿En serio?

- Pero voy contigo. - se ríe.

Cachiro cierra el garaje y se monta en el Kadett, salgo en primera muy despacio:

- Espabila, ¡ostia!

Cambio a segunda y la estiro, tercera, lo mismo. Salimos de las afueras y nos metemos por una comarcal, Cachiro me dice que vaya a cuchillo. El Kadett en el momento que freno y intento trazar alguna curva se va de culo que da gusto, pero vuelvo a llevarlo bien, otra curva, pero más decente, en cuánto cojo un poco de curva y voy soltando gas el coche morrea.

- Me cago en Dios. ¡Este coche es torpe! - le digo a Cachiro.

- No, sólo es un maestro de manos, chavalín. - me contesta.

Por recta el Kadett andaba que se mataba, pero había que aprender a dominarlo por curvas. Felicité a Cachiro, ya que el coche iba de puta madre, le pedí que me preparase el mío y me soltó que eso de prepararlos sólo lo hacía cuando tenía ganas. Al acabar de hablar, Cachiro me pide:

- Sal de ahí, ¡vas a a ver cómo se pilota un Kadett, chaval!

Cambiamos de sitio, acelera estirando primera y segunda, tira de freno de mano y damos la vuelta hasta la carretera comarcal. Llegamos a la comarcal y se mete por la pista, estira segunda y parte de la tercera, entra en una curva, reduce a segunda, suelta y pasamos por la curva volando. Más recta, una carretera en muy mal estado para cómo conduce Cachiro, cambia a tercera y entra por una curva abierta sin apenas soltar, se barre por la cuneta y no nos salimos de milagro, empieza a ser una batalla, las dos manos de Cachiro no sueltan el volante para manejar el cacharro y no matarnos.

Volvemos al garaje de Cachiro, pillamos los móviles, las carteras y vamos directos al zulo de Casares. Llegamos y ponemos los tres kilos de coca debajo de los asientos, antes de nada:

- ¡Cachiro! ¡Ven aquí! - llama Casares.

Cachiro entra en el zulo y espero cinco minutos por él, sale y directos a Asturies. Empiezo conduciendo yo por nacional, ya que Cachiro se dormía por no haber dormido en toda la noche.

Llegamos a Avilés a las 16:30h. Claramente nos zampamos dos bocatas de calamares, nada más llegar llamamos al chaval de Avilés pero nos comentó que hasta las doce de la noche no podría estar disponible. Cachiro se pone al teléfono:

- Pues eso te va a costar pasta, unas 50.000 pesetas más. - dice Cachiro, haciéndome un gesto como diciendo, "esto lo tengo controlado".

Así pues, debíamos dejar el coche aparcado en un garaje, por si nos paraban dando vueltas con el Kadett. Apacamos el coche y empezamos a dar vueltas por Avilés andando, tomamos un café en un bar hablando de cosas:

- Ahora que ya estás dentro, ¡tienes que saber una cosa!

- ¿Lo qué, qué casares trataba con maricones? - le pregunto, riéndome.

- No joder, ¿te acuerdas del rollo de Machete? Las carreras de coche y esas mierdas. - me dice, mientras le echa el azúcar al café.

- Si.

- Pues todo eso era una tapadera, era para mantener a la policía ocupada con el rollo de las carreras ilegales. Para poder pasar la droga más tranquilos, nos lo recomendó el comisario García.

- Entonces, ¿para eso me quería Casares al principio, para despistar? - le pregunto a Cachiro.

- Correcto, el 124 llamaba más la atención que un cura en una discoteca. - me contesta.

- ¿Y por qué mandó a la mierda la peña?

- ¡Buuuf! - se enciende un cigarro - Creo que había malos rollos en la peña, unos hablaban mal de otros y viceversa, también sabían que Casares pasaba porros. Se enteró y lo mandó todo a la mierda.

Pasamos toda la tarde hablando de coches, de quién llevaba tal modelo y lo que le llevaba montado, vamos, de lo que hablan los quemados. Antes de ir a entregar los tres kilos, paramos a cenar en una sidrería, acabamos hasta los huevos de los culines.

Ya eran las doce, Cachiro llama a Matías (el chaval de Avilés) para efectuar la entrega junto a pub, pero este le dice de quedar a las afueras. Llegamos al sitio indicado, una explanada de tierra, detrás de una gasolinera Agip cerrada:

- ¿Aquí no hay nadie? - me pregunta Cachiro desde el interior del Kadett.

- Joder, ya vendrán. - le contesto, meando junto a unas plantas.

Al volver al coche junto a Cachiro, entra un Citroën BX en la explanada y se para en frente del Kadett, del BX salen tres gitanos junto al chaval de Avilés:



- Buenas. - saluda Cachiro, apoyado en el marco de la puerta del conductor.

- ¿Cómo qué buenas, nenu? Dame la coca. - dice un gitano, que llevaba más oro encima que el Rey Salomón.

- Sí, dame la pasta y te doy la coca. - le responde Cachiro, mirando para mí y riéndose.

- Bueno, no sé si me has entendido bien. - saca una pistola que tenía por detrás - Debías darme las gracias que no te mato al robarme la clientela.

- Bueno, ¡así supongo qué te la puedo dar! - dice Cachiro levantando las manos - Ahora, nosotros dos, la sacamos de la guantera y te la damos. - haciendo señas al habitáculo del Kadett.

Metemos las cabezas dentro del coche, Cachiro me dice en voz baja:

- Coge la pipa que hay en la guantera y dispárale al gitano, cuando lo hagas, móntate y agáchate, saldremos pitando.

- Bueno, ¡me cago en la puta! ¡¿Qué pasa?! - nos grita el gitano, disparando al aire.

Acto seguido, saco la pistola de la guantera e intento salir lo más rápido del habitáculo, disparo al gitano pero fallo, nos montamos en el coche y salimos picando rueda. Atropellamos a un gitano que estaba al lado del BX y sale rodando por encima del techo del Kadett, por detrás empiezan a dispararnos y nos revientan la luna trasera del coche.

- ¡¡¡¿Estás bien?!!! - me pregunta Cachiro alterado.

- ¡Si, joooder! ¿Y tú? - le respondo, volviendo a sentarme correctamente.

- De carallo, ¡me ha atravesado una bala al lado de la cabeza y mira en dónde ha parado! - me contesta Cachiro, alternando lo de conducir a toda pastilla y señalar un agujero en la luna delantera - ¿Cómo cojones has podido fallar a esa distancia? - me replica.

- Bueno joder, nunca he disparado un arma en mi vida. - le contesto.

