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Picando biela (Relato sobre quemados)

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por xtm_sport el Lun 16 Ago - 14:55

joder con el kadett..... cualquiera le echa mano....
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Nava_LMC el Miér 18 Ago - 14:44

xtm_sport escribió:joder con el kadett..... cualquiera le echa mano....

+1000 palomitas: palomitas:
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Mariete el Lun 23 Ago - 10:20

Que bueno!!!!!!
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Rasantes el Dom 29 Ago - 19:57

No sigue?
Por FC me parecio ver algo más hace ya un tiempo!

_______________________________________________
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:15

29 de enero de 1996.

Eran las 20:00h, volvía de trabajar en el Fiesta por la nacional. Había quedado con Chus a la hora siguiente en el Arrás. El Fiesta por tramo se defendía bien, pero le faltaban cojones por carretera. Llegué al Arrás:

- ¡Buenas! - saludo a Chus.

- ¿Qué tal, fenómeno? - me pregunta.

- Vengo con los ojos jodidos (como siempre, el oficio de soldador es lo que conlleva). - le comento a Chus.

- Pues me tienes que llevar a casa, el AX me ha dejado tirado y lo dejaré aquí parado hasta mañana, ¡qué lo vendré a buscar con la grúa del taller! - dice Chus, mientras se enciende un cigarro.

Estuvimos charlando un rato en el Arrás, sobre coches de gente conocida, vamos, poniéndolos a parir. Salimos del Arrás, Chus pilla sus cosas en el AX y nos montamos en mi Fiesta para irnos. Para llegar a casa de Chus, que está en lo alto de un monte, hay que atravesar toda una subida por carretera comarcal. Salimos de Lugo, pillamos carretera nacional y antes de llegar al desvío para entrar a la comarcal que lleva a su casa, Chus me pide que pare en la cuneta, el chavalín necesitaba mear. Mientra Chus hace sus necesidades, yo acabo de fumarme el pitillo que venía fumándome por el camino. Chus acaba y se monta en el Fiesta, al cerrar la puerta, un Clio 16v de un conocido nos sobrepasa a toda ostia, metiéndose por el desvío hacia la comarcal:



- A ver cona, a ver! - se abrocha el cinturón - Dalle lume! (¡Dale fuego!) - me dice Chus.

Acto seguido, apagué el cigarro y salí detrás de aquel coche, aquí no mandaban las 16 válvulas del Clio, mandaban las manos y los cojones. Las curvas cerradas y la poca experiencia del conductor del Clio, hizo que me acercase a él con una facilidad pasmosa. Empecé a comerle la defensa, el pobre Fiesta estaba dándo todo lo que podía y aún me acuerdo de cómo gritaba el tramo del Donsi que llevaba puesto, pero al llegar a una curva muy cerrada tuve que reducir bastante, tanto que el Clio me sacó unos cuántos metros muy valiosos. Comienzo otra vez a jugar con el grupo corto, exprimo segunda y tercera y me voy acercando cada vez más al Clio, ahora si que sí, el Clio ha reducido bastante en las últimas curvas y me vuelvo a poner detrás de él, a tal nivel que tengo que soltar gas para no comerme su defensa.

Pero mientras voy detrás de él, un Patrol de la Guardia Civil viene bajando. La carretera era muy estrecha y el Clio se mete a la cuneta y sale sin ningún percance, pero yo me meto de lleno a la cuneta y quedo estancado. La Guardia Civil da la vuelta y se acerca al Fiesta, iluminándonos con las cortas:

- ¿Qué ostia pasa aquí? - dice un Guardia al salir del Patrol, dejando las cortas puestas.

- Nada, ¡un pequeño susto agente! - dice Chus.

- Un pequeño susto, pero la enorme multa que os va a caer por temeraria, ¡no os la quita ni Dios! - dice el agente echándonos la bronca - ¡Papeles del vehículo!

Estaba tan preocupado pensando en si había estropeado el XR2, qué solo asentía con la cabeza pero ni le escuché.

- Encima chulo. - le dice el Guardia a su compañero - ¡A ver, chaval! Papeles.

- ¡Aquí tiene! - ésta vez escuché bien - Aún no tengo la ITV caducada. - le digo, soltando una pequeña gracia.

- Tu no andarás con un fulano que tiene un Opel Kadett rojo, ¿verdad? me pregunta el otro Guardia.

- Si, es colega mío. - le respondo, mientras me enciendo un cigarro - ¿Por?

- Pues tu coche está pipeado, así que mira con quién andas. - saca una lista con matrículas apuntadas y me la enseña - No sé si tienes algo que ver, pero tu Fiesta está apuntado en ésta lista como sospechoso, junto a un Kadett matrícula de Orense (el Kadett de Cachiro era OR-I).

Al final, la broma de la multa llegó a las 50.000 pesetas. ¡Gracias a Dios! No le pasó nada al Fiesta, pinchó la rueda de dar contra una piedra pero nada, monté la de repuesto y me volví a casa.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:17

2 de febrero de 1996.

Esa misma tarde había llamado a Cachiro, diciéndole que me habían llamado la atención dos Civiles por estar mi Fiesta fichado. Quedamos a las 23:00h en el Capone, llegué y Casares también se había apuntado:

- Buenas desaparecido, ¿qué tal? - me saluda Casares.

- Aquí andamos, Tony Montana. - me enciendo un pitillo - ¿Qué tal? - le saludo.

- De pánico, tio. - responde Casares, riéndose.

- A ver. - se saca Cachiro un pitillo y se lo enciende - Parece que a Pablo le han llamado la atención, su coche está tan fichado como el mío. - le dice Cachiro a Casares.

- Es normal, ¿te han hecho algo? - responde Casares, mirándome a mí.

- ¿Cómo qué es normal? - respondo - Imagínate que Elena está conmigo cuándo me dicen eso. Y hasta creo, que me habría podido librar de la multa que me han puesto.

- Bueno, ya me ha contado lo de la multa Cachiro. Pero ¿y qué? - se enciende un cigarro Casares - Aunque esté fichado hasta en Barcelona, con todo lo que has ganado y sin pasar mierda hoy en día, como si te meten siete multas seguidas. - responde Casares.

- Tienes razón. - asiento con la cabeza - Por cierto, ¿ha cambiado tanto el rollo de pasar la mercancía? - le pregunto a Casares.

- Tiempos nuevos, tiempos salvajes. - le da una calada al pitillo - Tenemos mucha competencia hoy en día, dispuesta a jodernos. ¿Sabías que mi Uno Turbo y el Sierra siguen fichados? Es cosa de la competencia. - responde Casares.

Al parecer, la familia de los gitanos que habían matado el año pasado, se habían puesto las pilas para joderle el rollo a Casares. Pero Casares era más fuerte, de un chivatazo que les daban sobre Casares, Casares le pegaba un toke a García y esos chivatazos eran simples sospechas, ni más ni menos, era otro rollo. Los coches antes eran un medio primordial para llevar tal mercancía a tal sitio, hoy en día, los coches eran un simple medio de transporte que habría que utilizar en caso de emergencia o muy poca cantidad de droga. Pero, estaban muy bien pagados esos envíos en coche y también, perfectamente asesorados.

Pero no todo era oro lo que relucía, Casares tenía muchos juicios pendientes por varios motivos fiscales. También lo tenían calado por el asesinato de los gitanos del año pasado, y por algunos más que no había cometido.

A la 01:30, Casares me propone:

- ¿Vienes tomar algo con nosotros?

- No hay fallo, pero no me lleves junto a más travestis, ¡por Dios!

- ¡Vale! - responde Casares y Cachiro a la misma vez, riéndose a carcajadas.

Salimos todos del pub y decidimos irnos en el Fiesta. Alrededor de la muralla, se nos para al lado en un semáforo, un Supercinco GT Turbo Fase 1.



- ¡A ver, fenómeno! - dice Casares - Queremos ver el Fiesta en acción.

- ¡Buuuuf! - miro alrededor si hay alguna patrulla - ¡Bueno, vale! - respondo al ver que no había ni Dios.

Se pone en verde, salgo estiro primera y segunda, tomo la delantera del Supercinco. Vamos a tope rodeando la muralla de Lugo, meto tercera y el Supercinco me adelanta pasmosamente, el grupo corto ya no podía hacer mucho más. Pero bueno, el Supercinco corta por una calle de un sólo sentido, le sigo y reduzco a segunda antes de entrar, entro suelto embrague y el coche sale disparado a las 4000 RPM. En la calle de un sólo sentido, exprimo segunda hasta entrar en el tope de revoluciones, ya sabréis como hace un coche carburado al llegar a esa zona, "booooooooooom", pues mi Fiesta sufría muchísimo en esa zona.

El Supercinco corta a la derecha, ya que si seguía de frente entraba en dirección prohibida. Antes de salir de la recta, cambio a tercera y salgo de la calle metiéndome por dirección prohibida, entro volando ya que era un pequeña cuesta abajo. La calle por dónde se había metido el Superinco iba a dar a la calle por dónde yo me dirigía en dirección prohibida.



- ¡Estás locooooo! - gritaba Cachiro, riéndose.

Salgo de la calle en dirección prohibida, el Supercinco viene detrás dando guerra, pero la ventaja que le acabo de sacar es increíble.

- Bueno, vamos a tomar algo de una puta vez. - dice Casares.

Dicho y hecho, reducí hasta que el dueño del Supercinco se autoadjudicase la victoria y dimos la vuelta. Al cabo de veinte minutos llegamos al sitio que me había indicado Casares. Entramos:

- ¡Jooooder! ¿Un bar de bolleras? - exclamo, al ver a tres parejas de chicas besándose.

- ¡Cállate, tio! - me contesta Cachiro, riéndose.

Ahora entendía porqué se reían cuando les comenté que no quería ir a un bar de travestis, ¡qué cabrones! Casares subió al piso de arriba:

- ¿Qué va a hacer? ¿Negocios, verdad? - le pregunto a Cachiro por Casares.

- No sé, a lo mejor se monta una orgía. - contesta Cachiro riéndose, mientras se enciende un cigarro.

A los diez minutos de estar esperando por Casares, se escuchan un par de disparos de escopeta. Acto seguido, se corta la música y Casares baja en bolas con la ropa en las manos:

- Sí, ¡debía estar haciendo negocios! - dice Cachiro, irónicamente.

Detrás de Casares sale un maromo de la virgen con la escopeta en la mano, Casares nos localiza y nos hace señas para irnos:

- ¡Me cago en Dios! ¿Qué esperáis ver el final de la película? - dice Casares, gritando.

Salimos del local y nos montamos en el Fiesta, mientras salimos pitando, el maromo nos dispara al coche y me revienta el foco trasero izquierdo:

- ¡Me cago en Dioooooos! - exclamo.

- Si fuese un Kadett, te marcaba la luz fundida en medio del salpicadero. - contesta Cachiro, riéndose.

- ¡No me toques los huevos! Nos han disparado, tio. - miro por el retrovisor y veo que Casares se está cambiando - ¿Pero qué me cago en Dios estabas haciendo ahí arriba? - le pregunto a Casares.

- Había quedado con la dueña del local, ¡una morenaza qué flipas! - me dice Casares, riéndose.

- ¿Y qué más? - le pregunto a Casares.

- ¡Pues joder, Pablo! Nos encontró el marido y se lanzó a mí, pero antes de eso me escapé. Mientras me escapaba seguramente encontrase la escopeta y el resto ya lo sabes. - me responde.

- Pero si es dueña de un local de bolleras, ¿no sería bollera? - le pregunto.

- Joder, ¡no tiene por qué serlo! - Casares empieza a reírse - Pero la chupaba bien la fulana, ¡hasta que llegó el marido!

Mientras andamos dando vueltas como gilipollas para pasar el susto, Casares no encuentra una chancleta que llevaba puesta ni los calzoncillos. Cachiro dice:

- ¿Bueno qué, qué hacemos? - pregunta Cachiro.

- Vámonos de copas, pero primero pasa por mi casa y me cambio. - dice Casares.

Tiramos al zulo de Casares, llegamos y salgo a mirar el estropicio del disparo en mi Fiesta, tenía el foco izquierdo reventado y ¡gracias a Dios! No tenía nada más dañado, sólo el foco. Mientras tanto me entretuve mirando el Cosworth de Casares.



El coche era precioso, ¡estaba impoluto! Casares baja y me dice:

- ¿Qué, te gusta? - me hace un gesto, para lanzarme las llaves - Vámonos en él, que aún te van a multar por llevar el Fiesta con el foco jodido. - dice Casares, riéndose.