Salimos de aquella zona en cero coma, para pasar el mal trago, nos metimos en un callejón para fumar un cigarro. Llamábamos a Casares para que nos dijese que debíamos hacer, pero no contestaba. Decidimos pasar la noche en Asturias, en algún hotel fuera de Avilés, por si acaso nos encontraban los gitanos y para no llamar la atención en el viaje de vuelta a Lugo, llevábamos el coche como un colador.

A la mañana siguiente nos despertamos en un hotel de Oviedo, decidimos ir a la capital para dejar el coche en un parking subterráneo, se despierta Cachiro y me levanta a mí para qué me duche. El se encarga de llamar a Casares:

- Casares, nos han jodido y bien.

- Explícate. - dice Casares.

- Pues mira, llegamos al lugar de la entrega y unos gitanos nos amenazaron con una pipa para que les diésemos la droga. Al parecer, el fulano al que se la debíamos dar se fue de la lengua y su camello de siempre vino a jodernos. - le dice Cachiro, nervioso.

- ¿Y, que pasó? ¿No usaríais la pipa qué te dí antes de marchar para allí? - le pregunta Casares, de sobremanera.

- Si, la usó Pablo, ¡pero falló! - contesta Cachiro.

- ¡Buuuf, gracias a Dios!

- ¿Cómo qué gracias a Dios? No sé como cojones no le acertó en la cara a esa distancia, tio. - le contesta Cachiro, con mala ostia.

- Mira, ¡tiene huevos! Un tío tan cuidadoso como tú, diciendo que habría sido mejor liquidar a más gente de la que llevamos liquidada. No sé si te das de cuenta, mamón. ¡Ni hace dos semanas que liquidamos a dos fulanos! Y cómo comprederás no es el momento para más ajustes de cuentas, tu tranquilo, que ya pagarán por pecadores. - le dice Casares.

- Vale, tienes razón. - se ríe - Ahora seguramente vaya a por un par de lunas para volver a Lugo, que nos las reventaron disparándonos. Para que veas que sigo siendo un perfeccionista. - le dice Cachiro.

Salgo de la ducha y me cambio, Cachiro tenía que ir a un desguace para pillar dos lunas (que aún era chungo en la época encontrarlas) para pasar desapercibidos en el viaje de vuelta. Me quedé en el bar del hotel desayunando y leyendo la prensa, hasta qué llegase.

A las dos de la tarde, Cachiro llega a la cafetería, no encontró ni una luna en ningún desguace:

- Qué, ¿entonces nos quedamos hasta el lunes? - le pregunto, frotándome las manos.

- Si, supongo que sí. Ésta noche te invito a cenar; arroz con bogavante. !Y eso qué no te lo mereces, después de llevarme a esa emboscada lo mínimo era darte una ostia! - me contesta Cachiro, riéndose.

A las siete de la tarde, salimos a Gijón en el Kadett (la coca se quedó en la habitación del hotel, en una mochila que compramos), encintáramos el hueco de la luna del Kadett con un trozo de saco. Llegamos media hora más tarde y por suerte, conseguimos aparcar en frente del restaurante. Salimos del coche para dar una vuelta; antes de nada, Cachiro abre el capó y quita el cable de la bobina, por si acaso. Tomamos algo en el Parque de Begoña y estamos allí hasta las diez de la noche, hablando de coches. Subimos y entramos al restaurante, el Kadett sigue en el sitio.

- Camarero, ¡una sidrina! - le grito a uno de los camareros.

Tomamos una sidra para fumar, mientras nos preparan el arroz con bugre. Comimos de puta madre, salimos con el bandullo lleno y Cachiro, con la cartera vacía. Le ponemos el cable de la bobina al Kadett y salimos directos a Oviedo, teníamos mucho sueño. Por la recta del restaurante nos paramos en un semáforo, al rato de estar allí, se para a nuestro lado el mismo Escort RS Turbo con el que me encontré al día siguiente del concierto de los Rolling.



Empieza a calentarnos, a dar acelerones para que nos picásemos:

- ¡Parece qué quiere fiesta! - dice Cachiro, riéndose.

Cachiro empieza a acelerar con el embrague pisado y el Escort igual, pero petardea aún más que el Kadett. Se pone en verde, salimos a la par del Escort y Cachiro cambia a segunda, pero deja de pisarle:

- ¿Pero por qué no sigues? - le pregunto.

- Joder Pablito, ¡parece mentira! - se ríe - El coche está frío y paso de que me salga una biela por un costado. - me contesta Cachiro.

El Escort apenas se apreciaba, cada vez se alejaba más y más. Volvimos al hotel, estábamos hechos polvo.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Lun 9 Ago - 4:49

13 de agosto de 1995.

A la mañana siguiente, a las nueve de la mañana, Casares llama a Cachiro:

- ¡Tenéis qué deshaceros de la coca! - dice Casares, preocupado.

- Para, para. ¿Por qué, qué me estás contando? - le pregunta Cachiro, medio dormido.

- Pues joder, vuestros amigos, los gitanitos de Avilés han dado el chivatazo de qué tu Kadett lleva tal mercancía. Aún no habéis salido de Asturias y ellos lo saben, los gitanos ya os tenían pipeados. Ya sabes, los datos de tu Kadett se los sabe de memoria hasta el barrendero de la comisaría, ni pongas una matrícula falsa, van a parar a cualquier Kadett.

- ¿Cómo sabes todo eso? - le pregunta Cachiro, ya bien despierto.

- El Comisario.

- ¡Buuuf! Pues déjame pensar que hacer con la coca, antes de tirarla. - le dice Cachiro.

- Olvídate Cachi, deshazte de ella. No estoy para mandarte ningún conductor ni ostias, no sé de nadie ahora mismo. Podría ir yo, pero mi coche también está fichado. - le replica Casares.

- ¿Y por Seur? - le propone Cachiro, fue lo primero que se le pasó por la cabeza.

- ¿Por Seur? - Casares se empieza a descojonar - Miramos por Correos también, ¡qué a lo mejor es más barato! - dice Casares, riéndose.

- Piensa, Seur es una compañía privada y no pasan ningún dato al estado, cómo sí podría pasar con Correos. No hacen muchos controles, sólo el peso y nosotros el tema del peso con el rollo de la coca lo llevamos niquelado. - se ríe Cachiro - La coca llega allí mañana, nosotros arrancamos hoy hacia Lugo sin ningún problema y qué podemos perder, ¿tres mil pesetas del envío? - se vuelve a reír - ¿Te parece bien? - le propuso Cachiro.

- Joder, pues es buena idea. - contesta Casares riéndose - ¡Mandámela a mi casa urgentemente!