Nos montamos en el Escort, Casares me recomienda ponerme el arnés que tenía instalado, me lo pongo y arranco el coche. Salgo de allí con sumo cuidado y tiramos directamente, a una zona de pubs de Lugo. Por el camino nos encontramos con un colega de Cachiro en su Kadett GSi 16v, nos paramos a su lado en un semáforo:

- ¡Cooooño, cuánto tiempo! - le pregunta Cachiro, sacando la cabeza y el torso por el techo solar del Escort.

- ¡Cooooooooooño, Cachirooo! ¿Qué tal todo? - le pregunta, sin mirarle siquiera.

- ¡Aquí andamos, neno! - dice Cachiro riéndose - ¿Hace un pique por los viejos tiempos?

- Hace, pero lleváis un Cosworth y bueno, por pasar el rato lo que sea. - contesta el del Kadett y se me queda mirando - ¡A ver, chavalín! No estrelles el Cosworth. - dice riéndose.

- Tranquilo machote, ¡qué éste chaval tiene manos! - le contesta Casares.

Cachiro se mete en el habitáculo. El semáforo se pone en verde y el Escort sale sin fallo. El Kadett sale picando, fenomenal según Cachiro, pero bueno, la tracción integral es la tracción integral en el caso del Escort. Exprimo primera y segunda, el Kadett nos seguía a lo lejos, pero no nos daba alcanzado.

Pasamos del pique y nos dirigimos a la zona de pubs, ¡a ver qué se cuece! Aparcamos el Escort en un parking y salimos de juerga, pasamos la noche bien acompañados, las amigas de Casares es lo que tienen. Tranquilos, que Elena estaba siendo respetada, no le puse los cuernos ni nada, pero siempre viene bien tener a una morenaza a tu lado.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:19

3 de febrero de 1996.

Quedé con Chus en su casa, me había llamado para hablar de un asunto urgente. Llegué a su casa a las 16:00h, me abre la puerta de su patio y aparco dentro el Fiesta. Teníamos pensado pasar una tarde de mecánica, me pongo el mono y empezamos a trabajar en su AX. Chus me comenta:

- ¿Andas con el Cachiro? ¿El mismo qué tenía su Kadett rojo fichado, junto a tu Fiesta? - me pregunta, en tono serio.

- Sí, ¿por qué?

- ¡Vigila con quién andas, Pablo! - sale de debajo del AX - ¡Ése fulano pasa más mierda qué Jesucristo Santo! - se enciende un cigarro - Por no hablar de cuándo andaba por el Miami con su antiguo Kadett. - me dice Chus.

- No sabía lo de mierda. - le digo, haciendo cómo que no sabía nada - ¿Pero eso de su pasado? - le pregunto a Chus.

- ¡Buuuuuf! Es una movida muy larga su historia, ¡pero bueno! - le da una calada al cigarro - Cachiro era, y sigue siendo, el Rey de los Kadett. Hace cuatro años heredó el Kadett dieciséis de su viejo, el chaval sabe de mecánica un buen rato, así que lo preparó lo mejor que pudo. Por aquellos tiempos, yo iba con un colega al Miami, no tenía carné e iba con él.

- Ya, según me decía Cachiro, tenía uno de los Kadett dieciséis más rápidos de Lugo.

- Correcto, pero eso fue cuándo empezó a andar con Carlitos Casares.

- ¿Carlitos Casares? - le pregunto, como si no supiese nada.

- Sí, Carlitos Casares. ¡Vaya pieza! Empezó a pasar porros con quince años, ganó tanto dinero que con 17 años se compró su primer coche, un Fiat Uno Turbo nuevo. ¿Sabes lo qué fue A Machete? - me pregunta Chus.

- Sí, pero a secas. - le digo, cómo si no supiese nada de nada.

- Pues, A Machete era un club de quemados que creó Carlitos Casares. Al principio, cuándo se fundó en 1990, era un club muy selecto. Pero a partir de 1992, pasó a ser una tapadera más de sus rollos con las drogas. - le da una calada al cigarro - ¡A ver si me explico! Con tapadera, me refiero a que A Machete siempre estaba liándola para que la Policía estuviese encima de ellos, y no de los rollos de droga de Carlitos Casares.

- También. ¡Lo único qué se, es que se fue a la mierda en el '94! - contesté.

- Correcto, la tapadera ya no funcionaba como antes. Un día cualquiera, apareció el Carlitos éste en el Miami, en donde estaban la mayoría de los coches de A Machete aparcados y sus dueños, dentro del local. - le da una calada al cigarro - Pues eso, apareció en el aparcamiento del Miami y les quitó la pegatina que tenían en la luneta a todos los coches del club. Según las malas lenguas, iba encocado de todo. Pero volvamos a la historia de tu amiguito.

- De Cachiro, ¿no? - pregunto y me enciendo un cigarro.

- Correcto, a él lo metieron en Machete unos colegas. Se empezó a relacionar con Carlitos Casares y claro, todo su mundo cambió, sus colegas de antes ya no eran nadie para él. - le da una calada al cigarro - También dejó su trabajo como ayudante en un taller, empezó a ganar mucho dinero con su nuevo colega Carlitos y su Kadett cambió muchísimo. Ya sabes, la puta droga.

- ¡Joooder, tio! - le contesto, haciéndome el loco.

- Pues eso no es nada, Cachiro empezó a perder la cabeza en los piques. Hace unos años, un fulano en un GT Turbo blanco, se mató contra un camión de la basura aparcado en el arcén. - le da una calada al cigarro - Dicen las malas lengus, que el causante del accidente era Cachiro. Le debió cerrar o algo parecido.

Pasaron las horas y siempre hablábamos de lo mismo, pero según él, lo que me contaba era lo que oía por la calle.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:21

9 de febrero de 1996.

Pasé toda la semana sin relacionarme con nadie, de casa al trabajo y del trabajo a casa. Hoy tenía que ir a buscar a Elena, venía a pasar el fin de semana en Lugo. Llegué a la estación a las 20:30h, allí estaba mi morena, hacía tiempo que no la veía:

- Buenas, ¿está libre? - me dice Elena, de broma.

- Sí, si que está. - le pego una calada a un cigarro - ¿Cuánto cobras por un completo? - le pregunto riéndome.

- ¡Oyeee! - se mosquea - Eso ha sido muy fuerte. - dice Elena mientras se monta en el Fiesta.

Salimos de allí para ir parar a un restaurante, la invité a cenar. Llegamos al restaurante, aparqué el coche en frente y pedimos la parrillada de carne. Mientras estábamos cenando, apareció Casares con un pibón y Cachiro con la morena de Ourense:

- ¡Ostiaaaaa! - exclama Cachiro, al verme - ¿Qué tal? - me pregunta al acercarse.

- Aquí andamos, neno. ¿Qué tal?

- Fenomenal, ¿qué tal Elena?

- También genial. - se limpia con la servileta, para saludar a Cachiro con dos besos - ¿Tu qué, Cachi?

- Igualmente, morena. - hace un gesto señalando a la chica Ourense que le acompañaba, que esperaba con la chica que acompañaba a Casares - ¡Vengo bien acompañado!

- ¿Qué hacéis? - pregunta Casares.

- Aquí estamos, tio. - le doy la mano a Casares - Cenando una buena parrillada.

Al final, se sentaron con nosotros y pasamos la cena perfectamente. Al acabar nos propusieron ir de juerga con ellos, aceptamos. Casares nos pagó la cena y salimos, Elena quería conducir el Fiesta, quedamos todos en ir a la Hermo en Muimenta. Cada uno iría a su ritmo, sin prisa.

- Bueno, ¡a ver si me acuerdo de conducir éste coche! - dice Elena, riéndose.

- Tranquila, llevo el móvil por si hay que llamar a una ambulancia. - le contesto riéndome.

- Me parto, chaval. - contesta Elena.

Elena arranca el coche, mete tercera y claro, cala el coche:

- ¿Pero qué coño haces? - le pregunto, flipando.

- ¡Aaaaay, perdóname Pablo! - mete primera - ¡Y tú también, Fiestita! - le dice Elena al coche, acariciando el volante Luisi.

Salimos sin complicaciones, a la salida de Lugo nos paramos en un semáforo en dónde se nos pone a la par un Renault 11 GTL:



- ¿Qué hace el del coche de al lado? - me pregunta Elena extrañada, al escuchar el Renault 11 dando acelerones.

- ¿Tu qué crees? - le contesto.

- ¿Está picado, no?

- ¡Pues claro! - empiezo a tocarle la pierna - ¡Demuéstrale lo que vale el Fiestita, morena!

Semáforo en verde, Elena acelera a tope y suelta embrague. El Fiesta sale picando, no le había dado tiempo a traccionar cuándo Elena cambia a segunda. El R11 sólo nos da seguido de lejos, hasta que topamos con un badén y Elena reduce para pasar despacio, pero el R11 pasa a toda ostia pitándonos y se salta el badén:

- ¡Jooooooooder! - exclama Elena - ¡A ése fulano le fantan primaveras, Pablo!

- ¡Espabila y Corre! - le digo a Elena.

- Paso. ¡No voy a dar! - dice Elena mosqueda, pasando el badén con sumo cuidado.

- ¡Las chicas tienen algo especial, las chicas son guerreraaaaas! - le canto a Elena, para que espabile.

Acto seguido, pedal al fondo y Elena exprime primera, cambia a segunda y vuelve a exprimir. Empezamos a ver aquel R11 de antes, iba despacio pensando que ya se había acabado el pique. Mientras nos acercamos, el conductor del R11 se da de cuenta y empieza a acelerar, pero nada, el Fiesta va lanzadísimo y le adelantamos a toda ostia:

- ¡Chao, chao! - dice Elena sacando la mano por la ventanilla, despidiéndose del R11.

Llegamos a Muimenta, a la Hermo. Casares y Cachiro ya estaban allí con sus respectivas chicas, habían ido en el 325i de Cachiro (qué estaba impresionante, por cierto). Aparcamos al lado y bajamos del Fiesta:

- ¿Qué, has sacado la "machín"? - le pregunto a Cachiro, con sarcasmo.

- ¡Ostiá! - exclama - Para algo pagué tantos millones por él. - contesta Cachiro, riéndose.

Entramos todos a la discoteca, las chicas se van a la barra para pedir las cremas de whiskey y nosotros nos quedamos por allí mientras suena a tope la música. Llegan las chicas con las bebidas, Cachiro por su parte, baila toda la noche con morena de Ourense y Casares lo mismo, pero con más moderación. Elena y yo, bailábamos tanto o más que Cachiro. A las 5:00h, Casares nos recomienda recoger y volver a Lugo. Salimos de la Hermo emocionados, eso implica, pillar el coche y hacer el cabra pero bueno, Elena volvería a conducir. Nos montamos en los Recaro del Fiesta, nos ponemos los cinturones y vemos cómo Cachiro sale del parking de la Hermo, de lado con el BMW.

Antes de llegar a Lugo, Casares me llama al teléfono:

- ¡Buenas! ¿Te tomas la última copa en mi zulo? - me propone Casares.

- Por supuesto, ¡ahora vamos! - contesté, previamente prenguntándole a Elena.

Llegamos al zulo, aparcamos el Fiesta al lado del BMW y subimos. Dentro del zulo, Casares está sirviendo champagne entre todos:

- ¡Faltáis vosotros, coño! - nos decía Casares, mientras le echaba champagne en la copa a la amiga de Cachiro.

- ¡Hombre! Hemos venido a velocidades legales. - contesta Elena, riéndose.

Empezamos a beber champagne con ellos, la cosa se caldeó un poco, Cachiro con la chica de Ourense se fueron a una habitación y Casares con su acompañante, también. Mientras tanto, nosotros, empezamos a maagrearnos y a desnudarnos. De repente, revientan la puerta y aparecen dos gitanos:

- Casares, ¡hijo de puta! - dice un gitano, mientras busca por la casa.
Llegan al salón armados con navajas y allí estamos nosotros, se notaba que los gitanos estaban borrachos. Elena sale del sofá y se tapa con mi camiseta:

- ¿Qué cojones pasa? - exclamo.

- ¡Coño, primo! - exclama uno de los gitanos al ver a Elena en bolas - ¿Te gustaría follarte a la morena? - le pregunta a su primo.

- ¡Claro, primo!

- ¡Cómo la toquéis, os mato! - les amenazo.

- ¡Apártate, machote! - me dice uno de los gitanos - ¡A ver, morena! ¿Enséñanos las tetas? - le dice un gitano a Elena.

Elena no le hace caso, uno de los gitanos me agarra y me pone la navaja en el pescuezo para chantajear a Elena. Se quita la camiseta, empieza a llorar por el sus y a pedir auxilio. Antes de que uno de los gitanos se acerque a ella, para callarla y violarla:

- ¡Me cago en Dioooooooooooos! - dice Casares mientras sale de su habitación en bolas, empuñando una pistola - Elena, apártate. ¡Qué le voy a reventar los cojones! - dice Casares.

- Casares, lo sentimos mucho. Por favor, ¡no nos mates! - le dice el gitano, que estaba agarrándome y qué cuando Casares salió con la pipa me soltó.

- ¡Pues te vas a cagar! - dice Casares.

Acto seguido, Casares le dispara a los gitanos en el muslo a cada uno. Cachiro sale de su habitación, medio vestido:

- ¡Jooooooder! ¿Qué ha pasado aquí? - pregunta Cachiro, extrañado.

Casares pasa de Cachiro y se acerca al gitano qué intentó violar a Elena:

- ¡Mira, lo primero! ¿Quién cojones eres tú, para acercarte así a ésta hembra e intentar violarla en mi zulo? - le pregunta al gitano, mientras le apunta con la pipa en la sien - Y lo segundo, ¿quién cojones sois vosotros, para entrar así en mi casa? - les pregunta Casares, irónicamente.

Casares empieza a ostias con el gitano al que estaba apuntando, yo igual, empiezo a ostias con el que me agarró. Cachiro dice:

- ¡Pues yo también! - dice, mientras empieza a ayudar a darle de ostias con Casares al gitanos que quería violar a Elena.

Elena a todo ésto, lloraba y las chicas la consolaban. Cuándo acabamos de darle la paliza a los gitanos, agarro a Casares y le pregunto en la intimidad:

- ¿Quién cojones son éstos fulanos?

- ¡Son unos gitanos qué me tienen manía desde qué empecé con los porros! - contesta - Cómo estaban borrachos, quererían darme una paliza o algo parecido.

Al final, Casares llamó a unos fulanos y se llevaron a los gitanos inconscientes, pero no para que los remataran. Elena le dió las gracias de mil maneras a Casares, llegó un punto en el que quería rematar a los gitanos también ella, pero bueno, no quiero que se rompa una uña. Casares le contó un cuento para no dormir a Elena, "es lo malo de éste barrio, los gitanos te quieren atracar y la de Dios".

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:22

9 de marzo de 1996.

Desde el último encuentro, no volví a quedar con Casares ni Cachiro. Elena ni se imaginaba ningún rollo de dorgas relacionado con los gitanos, se creyó toda la historia que le contó Casares. Hacía un par de semanas me llamó Cachiro para quedar, pero rechacé la proposición, no quería saber nada de ellos y aún por encima, me influía todo lo que me contó Chus sobre ellos.

Eran las 2.00h de la mañana, recibo una llamada de un número desconocido:

- ¿Si? - contesto, medio dormido.

- ¡Pablo! Necesitamos ayuda. Soy Casares.

- Para, ¿qué tipo de ayuda? - le prgeunto, intuyendo un mal rollo.

- ¡Ven junto a nosotros y te lo explicamos! - me contesta.

- ¡No! - le replico - Me lo explicas ahora.

- ¡Joder! Sólo te estoy pidiendo qué te acerques hasta aquí. - me contesta enfadado - ¡Mira, no me jodas! He salvado a tu novia de que la violases unos gitanos, ¡lo mínimo qué podías hacer es acercarte!

- Bueno, ¡a ver! - balbuceo - ¿Dónde estáis?

- Cerca de la Hermo, tirando a Lugo. Con el Kadett averiado en la cuneta. - contesta Casares.

- ¡Aaaah, vale! - acepté, ya que sólo era ir a buscarlos - Voy tirando.

- ¡Ven rápido, tio! - me dice Casares.

Salí del pueblo con el Fiesta, llegué a la nacional y pedal a fondo. Uno de los puntos flojos del Fiesta, era ir por grandes carreteras, ¡puto grupo corto! Al cabo de media hora, llego junto al Kadett de Cachiro, que está parado en la cuneta:

- ¿Aquí no hay nadie, tio? - me pregunto a mi mismo.

Empiezo a tocar el claxon y Casares, que estaba escondido detrás del quitamiendos, sale:

- ¡Para de pitar, subnormal! - me dice, mientras me hace gestos para que pare.

Sale Cachiro y aparco detrás del Kadett, empezamos a hablar:

- ¿Qué ha pasado? - pregunté, mientras enciendo un pitillo.

- Nada, la puta correa del Kadett ha partido. - contesta Cachiro - Y cómo es un 20XE, no le puedo meter la correa de repuesto que llevo en el maletero. - se lamenta.

- Entonces, ¿os llevo a Lugo? - les pregunto

- No tan rápido. - me dice Casares - Primero hay que llevarse ésto.

Abre el maletero del Kadett de Cachiro, llevaban un puto cadáver en el coche.

- Pero, ¡¿qué me cago en Dios?! - exclamo flipando.

- A mí no me mires. Ha sido Casares, ¿vale? - se disculpa Cachiro.

- Pablo, ha sido en defensa propia. - dice Casares - Si te dijese que el hijo de puta que intentó violar a tu novia, es él. ¿Qué me dices? - dice, señalando al cadáver.

- Sí, pero con unas ostias llegaba. - le replica Cachiro a Casares - ¡Qué has matado al puto gitano, Carlos! Lo qué pasa, ¡es qué vas tan encocado que no sabes ni lo qué haces!

- Cállate, ¡me cago en Dios! - le dice Casares a Cachiro, levantándole la mano.

- ¿Pero que ostia pasó? - les pregunto.

- Nada, el gitano se acercó a Casares y le mandó una ostia en la espalda. - enciende un pitillo - Todo esto en el parking de la Hermo, yo agarré al gitano para darle una paliza y Casares se ensañó con la cara y el pecho, y claro, no se movía. - le da una calada al pitillo - Tomé su pulso, ¡y no tenía! - contestó Cachiro.

Efectivamente, el fiambre del maletero, era el gitano del otro día. Pusimos mantas y periódicos en el maletero del Fiesta, metimos el cadáver del gitano y carretera a Lugo. Por el camino, Casares decía de robar un coche y quemarlo con el cadáver dentro.

Llegamos a Lugo, antes de nada, pillamos un par de garrafas de cinco litros en un 24h. Cachiro se encarga de sacar gasolina del depósito de mi Fiesta:

- ¡Aún me acuerdo cuándo robaba gasoil agrícola! - dice Cachiro, riéndose - ¡Qué tiempos!

Dando vueltas encontramos un Kadett:



Cachiro dice:

- ¡Para, para! - me toca en el hombro para parar - Éste Kadett nos vale bien.

- ¡Pero no pares aquí, mamón! - me dice Casares mientras reduzco - Para a dos manzanas, por si nos ve alguien.

Dicho y hecho, paré a dos manzanas. Cachiro se baja del Fiesta, directo a robar el Kadett:

- ¿Quieres llevar algo para robar el coche? Un destornillador o algo parecido, vamos. - le pregunto a Cachiro.

- No hace falta. - me contesta, riéndose.

A los cinco minutos, nos adelanta Cachiro con el Kadett y nos pita para qué le sigamos. Tiramos detrás de él, hasta que llegamos a una explanada. Metemos el cadáver en el Kadett y vacíamos la garrafa en el Kadett, Casares se encarga de hacerlo arder con un papel de periódico ardiendo. Salimos cagando ostias de allí, los llevo al zulo de Casares y me vuelvo a casa, necesitaba desconectar.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:26

11 de marzo de 1996.

Desde el último encuentro, había tomado algo el día anterior con Cachiro y Casares, para hablar del rollo del cadáver. La noticia en prensa apareció a los dos dias del suceso, cuándo la policía descubrió el cadáver dentro del Kadett, los periódicos ya estaban editados. Pero bueno, el titular, era tal que así:

Los ajustes de cuentas entre etnia gitana, se saldan con una nueva víctima.

Casares me llamó al teléfono para quedar en su zulo:

- Mamón, ¿has visto el Progreso? - empieza a reírse - Esto, ¡esto es la ostia! - me dice Casares.

- Joder, ¡qué puta suerte! - contesté, riéndome.

- Venga, te invito a una mariscada. - me propone Casares - ¡Te lo mereces, neno!

Acepté, tenía ganas de marisco; aunque Lugo no fuese puerto de mar, ¡qué coño! Invitaba Casares. Salí del pueblo con el Fiesta, pillé nacional; pedal a fondo y en un cuarto de hora llegué a la capital. Aparqué en frente del zulo y llamé al timbre, al rato salieron Cachiro y Casares con esmoquin:

- Pero, ¿esto qué es? - pregunto, riéndome.

- ¿De qué ostia te ríes, chaval? - pregunta Casares - Para ir a sitios de máximo nivel, se viste uno de máximo nivel, ¿vale?

- ¿Vamos en el Fiesta? - pregunté, aún riéndome un poco.

- No, en el BMW del Cachi. - dice Casares mientras se ajusta la pajarita.

- Por cierto, Cachiro. ¿El Kadett? - le pregunto.

- Ni puta idea, mandé a los del seguro a buscarlo. - saca las llaves del BMW - ¡Pero bueno! Hoy vamos de lado a todas partes. - dice Cachiro riéndose, mientras sacude las llaves del BMW.

- Pero qué dices, ¡mamón! - Casares saca un cigarro - ¡Si aún íbamos más de lado en el puto Kadett! - le dice Casares riéndose, mientras intenta encender el cigarro.

Cachiro va a por el BMW, que está aparcado a dos manzanas. Empezamos a hablar Casares y yo:

- ¿Sabe algo de ésto García? - le pregunto.

- No, y nunca debe saberlo. - le da una calada al cigarro - Esto queda entre nosotros, hemos tenido suerte y ahora, como si no hubiese pasado nada, ¡nos vamos a pegar una mariscada!

Cachiro llega con el coche, cierro el Fiesta y me monto en el BMW. Comparado con el Fiesta, el BMW era otro mundo de coche, ¡qué comodidad, por Dios! El BMW de Cachiro había cambiado desde entonces, le metió unas BBS de medio millón de pelas y siempre rascaban en las aletas, pero bueno. ¡Era precioso!:



- Venga, ¡pilla la glorieta de lado! - le dice Casares a Cachiro, unos metros antes de pasar por una rotonda.

Dicho y hecho, Cachiro cruzó el BMW por toda la rotonda y salimos perfectamente. Antes de llegar al restaurante, Cachiro disfrutaba yendo un poco de lado por la ronda de la muralla. Llegamos al restaurante, aparcamos en frente del restaurante:

- Bueno, ¡a llenar la panza con marisco! - decía Casares, mientras se volvía a ajustar la pajarita.

Empezamos a comer, desde navallas hasta bogavante, zampamos cómo Carpanta. Las señoras de la jet set luguesa nos miraban mal, y siempre se llevaban una contestación de parte de Casares:

- "¿Qué ostia pasa, señora?"

Cuándo acabamos, apenas quedaban cuatro almas en el restaurante y Casares empezó a hablar de sus rollos con la cocaína. Le aguanté, hasta qué me propuso:

- ¡Mira, Pablo! - se encendió un cigarro - Tienes que volver al negocio, ésta vez, ¡por necesidad! - me dice Casares, mientras le pega un sorbo al café

- ¿Cómo? Para, para. - me enciendo un cigarro, ya qué me estaban entrando los nervios - ¡Yo paso de llevar más mierda en mi coche! ¿Vale? - le digo a Casares, con cierto tono mosqueante.

- ¡No me jodas, Pablo! - le pega una calada al cigarro - El Kadett de Cachi está averiado, tienes qué hacernos el favor y portarte, ¡debes llevar mercancía de nuevo!

- ¿Pero tú estás loco? ¡Mira qué no hay peña dispuesta a jugarse el pescuezo por mil duros! - le pego una calada al cigarro - ¿Y me llamas a mí? Tiene cojones el rollo, tio. - le contesto.

- ¡Por mil duros no le pido eso ni a los gitanos! - Casares empieza a reírse - ¿Qué te parece un millón de pesetas?