Acaban la llamada detallando hasta el más mínimo detalle, Cachiro me lo cuenta y me manda empaquetar la coca. Acabo de empaquetarla y llama a recepción para que le envíen de su parte el paquete a Seur (previo pago del envío), por si había agentes vigilando en frente del hotel. Pagamos el hotel y salimos en el Kadett, detrás nuestra viene un Peugeot 405 Mi16 plateado con dos fulanos dentro (como ya se había imaginado Cachiro, teníamos compañía policial).



Cachiro empieza a hablarme:

- ¡Buaaa! La secreta. dice Cachiro, mientras cambia a tercera por una recta.

- ¿Cómo sabes que es la secreta? - le pregunto, intrigado.

- Fíjate en el hueco de la defensa, parece qué es un coche radar. - me contesta.

Lógicamente, Cachiro tenía razón, ese coche era de la bofia. El radar cantaba demasiado, pero de los nervios no me había dado de cuenta. Paramos en un semáforo y dos coches patrulla de las calles colindantes a la recta, se ponen a la par nuestra. Dos Citroën BX, nos ponen las sirenas y nos mandan parar hacia a un lado.



Se bajan los dos agentes del 405 y nos mandan bajar del coche; abren el maletero y empiezan a rebuscar dentro en todas partes. No encuentran nada, su cara era un poema, cómo diciendo "la hemos cagado", Cachiro les pregunta:

- ¿Pasa algo señor agente?

- Sí, ¿dónde ostia está la coca? - le grita - No os movéis de aquí hasta que aparezca. - le contesta el que ahora, bien deducimos, sería el poli malo.

- ¿Os importa venir a la comisaría, chavales? - le hace un gesto al poli malo, para que se vaya de aquí - Nos han dado un chivatazo de que éste coche transporta sustancias ilegales, sería desmontar el coche para saber si lleva alguna sustancia, bajo las indicaciones de los estatutos del Cuerpo Nacional de Policía. - se enciende un cigarro - Si descibrimos algo, os pondríamos en custodia hasta qué llegase el día del juicio, si no descubrimos nada, os vais sin cargo alguno y con muchas disculpas de nuestra parte.

- De acuerdo agente. Pero más o menos, ¿cuánto tiempo nos llevaría? - le pregunta Cachiro.

- Un par horas, sería transportar el vehículo hasta las comandancias del Cuerpo de Policía y proceder a desmontar allí el vehículo. - le responde.

- ¿Lo podría desmontar yo? - Cachiro se enciende un cigarro - Ya sabe, por si no saben desmontar y me destrozan alguna pieza, con su presencia delante por supuesto. - le dice Cachiro, ésta última frase con gestos de inferioridad.

- No puede ser, los estatutos obligan a un agente a cumplir esa acción. - le contesta el poli bueno.

- ¿Y yo delante? Para controlar esa acción e indicar los pasos para el despiece. - le propone Cachiro.

- Eso sí. - le contesta.

Una grúa del ayuntamiento carga el Kadett para llevarlo a las instalaciones de la Policía Nacional. Cuándo llegamos, el agente encargado para realizar la acción de despiece se llamaba Paco, vestía mono azul y no era policía ni nada. Allí estuvimos un par de horas, entre Cachiro discutiendo con Paco, porqué este último no sabía ni lo que era un tornillo de Torx y el poli malo, agarrando a Cachiro por el cuello, para que el agente encargado de tal acción, pudiese chapucear perfectamente. No encontraron nada, montaron el Kadett de nuevo y el poli bueno nos dejó marchar disculpándose hasta en la despedida.

Cachiro salió de allí calentito:

- ¡Me cago en Dioooos! Aparte de matar al gitano de anteayer, mato al poli hijo puta ése. - dice alterado.

- Tranquilo, ¡ya estamos a salvo! - le contesto, riéndome.

- Pero bueno, ¡chaval! Vas con uno de los fulanos más cuidadosos de éste mundillo, lo raro sería que nos pillasen. - me contesta, con una chulería increíble.

Llegamos a Lugo a las 21:00h, previamente habíamos comido un par de bocadillos de calamares. Me lleva hasta a mi Fiesta y me vuelvo a casa, sin ningún problema, había avisado a mi madre de que volvería el lunes (aunque llegase el domingo a la noche).

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Dani el Lun 9 Ago - 10:54

Muchas libradas...
Más más! xD

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Samu_Motorsport el Lun 9 Ago - 12:25

Manudas aventuras... impresionantes !
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por mayte_xr2 el Lun 9 Ago - 13:06

esto cada dia esta más interesantee!!
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por xtm_sport el Lun 9 Ago - 13:50

Demasiadas libradas tio habra que empezar a andar con demasiado cuidado jajaja
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por DeLado el Lun 9 Ago - 14:39

más, impresionante, es la primera vez que leo tanto xD

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Rasantes el Mar 10 Ago - 16:45

Muy buenoooo!

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Nava_LMC el Vie 13 Ago - 14:55

esta guapo el relato la proxima ke vengais a comer arroz con bugre avisar jajaja palomitas:
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Dani el Vie 13 Ago - 15:05

NaVA_SPoRT escribió:esta guapo el relato la proxima ke vengais a comer arroz con bugre avisar jajaja palomitas:
Eso eso palomitas:

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 15 Ago - 23:00

NaVA_SPoRT escribió:esta guapo el relato la proxima ke vengais a comer arroz con bugre avisar jajaja palomitas:
Para septiembre, arroz con bugre en Gijón. Malo será. gaydude

PD: No es coña, tengo una boda.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 15 Ago - 23:10

14 de agosto de 1995 - 15 de agosto de 1995.

Al día siguiente tenía que ir al taller para poner a punto el Fiesta, también debía ir al zulo de Casares. A las diez de la mañana llegué al taller, dejé allí el Fiesta y para pasar la mañana me dejaron un Opel Ascona GT. A las diez y media llegué al zulo de Casares, el Kadett (reparado) de Cachiro y el Escort de Casares estaban allí aparcados.

- Buenas, ¿llegó la coca y la pipa? - pregunto, mientras me acomodo en el sofá.

- Parece que sí, pero vaya cara la del mensajero. - contesta Casares, mientras se hace un porro.

- ¿Y eso? - pregunto a Casares, extrañado.

- Rayos X o no se que ostia. Pero tranquilo, soborné al de Seur.

- Joder. - le digo, riéndome.

Cachiro sale de la cocina, con un porro en la boca:

- Coño, ¿qué tal? - me pregunta Cachiro, sorprendido.

- Aquí andamos, ¿arreglaste el Kadett, verdad? - le pregunto.

- Sí. Gracias al Kadett que tenía en el garaje. Bueno, tema aparte, ¿qué hacemos con la coca? - pregunta Cachiro, mientras se sienta en el sofá.

- Ahora os iba a contar lo que debéis hacer con la coca. - enciende el porro que se acaba de hacer - Un conocido leonés de Paquiño necesita diez kilos de coca pura, vamos, una pasta. Si lleváis la coca a León, os lleváis medio kilo cada uno. - dice Casares.

- Ostia, ¿de verdad? - pregunta Cachiro, a la vez que se le cae el porro al suelo.

- Sí, es lo que me ha dicho Paquiño ayer a la madrugada. - dice Casares, mientras le da una calada al porro.

- Es mucha pasta, pero la pasma nos controla mucho últimamente y por mi parte, me lo pensaré. - le contesto.

- Yo también, compréndelo Casares. - dice Cachiro.

- Nada de pensárselo, iréis en un coche que os suministre García. Id a ésta dirección, preguntad por el encargado y decidle que vais de parte de García, para el encargado sois dos agentes de policía, ¿de acuerdo? - nos dice Casares, mientras nos da un papelito con la dirección.

- ¡Joooder tio! Hay que relajarse. - le dice Cachiro.

- Mira, ¡no me jodas Cachi! Hemos perdido mucho tiempo con los putos asturianos. Aún por encima os lleváis medio kilo. Hay que centrarse, señores. ¿Vale? - dice Casares, dando un golpe en la mesita del salón.

- Vale. - respondemos Cachiro y yo al mismo tiempo.

Cachiro y yo bajamos a por los coches. En cuanto estamos junto a los coches le digo:

- ¿Qué te parece un cacharro de éstos? - señalando al Ascona.

- Pues que andan de cojones. - me contesta.

- Pues vayamos allí en él. - le digo riéndome, sacando las llaves del bolsillo al final.

Pillamos el Ascona y tiramos a la nave, que está a las afueras de Lugo. En la entrada hay un par de agentes, entramos saludándoles y no nos dicen nada. Dentro hay un mecánico debajo de un coche:

- Buenas, ¿el encargado? - le pregunta Cachiro.

- Soy yo, ¿qué cona pasa? - dice, desde debajo del coche.

- Venimos de parte de García. - le responde Cachiro.

- ¡Coñooooo! - sale de debajo del coche rápidamente - ¡Buenos dias! - nos hace el saludo militar - Ya me comentó García que necesitan un vehículo rápido y discreto para una misión de alto rango. Hasta veo que vienen de incógnito (haciendo alusión a nuestra pinta). - dice el encargado.

- ¿Eeeeeeeeeeeeeeh? - digo, lo único que se me pasó por la cabeza al ver que nos hacía el saludo militar - Sí, ¿de qué vehículo se trata? - le pregunto.

- Bueno, se trata de una belleza que le acaban de incautar a un narcotraficante de la zona. - hace un gesto de "¡quietos paraos!" - Tranquilos, he cambiado las placas y tiene una documentación militar en la guantera, por si les para algún agente. - nos dice, orgulloso de su trabajo mientras se dirige hacia un coche tapado con una lona.

El encargado se coloca al lado del coche y pone la mano en la lona como si fuese a sacarla, pero se queda mirándonos sin sacarle la lona. Cachiro y yo nos miramos, a lo qué Cachiro se da de cuenta:

- Bien, ¡proceda a quitar la lona! - le dice Cachiro, haciéndole un gesto con la mano para que la saque.

Saca la lona y:



- Se trata de un Mercedes 190 2.5 16v, casi 200 cv de potencia y una fuerza impresionante en autopista. - dice el encargado, orgulloso del coche.

- Y luego, ¿lo ha probado fuera del recinto? - le pregunta Cachiro en serio, a la misma vez que vacilándole - ¿Sabe que los estatutos dicen lo qué dicen respecto a sacar un coche en ésta situación fuera del recinto, verdad?

- ¡No, señor! - dice el encargado asustado - Este coche nunca ha pisado la calle desde que está aquí, se lo juro por... ¡Por el estado español, señor! - dice convencido.

Cachiro sale con el Mercedes, llama a Casares y éste le dice que tiremos directamente a León, que llevábamos la cocaína en el maletero oculta en un maletín. Le comenté a Cachiro que me siguiese hasta al taller, para dejar el Ascona. Llegué al taller y le comenté al jefe que me guardase el Fiesta ése día, dentro del taller.

Salimos directo a Ourense para pillar unos bocatas de calamares en uno de los mejores sitios que los preparan. Por el camino, la nacional de Santiago que conecta Lugo con Ourense, probamos el Mercedes a tope, llegando a sobrepasar los 200 km/h en un tramo con curvas muy abiertas. Llegamos a Ourense, pillamos los bocadillos y cuándo nos disponemos a entrar en el coche, pasa por delante nuestra una morenaza de la virgen, Cachiro me dice:

- Mira, ¡ahí está la madre de mis hijos! - dice Cachiro.

- Ya, parece qué ni te ha reconocido. - le respondo, riéndome.

- Diez mil pelas a que le entro y consigo su número.

- Venga, no hay cojones. - le digo.

Acto seguido, sale del Mercedes y tira directo hacia la morena. Saca un cigarro y se acerca a pedirle fuego, se pone a hablar con ella unos cinco minutos y veo que saca el móvil del bolsillo y apunta su número. Se despide de ella con dos besos y vuelve al Mercedes:

- ¡Qué profesional! - exclamo, riéndome.

Se monta y se pone sus gafas del sol, sin decir nada, sólo riéndose. Salimos de Ourense y llegamos a León a las tres horas, llamamos a Casares para concretar la entrga:

- Buenas Casares, ¿dónde quedamos con el amigo de Paquiño? - le pregunto.

- Pues en un local llamado Luz de Luna, cerca de la plaza mayor de León. A las doce de la noche, preguntáis por Lunero en la barra y ya os llevan junto a él. No le cobréis, en cuánto el fulano reciba la droga nos hará una transferencia al día siguiente.

- Perfecto, vamos a hacer un poco de turismo por León mientras tanto. - le contesto.

Estuvimos dando una vuelta por León, cenamos en un restaurante de aquella zona y a las once de la noche, tiramos al local. No sabíamos en dónde quedaba, así que le preguntamos a un Policía que estaba pululando por allí (sin llevar la coca encima):

- Buenas, ¡señor agente! ¿Sabe en dónde queda el local Luz de Luna? Nos han dicho que estaba por aquí, pero nada, no lo encontramos. - le pregunta Cachiro.