El cabrón de Casares me tendió una trampa acojonante, un millón de pesetas me arreglaría muchos pufos, cómo por ejemplo el seguir vivendo decentemente en la casa alquilada y pegarme algún que otro vicio más. Éste relato no es cómo las películas, la gente que realmente se metió en aquel mundo, lo hizo por avaricia. Al principio, era por pagarle la universidad a Elena, pero seamos sinceros ¡joder! Igualmente podría haber vendido el Fiesta en la calle por 300.000 pesetas, pero en éste mundo, la avaricia lo es todo.

- ¡Joooooder! - empiezo a reírme - ¡Así sí! - le contesté.

- ¡Brindemos! - decía Casares.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:29

15 de marzo de 1996.

Al salir de trabajar miré en el móvil y tenía una perdida de Cachiro, le llamé:

- ¡Buenas, tio! - le saludo - ¿Qué pasó?

- Nada, ¡era para montar el tinglado del envío! - me contesta.

- Aaaah, ¡vale! - contesté - ¿Quedamos ahora? - le pregunto.

- Vale, acércate a mi garaje. En dónde tengo el Kadett para piezas. - me contesta.

Salí del parking del trabajo y pillé nacional, pedal a fondo y llegué en media hora (por el puto tráfico). Fuera del garaje, estaba aparcado el BMW en su propio vado. Aparqué detrás y peté en la persiana del garaje que estaba un poco abierta:

- Cachi, ¡soy yo! - digo, detrás de la persiana.

- Sube la persiana y entra, cuándo entres, vuelve a cerrarla. - me contesta.

Entré, Cachiro estaba debajo del Kadett robado, cambiándole el aceite:

- ¿Qué haces, tio? - le pregunto, mientras me acerco.

- Nada, preparar el motor para montarlo en mi Kadett. - me contesta.

- Joder, ¿y el otro motor? - le pregunto - El originario de tu Kadett, vamos.

- Joder, ese se lo vendí a un gitano para su Kadett. - me contesta.

- Bueno, ¿entonces qué tengo que hacer? - le pregunto, mientras me enciendo un cigarro.

- Pues... - se queda callado - Tenemos que sacar la documentación falsa de tu coche. - me contesta.

Mientras se vaciaba el cárter del Kadett para piezas, empezamos a hablar del tema del envío:

- Entonces, ¡explícame el chollo! - le digo.

- Debemos llevar treinta kilogramos de cocaína, en tu Fiesta.

- Joder, ¿treinta kilos? - me enciendo un cigarro - ¿A dónde? - le pregunto.

- Pues, Lugo - Coruña, Coruña - Porriño, Porriño - Ourense y nos volvemos.

- ¿Una ruta? - pregunto.

- Correcto, una ruta. - me contesta, al mismo tiempo se enciende un cigarro.

- ¿Cuándo? - pregunto.

- Salimos el sábado por la mañana, a las 8:00h. - me contesta.

En cuánto Cachiro acaba de cambiarle el aceite al Kadett, salimos con el Fiesta, directos a por la documentación a una concesión Ford de la ciudad. Llegamos a la Ford, la misma en donde me compré el coche, aparcamos el Fiesta y entramos. Dentro del taller, había un Fiesta XR2 clavado al mío. Cachiro pregunta por el encargado, al par de minutos aparece por allí:

- Buenas, ¿la documentación? - le pregunta Cachiro al encargado.

- Buenas, así que vosotros sois los chavales de Paquiño, ¿no? - pregunta, mientras se limpia las manos con un trapo.

- Sí, somos nosotros. - contesta Cachiro.

- Bien, pues ahí tenéis. - dice el encargado, mientras señala el XR2 del taller.

El Fiesta XR2 del taller era matrícula LU-0772-I, estaba totalmente de serie. El encargado nos pasó un destornillador para sacar las placas y pillamos la documentación. Al acabar de sacarle lo que necesitábamos, el encargado se acerca:

- Ya sabéis, si el dueño os pilla. - empieza a toser - Le deciís que sois mecánicos de aquí y que estáis rodando el coche. ¿Vale? - nos dice.

- ¡Oye! - le digo al encargado - Nuestro Fiesta es distinto en apariencia. - le digo al encargado, a lo que Cachiro me da una patada en los gemelos.

- Bueno, vayamos a verlo. - vamos saliendo del taller para mirar el Fiesta - Pero será blanco, ¿no?

- No, si blanco es. - le respondo.

Llegamos junto a mi Fiesta y el encargado empeiza a balbucear:

- ¡Buuuuf! Pero ésto lleva llantas de Escort y una pegatina enorme en el portón. - dice el encargado, en lo último, refiriéndose al vinilo que ponía Capitán Trueno debajo de la luneta.

- Bueno, pero da lo mismo. Cambiamos las placas al salir de Lugo, ¡joder! - dice Cachiro.

- Aaaah, ¡vale! - afirma el encargado - Cómo vosotros veáis, si os pillan, pagáis el doble. - dice el encargado, mientras se vuelve al taller.

Volvimos a Lugo, al garaje de Cachiro. Por el camino, Cachiro me echó la bronca por decirle al encargado, lo de qué el Fiesta era distinto al de la concesión. También, empecé a hablar con Cachiro sobre el rollo de las documentaciones:

- Oye, ¿y si tenemos que escapar de la policía? Cómo explicarme, ¿no joderían al verdadero dueño de aquel XR2? - le pregunto.

- ¿Porqué crees que vamos el fin de semana? En finde, los de la Ford no trabajan. Si pasa algo, nos detienen por ejemplo, ellos dicen que entramos de destragis a la Ford para robar la documentación. - se enciende un cigarro - Y si no nos da detenido la pasma y escapamos en el Fiesta, pues hacen desparecer su Fiesta y dicen que se lo hemos robado en la concesión.

- Pero mi Fiesta es distinto, ¿no se coscaría el dueño? En ese último caso, ¡vamos! - le pregunto a Cachiro.

- Sí, pero en el caso de la regla de antes. Los dos coches deben ser copias exactas. - le pega una calada al cigarro - Ahora, en nuestro caso, irían que les hemos robado la documentación en todas las situaciones.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:34

16 de marzo de 1996.

Eran las 6:00h, aún era de noche en la capital. Me llama Cachiro:

- Pablo, ¿dónde andas?

- Pues acababa de levantarme, ¿voy para tu casa? - le pregunto.

- Sí, cagando ostias, hay que cargar el Fiesta.

- Vale, me pego una ducha rápida y voy. - le digo.

Me duché, me cambié y bajé al garaje a por el Fiesta. En el trastero, tenía las placas y la documentación, la pillé y la puse debajo del asiento de conductor del Fiesta. En cinco minutos, llegué a la casa de Cachiro, timbré y me abrió la puerta:

- Bueno, ¡al rollo! - se enciende un cigarro - Mete el Fiesta en el garaje, ¡ahora te abro! - decía Cachiro, bajando por las escaleras hacia el garaje.

Volví al Fiesta, lo arranqué y me puse en la puerta de su garaje, me abrió la puerta y se montó en el Fiesta. Bajamos hasta junto al BMW y paramos para cargar la coca:

- Bueno, vete desmontando los paneles traseros. - me indicaba Cachiro, mientras abría el maletero del BMW y sacaba dos bolsas de deporte llenas de mercancía.

Los envíos eran mucho más profesionales, ocultaríamos la cocaína en el Fiesta. El primer envío (La Coruña), tendría que ser más fácil de sacar y al ser de sólo cinco kilogramos, los ocultaríamos en el portón junto al motor del limpiaparabrisas. El segundo y tercer envío (Porriño - Ourense), de veinticinco kilogramos (diez para Porriño y quince para Ourense), ocultos entre la aleta y los paneles traseros.

- Bueno, ¡ya está! - le dije a Cachiro.

Salimos a las 7:00h de casa de Cachiro, pillamos carretera nacional y directos a Coruña. Antes de salir de Lugo, paramos en una gasolinera a llenar el depósito:

- Lleno, ¡por favor! - le dije al encargado de la gasolinera, desde el Fiesta.

- ¡Coño, Gutiérrez! - gritaban por detrás del coche - ¡Tu XR2! - decían.

Miré por el retrovisor y era un Guardia Civil el que gritaba. El que gritaba se acercó, junto a otro compañero. Me imaginaba lo peor, pero por un momento recordé que aún no llevaba puesta la matrícula falsa. Se acercó el Guardia Civil a mi ventanilla y me empezó a hablar:

- ¡Chaval! - me decía un Guardia - Éste coche era mío, ¿qué tal te trata? - me preguntó riéndose.

Salí del coche para responderle, aún me temblaban las piernas de imaginarme antes que era el dueño del Fiesta de la concesión:

- ¡Pues me trata fenomenal! - le contesto mientras le pagaba al encargado de la gasolinera - ¡Hasta le puse techo solar y mil cosas más! - le digo riéndome.

- Sí, ¡si ya se ve! El cacharro está precioso, te lo volvería a comprar, pero la mujer me mata. - me dice riéndome el Guardia - Yo me compré éste coche al entrar en la Guardia Civil, en el '88. ¡Cómo ligaba con él! Era un reclamo para las mozas, hasta conocí a mi mujer gracias al coche. - me dice riéndose.

- Y sigue siendo un reclamo para las mozas. - le contesté riéndome - Y aunque pudiese comprármelo, tampoco se lo vendería, ¡amo éste coche! - le dije al Guardia.

- ¡Y cómo andaba el cacharro! - decía el Guardia - Yo quería un Golf GTi 16v, pero mi padre se negaba. ¡Vaya tiempos! - decía riéndose.

- Y sigue andando. - le contesté riéndome - Bueno, nosotros tenemos que ir a un entierro en Ourense, ¡así que le tengo dejar!

- ¡Correcto, correcto! - decía el Guardia sin dejar de mirar el Fiesta - ¡No te molesto más, chaval! - decía.

- Un placer, ¡señor Guardia! - me despedí, mientras me montaba en el Fiesta para irnos.

- El placer es mío, ¡Capitán Trueno! - se despedía el Guardia de mí.

Salimos de la gasolinera, Cachiro se empezó a descojonar de la anterior situación, al igual que lo hacía yo. Pillamos autopista y puse el casete de Siniestro Total para amenizar el viaje. Cambio las placas antes de entrar en la provincia de La Coruña. Llegamos a La Coruña a las 10:00h, Cachiro llamó al contacto de La Coruña para quedar con él, pilló un taxi para ir junto al comprador y ya me llamaría para entregar la cocaína. Mientras tanto, aparqué junto a un bar y entré a tomar un café. A los veinte minutos, me llama Cachiro para ir hasta Riazor, el estadio del Dépor:

- Cuándo llegues, ¡verás un Mercedes negro! - me decía - Cuándo la entregues, ¡llámame!

Salí del bar, monté en el Fiesta y tiré directo al Riazor. Llegué a los diez minutos, allí estaba el Mercedes, era un E500:



Aparqué el Fiesta al lado, salí del coche y se bajan dos fulanos del Mercedes:

- Bueno, ¡aquí les traigo la mercancía! - les decía, mientras abría el maletero.

Les entrego toda la droga y una de las ventanillas traseras del Mercedes se abre, debía ser el jefe:

- Tú, ¡no te vayas aún! - me decía a mí - ¡Manuel! - se dirige uno de los maromos - Tráeme aquí una poca, para probar.

Se mete un poco y empieza a digamos, saborearla. Cuándo acaba, le suelto:

- ¿Todo Ok?

- Sí, ¡perfecto! - se empieza a reír - ¡Mándale un saludo a Paquiño! - me decía, mientras arrancaban el Mercedes para irse.

Salgo de Riazor y llamo a Cachiro:

- ¿Dónde estás? - le pregunto.

- En la otra punta del estadio, hasta te he acabo de ver salir y todo. - contesta Cachiro, riéndose.

- ¿No me jodas? - le pregunto en plan orónico, mientras me empiezo a reír.

- Sí, no quiero liarte. ¡Qué no conoces La Coru, neno! - contesta riéndose.

Le encuentro junto al estadio, apoyado en una pared, se monta y directos a Porriño.

Cruzamos a la provincia de Pontevedra a las 11:40h, allí tendríamos que desmontar un panel trasero para entregar diez kilogramos. Cachiro llama al contacto:

- ¡Coño! - dice Cachiro, riéndose - ¡Parece que nos volvemos a ver!

- ¿Dónde estás? - le pregunta el contacto.

- En una parada de taxis, cerca de la entrada a la ciudad. - Cachiro empieza a mirar alrededor - Parece casco algo antiguo, pero bueno, ¡ya te digo! Lo parece. - le dice al contacto.