- ¿El Luz de Luna? - nos pregunta el Policía, riéndose.

- Si. - contesta Cachiro.

Acto seguido nos indica en dónde está, con las indicaciones al final encontramos el dichoso local. Volvemos al Mercedes a por la coca y tiramos directos, otra vez, al Luz de Luna. Entramos en el local, ahora entendemos porqué se reía el guardia al preguntarle por el local:

- ¡Me cago en Dios, más maricones! - exclamo.

- Bueno, ¡piensa en el medio millón! - me responde Cachiro, riéndose.

En el local estaba éste tema, llegamos a la barra y preguntamos por Lunero (ahora también entendimos lo de Luz de Luna), el barman nos lleva al despacho que está encima del bar. Entramos y nos recibe Lunero, un travesti de dos metros, se acerca y nos empieza a hablar:

- ¡Buenas! Somos los de Lugo. - dice Cachiro.

- ¡Hoooooooooooola chicos! - nos saluda, mientras me restriega su bufanda por el cuerpo.

- Bueno Cachiro, entrega el tema ya de una puta vez. - le digo.

- ¿Tanta prisa tienes maricón? Si te iba proponer de bailar. - me dice Lunero.

- Bueno, no toques las pelotas. ¡Seamos serios! - le grita Cachiro a Lunero.

Le entregamos los diez kilos, Lunero se dispone a meterse medio gramo. Cachiro se da de cuenta y lo empuja para que no se lo meta:

- ¿Pero estás loco? Es coca pura. Con eso que te ibas a meter te matas. - le dice Cachiro.

- Mira cariño, ¡yo ya he descubierto América mucho antes que tu! - le replica Lunero.

- Bueno vale, ¡cómo tu veas! Ya te la hemos entregado, así que nos vamos.

En cuanto salíamos del local, viene detrás nuestra el portero y nos agarra por el cuello:

- ¿Qué ostia haces? - le pregunta Cachiro, alterado.

- ¿Qué le habéis hecho a Lunero? Hijos de puta. - nos pregunta el portero.

- ¿Qué ha pasado? - pregunto.

- Ha preguntado por vosotros y se ha caído por la ventana del despacho. Ahora mismo le están dando espasmos, tirado en medio de la pista. - contesta el portero.

Entramos dentro, Lunero estaba en la pista temblando y echando espuma por la boca, cuánto más cerca estábamos, nos fijamos en que tenía los labios azulados:

- ¡Me cago en mi puta madre! - grita Cachiro - Tú - señala al portero -, ¡llama a una ambulancia!

Apenas tenía pulso, Cachiro lo sacó a la calle para que le diese el aire y lo tumbó boca abajo. Cachiro y yo esperamos fuera a que venga la ambulancia, llamamos a Casares pero no contesta al teléfono. A los cinco minutos pasa un maromo borracho de dos metros, se queda mirando para Lunero y nosotros:

- Tú. - le dice Cachiro nervioso - ¡Qué cojones miras, gilipollas!

Acto seguido, el maromo se abalanza a Cachiro, yo también me echo encima del maromo para defender a mi compañero. No doy a basto y llamo al portero, conseguimos reducir al maromo y Cachiro se ensaña con él. Dejándolo medio muerto en la esquina:

- Pablo, ¡comprueba si tiene pulso el travelo! - dice Cachiro, limpiandose la sangre que tenía en el labio con su camiseta.

- Sí que tiene. ¡Pero muy poco! - le contesto, nervioso.

Cachiro le hace el boca a boca para que recupere pulso, después de un par de minutos, Lunero consigue un pulso estable. Abre los ojos y empieza a vomitar la poca espuma que le queda, al acabar se desmaya y se cae encima de su propio vómito:

- ¡Joooooooder Cachiro! ¡Qué puto asco, me cago en Dios! - le digo, escupiendo la poca saliba que me quedaba en la boca, por el asco.

- Joooooooder digo yo. - contesta Cachiro.

Acto seguido, Cachiro comienza a vomitar al pensar en el boca a boca que le hizo a Lunero. Le sujeto la frente y me recuerda a cuando salía de juerga con Miguel hace tres años, siendo críos. Para de vomitar y se sienta en el suelo, abatido. Entro al local y pido unas latas de coca-cola, por el sabor de Cachiro al vomitar y para mí, necesitaba fumar un cigarro. Salgo fuera, le doy la coca-cola a Cachiro y empezamos a hablar:

- ¿Qué le pasará al imbécil éste, palmará? - le pregunto, refiriéndome a Lunero.

- No, está fuera de peligro. O eso creo. - contesta Cachiro.

- Ahora sí que nos merecemos ese medio millón, ¿o qué Cachi? - le digo, riéndome.

- Nos merecemos un kilo cada uno, ¡quién me dice que el fulano éste no tiene el sida o la madre que me parió! - dice Cachiro, lamentándose.

- Joooder, no creo. - le respondo.

- ¡¡¡Me cago en Dioooooooooooooooos!!!

Empezamos a fumarnos un cigarro tranquilos, esperando a que llegue la ambulancia. El maromo de dos metros empieza a espabilarse, aviso a Cachiro y este lo remata con dos patadas en el pecho.
Llega la ambulancia y se llevan a Lunero, recogemos la coca del local y nos marchamos a un hotel.

Por la mañana, llamamos a Casares:

- ¿Pero está vivo? - pregunta Casares.

- Supongo vamos, la ambulancia se lo llevó inconsciente pero con el pulso bien alto.

- Bueno, os enteráis en que hospital está y habláis con el de cerrar el trato, pero ésta vez quiero que vengáis con el dinero en efectivo. Ya estoy hasta los cojones de los maricones de Paquiño y sus maneras de pago, ¡me cago en Dios! - dice Casares, ésto último con muy mala leche.

Acto seguido, salimos del hotel con la coca en el Mercedes. Arrancamos al Luz de Luna a informarnos (aunque deducimos que estaría cerrado, fuimos por si acaso), empezamos a petar muy fuerte en la puerta del local. A lo que sale el portero maquillado al estilo drag queen, algo dormido:

Cachiro llama a Paquiño, le cuenta todo el rollo que nos ha pasado:

- Mira chavalín, ¿quién consigue a los clientes? - le dice Paquiño, cabreado.

- Supongo que tú, Paquiño. - le contesta Cachiro.

- Pues eso, hacéis la trasferencia cómo dije y Santas Pascuas. - le dice Paquiño.

- De acuerdo, así lo haremos. ¿Volvemos a Lugo? - pregunta Cachiro.

- ¡Sí! Volved y llamad a García, quedareis con él para que lleve de vuelta el Mercedes a la nave, ¿vale? - ordena Paquiño.

En ese momento, Lunero le quita el teléfono a Cachiro:

- Hola Paquito, ¿qué tal estás?

- Ando bien, ando bien. ¿Qué tal, maricón? - pregunta Paquiño a Lunero.

- Pues aquí me ves Paco, uno de tus chicos me ha salvado de morir de sobredosis, ¡qué lo sepas! - dice Lunero, mirándonos orgulloso.

- Nosotros no somos como los sudacas, ayudamos al cliente en todo. - dice Paquiño, riéndose a carcajadas.

- ¡Aaaaaaaaaaay, Paquito! Pero los sudacas se dejan dar por detrás. - contesta Lunero, riéndose.

- Pues quedamos así, te dejan la coca y me haces la transferencia, ¿de acuerdo? - dice Paquiño.

- Mira, ¿cuánto les pagas a los chavales? - le pregunta Lunero.

- Medio kilo a cada uno. ¡Creo que cobran de cojones!

- Pues no es suficiente. Uno de tus chicos me hizo el boca a boca por lo qué parece, para salvarme. Así qué quiero que les pagues un kilo a cada uno, ¿me oyes, maricón? - obliga Lunero a Paquiño.

- Bueno, ¡a ver lo qué se puede hacer! - se lamenta Paquiño.

- No, ¡se los pagas o te van a pillar más coca tus gitanos de Lugo! - le advierte Lunero.

Al final, entre pitos y flautas, Lunero parecía un tipo legal. Hizo que Paquiño nos subiese el caché a un millón, algo que en aquella época era alto de cojones. Dejamos la coca en su casa, nos despedimos dándonos la mano y salimos de aquel antro.

Por el camino de vuelta a Lugo, empiezo a hablar con Cachiro:

- ¡Buuuuuuuuf! Tengo qué dejarel rollo de la droga. - le digo a Cachiro.

- ¡Y yo Pablito, y yo! - exclama Cachiro, mientras se estira al volante.

- Nos exponemos demasiado. - enciendo un cigarro y me acomodo en el Recaro del Mercedes - Creo que lo dejaré durante una temporada, buscaré un trabajo y estaré más tiempo con Elena hasta que se vuelva a Santiago a estudiar. - le digo a Cachiro.

- ¿Sabes lo que haré yo? - se enciende un cigarro también - Pillarme una novia, la morena de Ourense está bien para empezar. Con éste millón que tenemos asegurado, pagaré unos plazos del 325i, así me quedaría sólo un millón por pagar. - le da una calada al cigarro - También me buscaría un chollito de mecánico. - dice Cachiro.

- Ahora mismo con ese millón de pesetas, me alquilaría un piso en Lugo. - le doy una calada al cigarro - Es buena idea, le iré a mi morena que se venga a vivir conmigo al piso que alquile. - le digo.

- ¡Buuuuuuuuuuuuua! Nunca te vayas a vivir con tu novia. Y más tu caso, que la tienes en un pedestal. - le da una calada al cigarro - ¡Ya verás cómo le pillas manía!

- No creo, Cachi. ¡Es perfecta!

- Menos lobos caperucita. - me responde, riéndose.

Llegamos a Lugo a las cinco de la tarde, quedamos con García para entregar el Mercedes:

- ¿Qué tal habéis tratado el Mercedes? - pregunta el Comisario García.

- ¡Pues cómo si fuese un hijo, Comisario! - le contesta Cachiro, riéndose.

- ¡Menos tonterías, chaval! - se enciende una Faria - Éste Mercedes me lo voy a quedar yo. - dice el Comisario, riéndose.

El Comisario nos lleva hasta el zulo de Casares, allí estaba el Kadett de Cachiro esperándonos. Casares no estaba, cogemos el Kadett y me lleva hasta el banco para pillar dinero y pagarle al mecánico, qué le había cambiado las correas a mi Fiesta. Sacamos el Fiesta de allí y nos disponemos a comer algo en un bar, pedimos unos bocadillos de jamón (ya que los bocadillos de calamares de allí, eran rebozados de todo) y unas coca-colas. Acabamos el día y nos vamos cada uno a su casa. Mañana cobraríamos un millón cada uno.
- Bueno, ¡a ver princesa! - dice Cachiro - ¿Dónde está Lunero?

- Pues en su casa, le acaban de dar el alta hace un par de horas.

- ¿Y su casa está en...? - pregunto.

- Pues aquí, encima del local. Pasad si queréis. - dice el portero.

Pasamos dentro y nos encontramos a Lunero en el sofá, mirando la televisión. Allí estaba, sin ningún tipo de maquillaje y en bolas:

- ¡Tápate! Me cago en Dios. - dice Cachiro.

- ¡Buenas chavales! - dice Lunero, hablando normal, sin acento de reinona - Me han dicho que os llevásteis la coca, ¿por qué?

- ¿Aún pregunta el por qué? - dice Cachiro, mirando para mí mientras se ríe - Si la espichas, ¿qué hacemos, dejamos la coca sin cobrar la transferencia? - le pregunta a Lunero, mientras se enciende un cigarro.

- Bueno, pues dejadla aquí ahora y ya os hago mañana la transferencia. - dice Lunero, mientras hace zapping en la tele sin mirar siquiera para nosotros.

- Ni de coña, ¡te levantas y vas al banco por el dinero!

- ¿Cómo, cómo y cómo? Explícate chavalín. - dice Lunero.

- Pues eso, vas al banco a por el dinero y te entregamos la cocaína.

- ¡A ver, chaval! - se levanta Lunero del sofá - ¡Son veinte millones de pesetas! Eso no se saca del banco como si fuesen dos mil duros.

- Por cierto, ¿tienes el sida? - pregunta Cachiro, preocupado (pensando en el boca a boca que le hizo ayer)

- ¿Por qué voy a tener el sida? - pregunta Lunero.

- Pregunto, joder. - insiste Cachiro.

- No, no lo tengo listillo. - responde Lunero.

Cachiro se sienta y empieza a pensar en el dinero, le propongo que llame a Casares. Le explica todo lo que nos pasó a Casares, hasta que entra el tema de la pasta:

- ¡Son veinte millones, Casares!

- Gracias por la información, ¡ya lo sé! ¿Los has cobrado?

- ¿Cómo cojones los va a sacar del banco así de golpe? Hay que ser más precavidos y no llamar la atención, Casares.