- Vale, ¡ya sé, ya sé! - contesta el contacto - ¡Vamos allí en diez minutos!

A los quince minutos, estando allí aparcados al lado izquierdo de la calzada, se paró a nuestro lado un Astra GSi:



- ¡Coooño, Cachiro! - exclama el conductor del Astra - ¿Cuánto tiempo, no? - le pregunta.

- Dos años, nada menos. - empieza a sonreír - ¿Y la pelirroja? - le pregunta Cachiro.

Ante todo, yo estaba atento a la conversa entre el conductor del Astra y Cachiro:

- ¡Aquí, cabrón! - me susurran a la oreja - ¿Te he asustado, chavalín? - me dice la que supuse, sería la pelirroja.

- ¡Joooooder! - afirmé.

- ¡Cooooooño, pelirroja! - exclama - ¡Qué guapa estás! - dice Cachiro.

¡Vaya mujer! Estaba muy potente la chica, desbordaba morbo por todas partes.

- ¡Bueno, vayamos a lo nuestro! - se enciende un porro apagado que tenía en el cenicero, el conductor del Astra - Cachiro, ¡móntate en el Astra! Belén irá con tu compañero. - le decía el conductor del Astra a Cachiro.

- ¡Vale! - afirmó Cachiro, mientras la pelirroja se dirigía a la puerta del acompñante - ¡Pablo, síguenos! Y, ten cuidado con la pelirroja ésta.

Cachiro se bajó del Fiesta y se montó en el Astra, Belén (la pelirroja) se montó en el Fiesta:

- ¡Buenas! - me saluda dándome dos besos, mientras se acomodaba en el Recaro, recostada en el pilar central de su lado - Ya has oído, ¡sígueles!

Mientras seguía el Astra, ¡qué iba ligero de cojones, la verdad! La pelirroja me miraba continuamente, era muy incómodo, llegó a un momento que estallé:

- ¿Pasa algo? - le pregunté.

- Nada. - acto seguido, pone su mano en el volante, encima de mi mano derecha y la quita rozándome por todo el brazo - Sigue conduciendo. - me ordena al oído.

- ¡No me mola tu rollo, chica! - le decía negando con la cabeza, sin perder la vista de la carretera.

No me contestó, ni me comentó nada por el camino. Volvamos al seguimiento del Astra, después de cinco minutos, se para en frente de una imprenta, abre a distancia la puerta del garaje y me hace señas para que entre. Ya dentro, todos nos bajamos del coche, antes de bajarnos la pelirroja y yo:

- Un placer. - me decía al oído, mientras apoyaba su mano en mi paquete.

- Anda, ¡déjame en paz, guapa! - le contesto, apartándola y guiñándole un ojo.

Nos ponemos al tema, el del Astra saca un maletín lleno de dinero. Cachiro se enciende un cigarro y empieza a contarlo, acto seguido, me ordena desmontar un panel para sacar diez kilogramos. Desmonto todo y entrego la mercancía:

- ¡Aquí está todo! - me enciendo un cigarro - ¿Todo OK, Cachi? - le pregunto, con cierto tono serio.

- Tranquilo, mamón. - dice sonriendo - ¡Éstos son colegas! - dice Cachiro, riéndose.

- Te creo. - le contesto sonriendo, mirando a la pelirroja - Por cierto, ¡tenemos trabajo! - le digo a Cachiro.

- Pero, ¡para mamón! - me dice Cachiro, riéndose - ¡Vete a dar un paso con Belén! - me dice.

Pasé ampliamente de la proposición, aunque aquella pelirroja tuviese un morbo impresionante, no podía engañar a Elena. Estuvimos hablando unos diez minutos más con los de Porriño, al acabar, salimos directos a Ourense. Por el camino, Cachiro comienza a hablar:

- ¿Qué, se te insinuó la pelirroja? - me pregunta, riéndose.

- ¡Joder, si se me insinuó dice! - le contesté - ¡Poco más y hasta me viola! - exclamé, contestando a Cachiro.

- Es muy guarra la chica, ¡pero tiene un morbazo de la virgen! - se enciende un cigarro - A esa chica la conocí en el '93 y para nada era cómo ahora, ¡se debe meter más mierda que Jesucristo Santo!

- ¡La chica es guapísima, tio! - le contesto.

- Ya, ¡a simple vista se deduce! - dice Cachiro, riéndose - ¿Sabes lo más raro de ésta gente? ¡La de Porriño, vamos! - me pregunta.

- ¡No sé, tio! - le contesto.

- Pues éstos de Porriño, son unos tipos con cierto misterio, ¿o no? Muy profesionales y serios. - le pega una calada - En cambio, ¡vas a Vigo, tio! Y todo paletos que no tienen ni puta idea del rollo. - me dice Cachiro.

- ¿Más o menos cómo nosotros, no? - le pregunto irónicamente, riéndome.

Pillamos la A-52, rumbo a Ourense. Llegamos a Ourense a la 13:30h, estaba nublado y cada poco, se ponía a llover, pero muy poca cosa. Si se entra en Ourense, se entra a lo grande, Cachiro me dice:

- ¡Pon una cinta de Los Suaves! - me dice.

Dicho y hecho, llegamos a Ourense con Los Suaves de fondo. Después de seguir las indicaciones de Cachiro, llegamos al sitio acordado en el casco antiguo, la zona de los Vinos (zona de juerga ourensana). Antes de entrar en la zona, hay una bajada por todo el casco antiguo y una curva con dirección única, Cachiro me indica de parar en la bajada:

- ¡Para ahí adelante, Pablo! - me dice.

Paré al lado derecho de la calzada, pegado a un bar de mala muerte. Aparcado en frente nuestra, había un Kadett GSi 16v negro.



Cachiro saca el teléfono y llama al contacto:

- ¡Buenas! - le saluda - Somos los de Lugo.

- ¡Aaaaah, buenas! Estáis en frente, en un Forito, ¿a qué sí?

- Sí, ¿tanto canta el coche? - le pregunta irónicamente Cachiro, riéndose.

- Hombre, matrícula de Lugo. - le responde el contacto, riéndose.

El contacto bajaría en cinco minutos, por ahora, tocaba esperar. Mientras tanto, Cachiro se baja del Fiesta, para contemplar el Kadett que teníamos delante, también me bajo yo:

- Joder, ¡está guapo el Kadett! - le comento a Cachiro.

- Bueno, ¡menos lobos! - exclama - Sólo lleva unas Speedline de "15 de mierda. - dice Cachiro.

En ése preciso momento, baja un chavalín rubito, de estatura pequeña. Se dirige hacia nosotros con la mano por detrás, momento tenso, Cachiro y yo mirando al rubito fijamente y él a nosotros, también. Me acuerdo de éste momento, pero yendo a cámara lenta:

- Qué, ¿os gusta mi Kadett? - dice el rubito, riéndose.

- ¡Buuuuuuf! - balbucea Cachiro - ¿Eres el contacto? - le pregunta Cachiro.

- No sé, a mí me han mandado venir a por vosotros. - contesta el rubito, riéndose.

- ¡Vale! - dice Cachiro, asintiendo con la cabeza - Pablo, ¡quédate aquí! - me dice Cachiro entregándome una pequeña pistola disimuladamente, como las que les incautan a los de ETA.

- Me cago en Dios. - le digo a Cachiro, por lo bajo.

Me quedé apoyado en el Fiesta, esperando. Me encendí un cigarro mientras esperaba por Cachiro, mirando alrededor, me fijé en un chavalín pequeño que me miraba, acompañado por su madre. Un flash pasó por mi cabeza, hace catorce años (1982), paseaba con mi madre por Lugo, por el interior de la muralla. Me quedé mirando para un fulano apoyado en un 124, con unas pintas de chulo putas que no se las quitaba nadie y el 124, con tuning de la época (pegatinas discotecas, paragolpes de tubo, llantas negras con rebordes cromados, etc...). Mi madre, al doblar la esquina, me avisó que no me acercase nunca a esa gente, eran malas personas, según ella. Traicioné a mi madre, pero con creces.

A los veinte minutos, el rubito y Cachiro, éste último con un maletín en la mano, bajan discutiendo sobre Kadetts:

- ¡¿Pero qué dices, tio?! - exclama Cachiro - Un Kadett se conduce con los cojones, si tienes los cojones para conducirlo, ahí ya puedes prepararlo para defenderte mejor. ¡No tienes ni puta idea!

- Pues un día, ¡pillamos cada uno nuestros Kadett y subimos el Castro los dos solos! - le propone el rubito.

- ¡Pero a dónde vas, mamón! Hasta con un Kadett de 80 caballos te quemo. - le dice Cachiro riéndose.

- ¿Todo bien? - le pregunto a Cachiro - El chollo y eso, vamos.

- ¡Perfecto! Ahora con el rubito, vamos a un garaje y desmontamos el panel para descargar lo que nos falta. ¿Vale? - me dice Cachiro, en tensión por la conversación con el rubito.

Se montó el rubito en el Fiesta, buscamos un garaje subterráneo de pago y entramos (podíamos ir desmontar el panel para sacar la coca, a un garaje propiedad del contacto de Ourense, pero Cachiro teme que nos puedan acorralar para jodernos la coca y el dinero). Tardé quince minutos en hacerlo todo, poco a poco, pero sin romper ninguna grapa del tapizado (¡muy profesional!).

Pero claro, mientras yo desmontaba el panel, ellos discutían sobre Kadetts:

- ¡El 16v del GSi, es una mierda! - exclama Cachiro - Beben aceite, mucho más que el Fiesta de este. - refiriéndose a mí.

- Pero neno, ¿tú qui, tu qui, tu quieres un coche que ande? ¡Un Kadett dieciséis neno y no te comas la cabeza! - le dice el rubito, convencido del todo.

- Mira neno, ¡mi primer coche fue un Kadett dieciséis! - le dice levantándole el brazo - Y ahora, tengo un ocho válvulas por papeles con un dieciséis montado.

- ¡Y me apuesto lo qué quieras neno, a qué mi Kadett dieciséis, puede con el tuyo! - le reta el rubito a Cachiro.

- ¿Tu Kadett? - dice Cachiro, incitándole a apostar al rubito, su Kadett en una carrera - ¡Yo me apuesto mi BMW 325i a qué te fundo con el XR2 de éste!

El rubito aceptó la apuesta, aún por encima, Cachiro tuvo todo el morro de decir que correría con mi Fiesta. Pero bueno, ¡no hay mal qué por bien no venga! Cachiro me ofreció una mariscada, a cambio de que le dejase el Fiesta. La carrera sería ahora mismo, saldríamos del garaje y ellos irían a Castro de Beiro (actualmente, se organiza allí una Subida), a competir. Yo me quedé tomando un cafe en un bar, enfrente del garaje, mientras leeía la prensa local.

Ahora contaré el rollo, desde la perspectiva de Cachiro:

"Llegamos al Castro, ya me había familiarizado con el grupo corto por el camino. Estaba chupado, debía enseñarle a un chaval, qué cualquier máquina le metía miedo a un Kadett, pero si el Kadett es llevado por un buen conductor, se lleva de cajón a muchos.

Pues eso, llegamos al Castro e iba detrás suya. El rubito estiró segunda en una recta algo larga de la subida, con alguna que otra curva abierta, pero el Fiesta no llegó al nivel. Empieza lo bueno, curvas algo cerradas en las se debe reducir si o sí. Consigo ponerme detrás del Kadett, haciendo reducciones a sangre fría, ¡pero ojo! El rubito hacía reducciones a primera en alguna que otra curva, ¡bestial! El fulano debía de coleccionar cajas de cambio reventadas.

Pues nada, le aguanté al Kadett dieciséis como nadie, el mérito lo llevaba el grupo corto del Fiesta, que sufría demasiado en alguna que otra reducción. Antes de llegar a arriba del todo, el rubito volvió a reducir a primera en una curva muy cerrada, no sé cómo hizo que casi se para en medio de la curva. Antes de chocar contra él con el XR2, reducí a primera, ¡gracias a Dios! No choqué ni reventé el grupo corto, pero no cantemos victoria. El Fiesta hacía un ruído muy raro, cómo si se rozasen dos canicas de hierro.