- Llama a Paquiño y ya hablas con él, tienes razón Cachi.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 15 Ago - 23:12

16 de agosto de 1995.

Al día siguiente me levanté a las 14:00h, comí un filete con patatas en casa y le conté a mi madre la idea de independizarme. Le pareció bien pero a mi padre no le gustó tanto, no podía vivir sin su hijo cerca al fin y al cabo. Salí del pueblo con el Fiesta:

"Los pajaros nos cantan, las nubes se levantan, las flores en el campo, dos monjas traficando."

Allí salía yo, con esa canción de Siniestro sonando a tope en el Fiesta, cantándola yo también y haciendo gestos con el brazo fuera de la ventanilla. Iba directo a cobrar un millón de pesetas, me lo merecía.

Llegué al zulo de Casares, aparqué el Fiesta al lado del Kadett de Cachiro y subí. Dentro estaban sentados alrededor de un maletín lleno de dinero Paquiño, el Comisario, Casares y Cachiro. En cuánto Casares me ve:

- ¡Bienvenido al Monopoly, chaval! - grita Casares, riéndose.

- Muy buen trabajo, os merecéis el millón de pelas. - reconoce Paquiño.

- Intentamos hacerlo lo mejor posible. - le contesto a Paquiño, refiriéndome a Cachiro y a mí.

Me dan mi parte del pastel, ni me pongo a contarlo y guardo el fajo de billetes en mi bandolera.

- ¿No lo cuentas? - me pregunta el Comisario, riéndose.

- Me fío. - enciendo un purito de mi padre que encontré por casa - ¡Tengo que hablar con vosotros! - les digo a todos.

- A ver, ¿qué coño pasa? - me pregunta Casares sin mirarme - ¿Te parece poco?

- Quiero dejar éste rollo. - le doy una calada al puro - ¡Una temporadita, vamos! - le digo a todos.

- ¿Cómo que dejarlo? - dice el Comisario, alterado.

- Comisario, quiere dejarlo y le comprendo. - le dice Casares al Comisario - Tómate esas vacaciones, unos meses y me llamas o viceversa. Aún por encima, hay que decir qué te tienen fichado de cojones, desaparece un tiempo y vuelves. - me dice Casares, mirándome fijamente mientras mete su parte en un maletín.

Cachiro también se tomó unas vacaciones, el lo necesitaba más que yo. Salí del zulo de Casares y me fui directo a buscar a Elena, necesitaba contarle lo de ir vivir alquilados a Lugo capital. Por la comarcal, camino hacia el pueblo, me encontré con un Citroën AX detrás mía. Era un AX GT blanco con una preparación impresionante, barras, un sólo backet, unas monoblock y neumáticos de pista (los típicos que ponen la marca de la rueda en blanco), cristales traseros de poliéster y seguramente una buena amortiguación, poco más pude deducir a simple vista.



Rebajo a tercera subiendo por una pequeña pendiente, piso a fondo, cambio a cuarta y el AX me adelanta, le sigo durante un buen rato y pone intermitente para cortar hacia una pequeña pista. Corta y yo también, el AX empieza a subir una cuesta, la trasera le tambalea al alcanzar más velocidad, detrás suya voy yo, con el Fiesta, que se porta como un campeón por esa recta. Más adelante, una curva cerrada, el AX redujo y la pilla perfectamente, rebajo a segunda, paso por la curva, suelto embrague y el morro sale a tomar por culo, cambio a tercera, exprimo un poco y me vuelvo a colocar detrás del AX, pero el paso por curva del AX es muy superior al del Fiesta. A los pocos kilómetros, había muchas curvas cerradas y acabé perdiéndolo.

Llegué al pueblo y me preguntaba de quién sería ese AX, el de Toñito era matrícula de Barcelona y aquel era de aquí, de Lugo. Pero bueno, tema aparte fui a buscar a Elena a su casa:

- ¡Hola, morena! - le digo.

- ¿Qué? - se acerca al Fiesta - ¡me tienes abandonada de todo!

Le conté lo de ir a vivir a Lugo durante éste último mes que le quedaba de vacaciones. Aceptó, pero me hizo prometer que ella pagaría el primer mes de alquiler, a lo que yo ni rechisté.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 15 Ago - 23:15

24 de enero de 1996.

Hasta la fecha, alquilé un piso (con garaje) en el centro de Lugo y estuve viviendo con Elena hasta que se volvió a Santiago a estudiar, ¡tenía calefacción y la de Dios! En ese mes que Elena estuvo viviendo conmigo, íbamos a la Playa de las Catedrales y volvíamos todos los dias, pero era un gasto enorme en gasolina y reservé a principios de septiembre una semana completa en un hostal, para quedarnos allí sin tener que volver a Lugo. A mediados de septiembre Elena se volvió a Santiago, decir que Elena ya no estaba tan suelta cómo antes, si había que estudiar para un examen, se quedaba en Santiago y a empollar. A la semana de marcharse Elena, empecé a trabajar en una metalúrgica de Lugo, en aquellos momentos era soldador profesional.

También conocí al personaje del AX GT que se picara conmigo en agosto, era un fuera de serie y tenía más manos que Cachiro y yo juntos. Controlaba de suspensiones y frenos más que nadie en toda la provincia. Empecé a conocerlo y andar con él, me acercó a su mundo de quemado. El Miami en los rollos de quemados estaba muerto, ya no era lo que fue y hoy en día, el que petaba era el Arrás. El Arrás era un local nuevo, tenía una maqueta de un Citroën ZX 16v (réplica del de Chus Puras) a tamaño real en medio del bar, colocado contra una pared. ¡También preparaban unos bocadillos de calamares de máximo nivel!

El chavalín del AX se llamaba Jesús pero todo el mundo le llamaba Chus, debido a que tenía muy buenas manos, en honor a Chus Puras. La verdad es que montado en aquel AX yendo a tope, te pasaba por la cabeza toda tu vida y tus errores. Aquel AX no tenía ninguna preparación de motor, excepto una campana artesanal y un línea directa Don Silencio. La suspensión ¡cuidado!, traída de francia, procedente de una copa regional francesa de AX y que costó unas 250.000 pesetas. Frenos de 260 mm, como el buje era de tres tornillos, no se complicó y se los fabricaron a medida. Aquel AX iba sobre raíles, era impresionante su aplome a la carretera, decir que nunca en mi vida montaría en un AX con el chasis tan bien puesto a punto.

A mi Fiesta XR2 también le pasaron cosas, compré una suspensión completa Selex (nueva) y Chus (el de la AX) me la montó, el cacharro iba tarado del todo. Equipo de frenado, cambié los tambores traseros por unos tambores de Escort XR3i, encargados en la concesión Ford. Motor, cambié el carburador por otro de mi misma serie de XR2, sólo que era el carburador que montaban las primeras unidades desde el '84 al '86 (el mío era de los últimos, año '88).

Era viernes, quedé con Chus y su pandilla para salir de juerga. Eran las 2:00h de la mañana y me dirigía al Arrás, detrás mía se acerca un coche con las largas puestas, pensaba que me querría adelantar. Me pego al arcén para que adelante, pero nada, no me adelanta. Así que a darle zapatilla, el coche de atrás me sigue y me meto por una pista de gravilla, en el tramo de gravilla hay una farola iluminando. Miro por el retrovisor para ver qué coche me sigue, un Kadett rojo matrícula de Ourense, era Cachiro.



Pongo los intermitentes de emergencia y rebajo marchas hasta encontrar un sitio en el que pararme, me paro y el Kadett tambien:

- Joder Pablo, ¿qué tal? - me grita Cachiro, saliendo del Kadett.

- ¡Aquí andamos! ¿Y el 325i? - le pregunto, mientras nos damos la mano.

- En casa, me gusta más andar en el Kadett. - me responde, mirando para el Kadett.

- Y tú, ¿qué tal andas, encontraste trabajo? - le pregunto.

- Sí, empecé a chollar en el taller en donde trabajaba al conocer a Casares. Pero al mes lo dejé, Casares me llamó y me ofreció un chollo cojonudo, enviar cinco kilos de coca a Benavente, cobrando medio millón de pelas. - se enciende un pitillo - ¡Dejé aquel chollo y volví a las andadas! - me responde, riéndose.

- ¡Buaaaaa neno! Pensé que tendrías más aguante. - digo riéndome - Yo empecé a chollar de soldador, pero profesional chaval, ¡profesional!

- Pues a ver, un día de éstos te pego un toke y quedamos para hablar. - mira la hora en su reloj de pulsera - Me voy mamón, ¡qué la morena de Ourense me espera!

- ¡Qué cabrón! - le digo, descojonándome.

Cachiro se marchó y yo volví al Arrás, como dije antes, había quedado con Chus y la pandilla en el Arrás.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 15 Ago - 23:15

26 de enero de 1996.

Eran las cuatro de la tarde, estaba durmiendo ya que la noche anterior, había sido muy larga. Cachiro me llama:

- Buenas. - le saludo, medio dormido.

- Buenas mamón, ¿tomas algo o qué? - me pregunta Cachiro.

- ¡Buuuf! ¿En dónde?

- En el Capone (el pub tipo años treinta).

- Bueno, de acuerdo. ¿A qué hora?

- ¿Ahora mismo?

- Mejor dentro de una hora. - me río - ¡Tengo qué ducharme y la de Dios!

Me duché, comí algo y me marché en el Fiesta. Llegué al Capone a las 17:15h, el Kadett de Cachiro ya estaba por allí aparcado. Entré, Cachiro estaba sentado en un sofá enorme:

- ¡Buenas! - saludo y me siento en el sofá.

- Buenas, ¿qué tal? - me saluda Cachiro.

- Aquí andamos, ¿qué tal usted? - le digo.

- Fenomenal. Pero antes de nada, ¿tomamos algo? - se enciende Cachiro un cigarro - ¿Unas cremas?

- Ni se pregunta. - afrimé riéndome.

Empezamos a hablar de Casares mientras compaginábamos la crema y el tabaco, al parecer estaba haciendo muchísima más caja de la habitual con la coca. El tema de los envíos había cambiado, ahora era mucho más serio y profesional, mucho más discreto para el conductor. Por ejemplo, digamos que Cachiro tiene que transportar tantos kilos de coca a tal sitio en su Kadett, un ejemplo vamos. Se consigue una documentación falsa del mismo modelo de coche, se fabrican las placas presentando esa misma documentación y se oculta la mercancía, por ejemplo, detrás de los tapizados del coche (tratando de superar los controles de tráfico habituales). Básicamente, la idea de llevar placas falsas, es por si descubren el tinglao e intentar escapar de la Policía, sin ningún temor a represalias por parte de la justicia. Si llega el día en el que haya que escapar de la Policía, Casares también ha puesto condiciones, preparar al máximo dicho vehículo que realiza el transporte.

- ¿Te acuerdas del gitano de Avilés? - me pregunta Cachiro.

- Si. - respondo.

- Pues está criando malvas. - se ríe - Casares le encargó a unos amigos asturianos que se acupasen de él.

- ¿Y el hijo de puta del pub? - le pregunto - ¡El qué nos traicionó, vamos!

- Seguramente también, pero por parte del gitano de Avilés. - se enciende otro cigarro - Le pregunté a Casares por ése mismo tío, y me responde. - se pone a imitar a Casares - "Yo no conocí a ése fulano, ni lo conoceré nunca." Y empezó a reírse. - dice Cachiro.

- Joder, ¡se lo merecía! - contesto riéndome - ¡Brindemos! - le propongo un brindis a Cachiro con las copas vacías.

Salimos del local:

- ¿Y qué es lo que le hiciste al Kadett? - le pregunto a Cachiro - Para poder cumplir las condiciones de Casares, vamos.

- Mira. - abre el capó - Llevo un millón de pesetas debajo del capó y ya perdí la cuenta de lo qué llevo gastado en el coche, en total vamos. - contesta riéndose.

Su Kadett llevaba:

· Motor 2.1i 16v (20XE reubicado).

· Doble árbol de levas, procedente de competición (Grupo N).

· Admisión directa.

· Colectores de escape Lexmaul y línea completa Don Silencioso.

· Centralita modificada, traída de Alemania.

· Inyectores, con mayor abanico de combustible.

· Sistema de encendido modificado, manteniendo las propias bujías y cables del modelo.

· Barra entre copelas (delantera y trasera). Barra entre trapecios.

· Suspensión completa Koni Sport (nueva), regulada a conciencia antes de ser montada en el coche.

· Frenos EBC (280 mm) y traseros de disco macizo (260 mm), con su correspondiente bomba de freno preparada.

· Puente Astra GSi.

· Llantas Speedline blancas ("15).

Así a grosso modo, llevaba todo eso perfectamente montado y puesto a punto. El coche no cantaba mucho exteriormente, sólo las llantas para que entrasen los frenos sin complicaciones.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Dani el Lun 16 Ago - 13:29

No iba armado para la época... buff...
Saludos icon_e_wink

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Rasantes el Lun 16 Ago - 13:38

Joder el Kaddet, pepinazo!
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