Llegué a la par del Kadett, a la cima del Castro. Me puse a su lado y le avisé de que volviésemos a Ourense. No le comenté nada de la apuesta. Pero bueno, mientras bajábamos de vuelta a Ourense, en tercera reteniendo, el coche empezó a hacer el sonido de las canicas rozándose, pero era mucho más cantoso. Antes de llegar al fondo, la palanca se salió de la tercera, se volvió inmóvil, también noté como se rompían los rodamientos y toda la parafernalia por dentro. ¡La había cagado!"

Pues nada, ahora lo cuento desde mi perspectiva:

A la media hora de que se fuesen, apareció el rubito con su Kadett, Cachiro iba con él. Me temía lo peor, algún accidente o algo. ¡Me puse de una mala ostia acojonante!

- ¡Me cago en Diooooooooooooos! - exclamé - ¿Y el Fiesta? - le pregunté a Cachiro, alterado.

- ¡Buuuf! He reventado la caja del Fiesta en una reducción. ¡por culpa de éste imbécil! - dice Cachiro, señalando al rubito - ¿A ti te parece normal, reducir a primera yendo de tramo?

- ¿Sólo? - le pregunto, más calmado.

- ¿Sólo lo qué, la reducción? - pregunta Cachiro.

- ¡No, imbécil! Los daños del Fiesta. - le replico a Cachiro.

- Sí, sólo. - dice Cachiro, lamentándose.

- ¡Ni sólo ni ostias! Me lo arreglas, pero poniendo el mismo grupo con autoblocante. - le indiqué a Cachiro, cabreado.

- ¡Ya, por quién me tomas, tio! - me decía, lamentándose.

Me contó todo lo que pasó en la carrera, Cachiro le perdonó la apuesta al rubito, le soltó un discurso sobre humildad y el rubito debería de haberle chupado la polla. Si fuese Cachiro, ya tendríamos transporte para volver a Lugo. El rubito nos llevó hasta dónde estaba el Fiesta, nos debía el favor por haberle perdonado la apuesta. Pero bueno, antes de despedirse del rubito, sacamos la pasta del maletero del rubito (no era plan dejar las bolsas con el dinero en el Fiesta, en medio de la nada). Al rubito se le había derramado un poco de coca en el maletín que la llevaba, por el pique:

- ¡Ten cuidado con enseñarle a este un Kadett con un poco de coca derramada, te lo quema! - le decía Cachiro al rubito, mientras éste últimos se iba, refiriéndose al primer Kadett que tuvo, riéndose.

Metimos las bolsas de dinero en el Fiesta. Llamamos a la grúa del seguro, cargaron el Fiesta y nos montamos en la grúa, directos al garaje de la casa de Cachiro. Dejé el Fiesta allí, me llevó a casa en su BMW y el ya se encargaría de llevarle el dinero a Casares, también me entregaría mi parte al día siguiente.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:36

17 de marzo de 1996.

Me levanté a eso de las 14:30h para recibir a mis padres, venían a visitarme y de paso, a comer. A las 15:15h, Cachiro me llamó:

- ¡Buenas! - me saluda - ¿Qué tal, tio? - me pregunta Cachiro.

- ¡Fenomenal, tio! - le contesté - Ahora mismo estoy comiendo con mis padres, se han pasado por aquí con cabrito y la de Dios.

- ¡Qué mamón! - me dice, riéndose - Por cierto, ¡tengo fichado un grupo corto con autoblocante! - exclama Cachiro, emocionado - Y de máximo nivel, ¡nada de polladas nacionales!

- Coño, ¿cómo es eso de qué no es nacional? - le pregunté.

- Pues eso, ¡traído de Alemania! Es para motores CVH, según el mecánico. - me explica Cachiro.

- Mi motor es CVH. - le digo.

- ¡Pues eso, tio! Desde primera hasta tercera es brutal, la cuarta y la quinta están más pensadas para el desahogo en carretera. - dice, como leyendo un prospecto - ¿Te la encargo? - me pregunta.

- ¡Pues encárgamela, Cachi! - le contesto, emocionado.

- ¡Dicho y hecho! Según el mecánico, para el viernes está aquí. - dice Cachiro.

- ¿Y el dinero del envío, cómo va el tema? - le pregunto.

- Casares está en Baiona, vuelve hoy por la noche. Lo miramos mañana ¿Vale? - me propone.

- ¡Vale, vale! - acepté.

- Por cierto, acércate hasta mi casa a eso de las 16:30h con el Orion de tu padre, ¡tengo una sorpresa para tí! - me dice Cachiro.

Le pedí permiso a mi padre para pillar el Orion, permiso concedido y llave en mano, salgo a por el Orion. El Orion, había cambiado mucho desde cuando se lo pillaba de estrangis. ¿Qué decir sobre ello? Pues, en aquella época en la que andaba de desguaces todo el día, encontré un Orion con el Kit RS con el motor y el vano quemado. Le comenté el rollo a mi padre, pues a él siempre le molaron los Orion con ese kit y siempre fantaseaba con ir a la concesión a pedirlo, pero las cien mil pesetas que costaba en auto-recambios, le tiraban para atrás. Se lo conté y le encantó, al día siguiente, pilló una furgoneta de la escuela-taller en la que trabajaba para transportar el kit a un chapista, para pintarlo. Pagamos 30.000 pesetas, más otras 30.000 en pintarlo del color del Orion de mi padre (incluídas las tiras de las defensas que costaron un pastón), más otras 15.000 por las llantas sin neumáticos, en definitiva:



Pues eso, mi padre se quedaba leyendo la prensa en la mesa del salón y mi madre, se ponía a limpiar la casa (tenía cojones, le estaba pagando a una asistenta). A las 17:30h, debía estar de vuelta con el Orion. Arranqué el Orion de mi padre y salí directo a la casa de Cachiro. El motor de 105 caballos se movía bastante bien por carretera, hasta sonaba mejor que mi Fiesta. Al caso, llegué a casa de Cachiro veinte minutos más tarde, había tráfico. Pité, salió Cachiro por la puerta y se montó en el Orion:

- ¡Buenas! - me saluda - Tira hacia al Arrás.

Salimos directos al Arrás y llegamos en diez minutos, aparcamos al lado de un Fiesta Turbo negro, tal y como me indicó Cachiro:



Dentro del Fiesta había un chico, en cuanto miró a Cachiro se bajó del coche y nosotros igual:

- ¡Buenas! A ver, ¿es éste el coche?

- Sí, es de un cliente que está en Alemania visitando a la familia de su mujer. - dice el chico - Volverá la semana que viene.

- ¡Perfecto! - dice Cachiro riéndose, mientras mira el Fiesta Turbo - Mira Pablo, ¡he aquí tu sorpresa!

- ¿Mi sorpresa? - pregunto confundido - ¡No entiendo nada, tio!

- ¡Pues joder, macho! Es fácil de entender, ¡he conseguido un coche para qué puedas andar, mientras llega tu grupo corto!

Cachiro había hablado con un colega que tenía una guardería de coches, me prestaban éste Fiesta Turbo hasta al viernes. al mediodía. Cachiro decidió probar el Fiesta primero, para llevar al colega hasta su casa. Yo tiré directo a casa, devolví el Orion y me quedé un rato hablando con mis padres, sobre cosas del trabajo, pero del trabajo decente. A los veinte minutos, Cachiro timbra:

- ¡Puto Fiesta! Es jodido de llevar, ¿eh? - decía Cachiro.

Y tanto que era jodido, en el tiempo que lo llevé ese día, me pareció difícil de conducir, pero los Kadett eran peor.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:39

Miércoles, 27 de marzo de 1996.

Han pasado dos semanas desde el último envío, Cachiro me arregló el coche. Sobre el Fiesta Turbo, aquel coche tenía unas pelotas impresionantes y el turbo, me enamoró. ¿Mi XR2? Ahora tenía un temperamento más relajado con la nueva caja, pero seguía siendo clave en pequeños tramos, aunque claro, comparado con el Fiesta Turbo, eran dos mundos totalmente diferentes. Al tema del millón, cobré ese dinero, pero no sólo por aquella ruta, debía de hacer un par de trabajos más para hablar de más dinero.

Pero bueno, ¡Cachiro y yo teníamos más trabajo! El día anterior, Casares nos llamó para explicarnos el chollo:

"Debéis ir hasta Mallorca y pillar diez kilogramos de cocaína pura. Pillaréis un tren - nos entregó dos billetes para el tren - para ir hasta Barcelona y desde allí, ferry para llegar a la isla. Ya en Mallorca, haréis efectiva la compra el sábado por la noche, iréis al "Dance Hall", una discoteca de la isla. Buscáis al encargado y le deciís que sois los de Lugo, acto seguido, os llevará junto al mandamás del local. El mandamás no es un fulano, es una tía que se llama Lolita, le entregaréis este cheque del Banesto y le daréis vuestro número de móvil, - nos entregó el cheque -, a la mañana siguiente, si todo está en orden, os llamarán para entregaros la coca. Ahí ya os volvéis a Barcelona en ferry, aquí entra otra persona, un conocido mío, volveréis a Lugo con él. ¿De acuerdo?"

Pagaríamos el hotel y el ferry con una tarjeta de crédito (con su correspondiente número secreto) que nos entregó Casares, estaba a nombre de Cachiro. Nos entregó el número de teléfono móvil de su colega para volver a Barcelona, eso ya lo concretaríamos nosotros a la vuelta.

Pedí tres dias libres en el chollo y me los descontarían del sueldo, pero bueno, con un millón en el banco, poco me importaba. Segun el billete, saldríamos hoy a las 18:45h desde la estación de Lugo hasta Barcelona. Pillamos un taxi para ir hasta a la estación, más que nada, para no tener que dejar nuestros coches en el parking y por consiguiente, si no llevábamos nuestros coches, cargar con las maletas en autobús urbano o peor, andando. Ya descargando las maletas del taxi, en la estación:

- ¿Llevas los billetes y el cheque encima? Vamos, ¡todo! - le pregunto a Cachiro.

- ¡Si home, sí! - me responde, comprobando la bandolera.

Nos colocamos en el tren y nos turnamos para dormir, para vigilar las maletas y tal. Llegamos a Barcelona a las 10:00h del día siguiente, llamamos a la empresa de ferry de la ciudad, el próximo viaje hasta Mallorca sería al día siguiente a las 10:30h, nos sobraba un día y decidimos pasarlo paseando por la ciudad condal. Buscamos un hotel y dejamos las maletas, pillamos dinero en efectivo en un cajero y a conocer mundo. En Barcelona, descubrimos que nuestra querida capital Lugo, era un pueblucho. La variedad de personas de la ciudad condal era acojonante, el comentario de Cachiro respecto al rollo:

- ¡Cuánto sudaca y cuánto moro hay por aquí, Pablo! - me decía por lo bajo.

Por curiosidad, ese mismo día llamamos al colega de Casares de Barcelona, le contamos de quedar para hablar del rollo antes de hacer nada en Mallorca, aceptó. Se pasaría por nuestro hotel a las 18:00h, así que decidimos hablar del rollo en el bar del hotel mientras tanto:

- ¿No estamos llegando demasiado lejos, Cachi? - le pregunto, removiendo el vaso de la crema.

- Sí, aunque ya habíamos llegado lejos al entrar en los rollos de la coca en el '93. - contesta Cachiro, haciendo un gesto de lamento.

- Y, ¿cómo entrastéis? - le pregunté por curiosidad.

- Pues, ¿sabes tu colega Chus, el del AX? - me pregunta.

- ¿Cómo sabes el rollo de Chus? - le pregunto, ya que nunca se lo había presentado, ni había coincidido ni con Casares ni él con Chus.

- Tio, Lugo es pequeño. - me contesta, mientras trata de encenderse un pitillo - Además, ¿crees qué Casares te iba a dejar andar a tus anchas, después de entrar en el rollo? Casares te tenía pipeado desde el momento en que lo dejaste, por si acaso soplabas algo. - me contesta.

- Y, ¿qué pinta Chus en todo esto? - le pregunto, encendiéndome un pitillo.

- ¡Joder, Pablo! - exclama - No tienes ni puta idea de nada, Chus es tan marronero como nosotros. - dice, dando dos golpes en la mesa del bar del hotel - Chus era primo de los anteriores socios de Casares, eran unos paletos de Becerreá que llevaban con Casares desde que se metió en el negocio de los porros. Todos esos primos se gastaban el dinero de los putos porros, en putas y cocaína. Pero bueno, esos fulanos le dieron la idea de trabajar con coca a Casares y claro, las primas de todo este rollo, subieron una barbaridad. - le da una calada al pitillo - A todo esto, ¡yo ya estaba relacionado con Casares!

- ¿Chus era socio de Casares? - le pregunto, flipando.

- No exactamente, sólo andaba con los primos chuleándose. - le pega una calada - Los seguía a todas partes. - contesta.

- Pues mira, ¡me parece raro qué Chus ande en esos rollos, es buen fulano! - le digo.

- ¿Y tú no lo eres, yo tampoco soy buen fulano? ¡Porqué tú también estás metido el rollo de la coca! - me contesta.

- Bueno, no quiero decir eso. ¡Sigue contando, tio! - le propuse, pegándole una calada al pitillo.

- Pues, ¡a ver! - le pega una calada - Ganábamos mucha pasta todos los de la cuadrilla de Paquiño, ¡qué éramos los de Becerreá, Casares y yo! Casares se gastó la pasta en el Serrucho, yo me la gasté en alquilar una casa y preparar el Kadett y claro, los de Becerreá en putas, ¡porqué la cocaína ya nos la fangaban ellos! - me contesta, dándole una calada al pitillo al final.

- O sea, ¿mandásteis a los de Becerreá a tomar por saco por qué os jodían la coca? - le pregunté, deduciendo.

- Correcto, ¡veo qué ya te vas enterando! - me contesta, dándole un trago a su crema.

- Vale. - contesté, mientras le pegaba otra calada al pitillo y lo apagaba en el cenicero - Con todo ésto, ¿me estás contando que Chus era un puto crío qué se chafardeaba con sus primos? ¡Nada más, tio! - le pregunté a Cachiro, esperando más respuestas.

- ¡Aún no he acabado, amigo! - apaga el pitillo - Chus y sus primos nos tendían emboscadas, ¡chivatazos y malas lenguas de todo tipo, tio! Por ejemplo, de Casares soltaron todo lo posible para que lo empapelaran, pero García ya estaba de nuestra parte y apenas pasó nada. - se enciende otro pitillo - ¡Hasta de mí, tio! Chus soltó que maté a un fulano con un GT Turbo blanco en un pique, ¡cuándo yo, chaval! No me crucé en toda mi puta vida con aquel fulano. - hace un gesto de mal humor - Si fuese por mí, ¡los mataba a todos! Pero Casares no quiere, y claro, ¡palabra de Casares, te alabamos Señor!

El ambiente se relajó, Cachiro se fumó otro pitillo más para traquilizarse, yo también. Todo aquello que me contó Cachiro, me hizo darle vueltas a la cabeza de seguido. Pero bueno, eran las 18:15h y el colega de Casares ya se retrasaba. De repente, enfrente del bar del hotel apareció el ex-Sierra Cosworth de Casares, matrícula de Lugo, ¡por supuesto!




Del Sierra se bajó el hermano de Casares, el "Jrober", el dueño del Supercinco GT Turbo amarillo que remolqué. Llevaba sin verlo desde el '94, Casares me contó que estaba estudiando derecho en la universidad, pero pensé que estaría en Santiago como estaba Elena. Y Cachiro no podía creérselo:

- ¿No me jodas qué es el "Jrober"? - dice, poniendo cara de estar flipando - ¡El fulano con el qué hablé por el teléfono, hablaba decentemente!

Pagué las cremas y salimos del hotel, empezamos a hablar con Jrober. Al parecer, llevaba dos años en la ciudad condal estudiando derecho en una universidad privada, de máximo nivel como iría Casares. Desde que llegó a la universidad, los profesores le recomendaron un logopeda que según decía Jrober, enseñaba a extranjeros a hablar correctamente el castellano nacional. Y bueno, Casares le había cedido el Sierra a su hermano para moverse por Barcelona, Jrober estaba ilusionado con el coche, aunque no contento:

"Llevo con el coche en Barcelona un año, ya me lo han intentado robar cinco veces y, ¡porqué tengo alarma! Qué sino, se lo llevaban."

La vida en Barcelona con un Sierra Cosworth, tal como nos contaba Jrober, era difícil. El Sierra también había cambiado, llevaba una preparación de motor que elevaba la potencia a 270 cv, según él, para no llegar tarde a la universidad por la autopista. ¡Joder! Algunos llevamos 100 cv y ya nos llega de cojones.

- Bueno, ¿queréis tomar algo en uno de los mejores pafetos de Barcelona? - nos propone Jrober - ¡Allí se mueve toda la jet set de la ciudad! - nos dice, riéndose.

- ¡Perfecto! - responde Cachiro, riéndose - ¿Conduces tú, Jrober? - le pregunta de coña, ya que Jrober tenía pocas manos con su GT Turbo.

- Joder, Cachi. - le digo - ¡Ahora le podremos llamar tranquilamente, Rober! ¿O no? - digo riéndome, mirando a Jrober.

- ¡Para, para y para! Aún no le he oído pronunciar alguna erre. - dice Cachiro, riéndose.

- Pablo, ¿a ti te vale X-erre-2? - contesta Rober entonando la erre perfectamente, riéndose.

- ¡Yo me parto el culo, tio! - dice Cachiro riéndose, mientras se sube en el Recaro del acompañante del Sierra.

Salimos de allí a toda pastilla, el Sierra tenía un empuje impresionante. En ese momento, deseé tener otra vez en mis manos aquel Fiesta Turbo, la impresión de estar dentro de un Cosworth comiéndose el asfalto, la había vivido en parte, en aquel Fiesta. Llegamos al pub, al ver en la puerta un 911 y un Ferrari Testarrosa aparcados, ya me imaginaba de que iba el rollo. Aparcamos el Sierra en doble fil y salimos, en la entrada, llena de niñatos con polos de Lacoste, solo bastó el saludo de Rober al portero para pasar:

- ¡Bueno qué, parece qué hay chollo, Manolo! - le decía Rober al portero, mientras entrábamos.

Dentro del pub con música dance de fondo, pedimos algo y empezamos a hablar de la discoteca, ¡qué si máximo nivel, qué si es la de Dios y mi madre! El sitio era impresionante, tías buenas por todas partes, chuloputas trajeados metiéndoles mano y viejos verdes con putas y cocaína.

- ¡Bienvenido a los '90 en grado puro, neno! - decía Cachiro, siguiendo con la mirada a una rubiaza.

Entre pitos y flautas, Rober era el puto amo del pub, todas las chicas le saludaban y con mucho morbo. También nos habían invitado a tomar algo en el despacho del mandamás, subimos y entramos, en la habitación había dos chicas haciéndole compañía al dueño:

- ¡Buenas, Roberto! - le saluda el dueño - Has hablado con tu hermano, ¿sobre lo de los cincuenta kilos de coca?

- No, pero aquí tienes a sus esbirros. - le contesta, mientras se sienta en otro sofá del despacho.

El dueño quería encargarnos esa cantidad y pagarnos tantos millones, según él:

"¡Qué pies tiene un ciempiés!"

Al salir del pub, Rober nos contó que Casares pasaba de hacer negocios con ese fulano. Tal vez, por la historia de Paquiño en Barcelona.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:40

Jueves, 28 de marzo de 1996.

Al acabar la noche con Rober, este nos dejó en el hotel para poder descansar y pillar el ferry a la mañana siguiente. Nos levantamos a las 9:00h, nos duchamos, pagamos el hotel y pillamos un taxi para embarcar en el ferry. Estando en la taquilla de entradas:

- ¿Qué haremos en Mallorca mientras tanto? - le pregunto a Cachiro.

- Mallorca es fonki, ¡malo será! - responde, haciendo alusión a una canción de la Opepé.

Llegamos a la isla a las 15:00h y alquilamos un coche, un Escort TD:



Empezamos a dar vueltas por Mallorca, bordeando el paseo marítimo mirando el panorama. Coches deportivos, viejos adinerados en terrazas de bar y tias, muchas tias buenas. Cachiro dice:

- ¡Joooder! - exclama - ¡Y yo que pensaba que ya había visto de todo en mi vida, tio! - dice riéndose, mirando para un grupo de morenazas.

Encontramos hotel, muy barato y discreto pero claro, no tenía piscina, estaba a tres kilómetros de la playa y parecía que habíamos viajado veinte años atrás en el tiempo. Eso sí, costaba 5.000 pesetas la noche una doble. Pillamos el Escort y nos dirigimos a una zona de taxis, pillamos un taxi que era un híbrido entre un 405 Diésel y un Mi16 en estética, estaba guapo, ¡eh! Pues eso, le indicamos de ir al Dance Hall (el local de la compra), al cuarto de hora, llegamos a la zona de fiesta de Mallorca. Ilusos de nosotros, pensábamos que uno de esos locales de máximo nivel sería cómo el Dance Hall, pero para nada, estaba situado a más distancia de esa zona, concretamente, a dos kilómetros. En cuánto llegamos, el taxista dice:

- ¡No sé, cómo tenéis cojones de acercaros por aquí!

- ¿Y luego, no será un local de maricones o lesbianas? - le pregunté riéndome, debido a anteriores situaciones.

- ¡No hombre, no! - se queda el taxista en blanco - Bueno sí, ¡antes lo era! - se empieza a reir - Ahora solo se mueven gitanos por aquí. - nos dice.

- Vale, volvamos a la zona de taxis, dónde le hemos encontrado. - le dice Cachiro.

Volvimos a la zona de taxis, pillamos el Escort y empezamos a hacer turismo por Mallorca en pleno Marzo. Cenamos en un restuarante de máximo nivel, aunque claro, ¡el bogavante del norte no lo supera ni Dios! Por la noche tomamos un par de copas por la zona de marcha de la isla. Nos volvimos al hotel a las 4:00h, para dormir.

Al día siguiente, nos levantaron las chicas de la limpieza del hotel. Posteriormente, una hora más tarde mientras desayunábamos, me llamó Casares:

- Mamón, ¿qué tal la buena vida?

- ¡Coño, Casares! - exclamé - Pues de puta madre. Por cierto, el Dance Hall este, ¿es un local de gitanos? - le pregunté.

- Sí, ¿por?

- Pues coño, ¡podrías especificarlo antes de venir! - le digo.

- Y luego, ¿ha pasado algo? - me pregunta Casares.

- No, ¡pero joder! - comenté enfadado - Y, ¿sí pasa, qué cojones hacemos? - le pregunto.

- Tranquilo, Cachiro lleva una pipa. - me dice, tranquilamente.

Aquel último comentario me tranquilizó, al mismo tiempo qué hizo que me enfadase. Al acabar la conversa, le digo a Cachiro:

- ¡Joder, Cachi! Siempre soy el puto último mono en enterarse. - le digo, debido a que no sabía nada de la pistola - Llevas una pipa y no sabía nada, tio. - le comenté por lo bajo.

- Mira, ¡sería mejor que no lo supieras! - me responde.

- Y, ¿por qué? - le pregunto.

- Porqué cuando llevas un arma, te vuelves mucho más chulito. - me dice, mientras le da un sorbo al café - Los de Becerreá, mira que no montaron peleas, para luego amenazar a la peña con la pistola que les había entregado Casares.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 5:53

Sábado, 30 de marzo de 1996.

Ayer apenas hicimos nada, solo pasear y tomar algo por las numerosas terrazas de bar de la isla. Hoy era el día y eran las 23:00h, nos preparamos para salir y pillamos el cheque, nos montamos en el Escort y directos al Dance Hall. Las noches de sábado en Mallorca, incluso en Marzo, eran acojonantes. Tardamos tres cuartos de hora en llegar al Dance Hall, fuimos por la misma ruta por la que nos llevó el taxista hace dos dias, o sea, cruzamos toda la zona de marcha.

Al llegar al Dance Hall, decir que el local, estaba en medio de la nada en un desvío procedente de una buena carretera. Se notaba el pésimo nivel que tenía el sitio, como nos comentaba el taxista, gitanos apoyados en la pared y algún que otro yonkazo por allí. Aparcamos el Escort entre dos Mercedacos antiguos de cojones, al bajar y pillar la bandolera con el cheque dentro, Cachiro colocó la pipa a mano por si acaso.

Entramos dentro, no sin antes percibir malas miradas por parte de los gitanos que había en la puerta. Imagináos, ¡todo esto con Los Chunguitos de fondo! Pedimos un par de cremas en la barra, nos atendió una gitana guapísima, lo único bueno del local. A los cinco minutos, Cachiro le pregunta a la chica:

- ¡Oye! - le llama la atención, cosa imposible con la música alta de cojones - ¡¿Está por aquí el encargado?! - le pregunta.

- ¡¿Quién?! - pregunta, pero acompañando el gesto de no tener ni puta idea de lo que sería el encargado del local.

- Joder. - piensa en como decírselo - ¡El jefe, guapa! - le dice Cachiro.

- ¡Aaaaaaah! - hace un gesto de asimilación y empieza a buscar por el local - ¡Camiiiiiiiiiilo! - exclama, mirando para un gitano gordo de cojones.

El gitano se acerca a la barra y pregunta lo que pasa. La chica le dice que nosotros le estábamos buscando. La conversa, fue tal que así:

- ¿Qué coño queréis? Payos de mierda. - suelta el gitano, depués de mirarnos de arriba a abajo.

- ¿Cómo que qué coño? ¡Gitano de los cojones! - le suelta Cachiro.

Acto seguido, el gitano saca una pipa y dispara al aire:

- ¡Me cago en tus muertos! A mí me tienes respeto o te mato aquí mismo. - dice el gitano, apuntándole.

- ¡Me caaaaaago en Dios! - dice Cachiro riéndose y con mala ostia a la vez - ¿Qué pasa, quieres competir a ver quién la tiene más grande? - dice Cachiro, al mismo tiempo que saca su pipa, de un calibre acojonante en comparación al del gitano.

Acto seguido, la música deja de sonar y la camarera saca otro pequeño calibre de debajo de la barra y nos apunta. A la vez que otro par de gitanos que andaban por el local, también nos apuntan.

- ¡De puta madre, Stallone! - le digo a Cachiro.

- Tranquilidad, ¡somos los de Lugo! - exclama Cachiro.

- ¡Cómo si sois de León, pal hoyo que vais! - suelta Camilo, el gitano.

Al acabar de decir la frase el gitano, apareció una mujer, ¡vestida como una pitonisa o la madre que me parió!:

- ¡Camilo, suelta la pistola! - le dice la mujer - Qué vienen a hacer negocios.

- ¡Vale, jefa! - dice el gitano, mientras guarda la pipa - ¡Porqué lo ha dicho la Lola, qué sino, os veo de cojones! - nos dice a nosotros.

La mujer empieza a hablar con nosotros y nos lleva a su "despacho", le contamos todo lo que pasó y nos recomendó que pasáramos de Camilo, el gitano. Llegamos al "despacho", si el hotel ya nos parecía antiguo, el despacho de Lolita, ya nos parecía Patrimonio de la Humanidad. Sofás de cuero marrones, una gramola, una radio de madera, un sillón de cuero negro desgastadísimo y, ¡una mesa de la época de sabe Dios! Empezamos a hablar:

- ¡Bueno, chavales! - dice Lolita, mientras se sienta en el sillón - Sentáos.

- Pues bueno, ¿usted ya lo ha hablado con nuestro compañero, no? El modus operandi, ¡vamos! - le preguntó Cachiro, refiriéndose a si lo había hablado con Casares.

- ¡Sí, chaval! - asiente Lolita con la cabeza - Ya me lo explicó, apuntadme vuestro número de teléfono aquí y entregadme el talón. - nos dice, mientras nos da un post-it para apuntar el número.

Le apuntamos el número en el post-it, al momento nos ofrece un poco de chinchón para celebrar el negocio. Nosotros pasamos, le soltamos la excusa de que debíamos conducir y ya íbamos un poco bebidos. Salimos del "despacho", pasamos al lado de Camilo, el gitano, se nos quedó mirando con una mala ostia impresionante mientras se bebía de un trago un vaso de whiskey.

Mientras salíamos por la puerta, Camilo suelta por lo bajo:

- Mierda de payos. - tose - Si los pillase en la calle, ya estaban muertos.

Cachiro y yo lo oímos perfectamente y claro, Cachiro saltó a la conversa:

- Mira, ten cuidado. Porqué como te pille sin todos tus chupapollas delante, a lo mejor ibas a ser tu el fiambre. Y vámonos Pablo, ¡qué ya estoy hasta las pelotas de ver a este saco de mierda delante mía!

Acto seguido, Camilo se abalanzó con una navaja directo a Cachiro, pero yo me puse por delante y me clavó la navaja en el antebrazo. Cachiro se abalanzó sobre Camilo, lo tiró al suelo y empezó a darle puñetazos en la cara, el último golpe lo rebordó colocando su Lotus de aluminio en los dedos, a modo de puño americano y dándole en la nariz, dejándolo inconsciente en el acto. Los del bar sólo miraban, seguramente no entraron a la pelea por llamarles antes la atención Lola. Yo no saqué la navaja del brazo por si me desangraba, estaba sentado y apoyado mirando el espectáculo entre Cachiro y Camilo.

- ¡Y cómo vosotros me jodáis, os remato con la pipa! - dice Cachiro a los que estaban en el bar, al levantarse y colocarse el reloj - Qué seguramente no esté roñosa como las vuestras.

Cachiro me sacó rápidamente del Dance Hall, montamos en el Escort para encontrar un hospital y nos topamos con una patrulla de Policía Local de la isla. Cachiro le hizo señas con las luces y se paró en medio de la carretera, los policías se pararon a nuestro lado:

- Estábamos paseando por aquí y ¡ostiá! De repente salen dos fulanos e intentan atracarnos, nos resistimos y le clavaron la navaja en el brazo al colega. - le mentía Cachiro, estando los dos coches en medio de la carretera.

La patrulla puso las luces de emergencia y nos preguntaron si daríamos seguido su ritmo, por supuesto que dábamos. En diez minutos siguiendo a la patrulla, nos llevaron a un hospital en la capital. Entramos en Urgencias, entre que me sacaron la navaja y me hacían los tratamientos específicos, estuvimos allí hasta las cinco de la mañana. Salimos de allí e imagináos a mí, con el brazo vendado, medio atontado de lo que me dieron para el dolor y con Cachiro preguntándome todo el tiempo si estaba bien, acabé hasta las pelotas de Mallorca.

Nos volvimos al hotel para que yo descansase, Cachiro quería ir a aclarar las cuentas al Dance Hall. A continuación, relato desde la perspectiva de Cachiro:

"Llegué al Dance Hall, Camilo estaba cerrando la persiana del local y Lola estaba con él. Fui hacia a ellos con la pipa en la cintura por detrás, por si acaso. Le conté todo el rollo a Lola, lo que pasó con Pablo y el hospital. Ella hizo que Camilo se disculpase ante mí, aunque no acepté esas disculpas, si Pablo muriese, no sabría explicar lo que llegaría a hacerle."

Al día siguiente, Cachiro madruga y me deja descansar por lo de anoche. Lola le llama al teléfono y le informa de que todo está en orden, a las 11:00h se realizaría la entrega en la puerta del hotel, la entrega la organizó Cachiro. Me levanté a las 10.30h con un sabor de boca acojonantemente asqueroso y medio ido por todo lo que me habían dado en el hospital, vamos, ¡como después de pasar una resaca!

Cachiro me explica el rollo de la entrega, a las 11:00h ya estábamos en la puerta del hotel. Un cuarto de hora más tarde, aparecía Lola en un Mercedacos de los que estaban aparcados ayer a la madrugada en el Dance Hall, conducido por Camilo (¡con la cara guapa de cojones, eh!):



Lola se baja y Camilo se queda en el Mercedes, Cachiro le dice a Lola:

- ¿Está el tema?

- Sí, en el maletero del coche. Por cierto, fenomenal el trato con vuestro jefe, mandadle mi enhorabuena. A ver si podremos trabajar una vez más. - contesta Lola.

- No creo. Lo de ayer a la noche, ha sido la gota que colmó el vaso. - le contesta Cachiro.

- Ya, lo siento mucho. Es mi sobrino y está muy trallado por la vida que ha llevado. - contesta Lola, apenada - Por cierto muchacho, ¿estás bien? - me pregunta.

- Trato de estarlo. - le contesto - ¿Nos vamos, Cachiro? - le pregunto a Cachiro.

- Sí. ¡Nos vamos! - contesta - ¡Bueno, señora! Un placer por su parte. - le dice Cachiro a Lola.

- Igualmente muchachos, y perdonadme. - se lamenta Lola.

Abrimos el maletero del Mercedes y había un par de bolsas de deporte, comprobamos el material. Cachiro se pasa una poca por los dientes y da el visto bueno a la mercancía, sacamos las bolsas y las metemos en el Escort alquilado. Lola y Camilo salen de allí en el Mercedes.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por mayte_xr2 el Dom 5 Sep - 10:06

buffffff cada dia me gusta más!! clap2
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 5 Sep - 11:04

Domingo, 31 de Marzo de 1996 (continuación).

Pagamos el hotel con la tarjeta de crédito, pillamos el Escort y vamos hasta la estación. Estaba abierta, ya que al ser fin de semana, había mucho dominguero de la zona mediterránea de la península que hacía viajes hasta Mallorca. Devolvemos el Escort en la oficina de alquiler y pillamos los pasajes para el ferry con destino a Barcelona para salir a las 15:00h. Hasta salir en el ferry, charlamos y comimos en un bar cercano.

Ya era hora, pillamos el ferry y llegamos a las 20:00h a Barcelona. En el ferry llegando a Barcelona, Cachiro ya había llamado a Rober para que viniese a buscarnos a la zona de llegada. Pues eso, bajamos del ferry con el equipaje en la mano (nada menos que unos cuantos millones en polvo) y buscamos el Cosworth de Rober, pero nada, no estaba. Al cabo de media hora, apareció por allí:

- Bueno, ¿qué ostia pasa? - le suelta Cachiro, al bajarnos Rober la ventanilla del Cosworth - ¿Piensas que somos una cita y te haces el interesante?

- ¡Buuuf! Estaba en el bar tomando algo y me acabaron liando los de la Uni. - le contesta Rober.

- Anda, ¡dale para abrir el maletero! - le dice Cachiro.

Le contamos todo el rollo a Rober, lo de la navaja y la pelea con el gitano. Cachiro soltó la gracia de que el Lotus aún seguía funcionando, yo ya ni me acordaba del golpe con el reloj. Pasamos de hacer el viaje, Rober aún no tenía preparadas las maletas para la muda del viaje de ida y vuelta. Nos llevó hasta su casa, pasaríamos allí la noche hasta mañana a las 14:00h que saldríamos, descartamos ir por la mañana debido al tráfico de la zona a esas horas.

Al día siguiente me desperté a las 10:00h, salí a fumar un pitillo y aproveché para dar una vuelta por Barcelona. Por una acera de una calle de un sólo sentido, me encontré a un hombre mayor poniéndole un cartel de Se Vende a su coche. Me interesé en aquel coche, era un Escort RS Turbo.



Nada más ver lo que tenía delante, le comenté al dueño que quitase el cartel, ya lo tenía vendido. Hablé con él sobre el coche, se lo compró nuevo en el '88 para cambiar su viejo Seat 850, fue tal que así:

"Pues los fines de semana, iba al pueblo, hacía unos veinte kilómetros por carretera nacional, aún por encima, por pendiente. No podía adelantar a los camiones con el 850, me hacía falta potencia para ello y eso, era un peligro. Cerca de aquí había una concesión Ford, entré para informarme y les comenté el caso de que necesitaba potencia para adelantar camiones. Me endosaron este coche y ¡qué decir! Adelantaba a los camiones hasta en cuarta."

El coche tenía 78.000 kilómetros, ningún mísero roce o golpe y lo vendía para pagarle la señal de un piso a su hija. Matrícula de Barcelona, tenía como equipamiento extra, los asientos Recaro y el paquete eléctrico (elevalunas eléctricos y cierre centralizado). No tenía techo solar, pero daba igual, se lo pondría como ya hice con el Fiesta.

El dueño, José, me lo dejó probar antes de pagarle nada, por si no me convencía. Salimos de allí, esperando su tiempo porque el coche estaba frío, el andar del coche en segunda era lo mismo que en el XR2, sonaba como pidiendo estirar la marcha y cambiar a tercera. Lo probé a fondo por un polígono cercano, con el consentimiento de José ya que según él, "¡así es cómo se venden estos coches!". El coche, comparado con el Fiesta Turbo negro que me prestaron, estaba muy achicado y no sería porque el Escort fuese diferente, ya que casi era el mismo motor, con más favor por parte del Escort al llevar un turbo más grande. Pasaron casi dos horas, con llamadas de Cachiro para saber en dónde estaba, le contesté que volvería pronto, con una buena sorpresa.

Después de probar el coche, le pregunté a José por un Banco Santander, era mi banco y sería sacar el dinero, pagarlo y hacer la transferencia en una gestoría para llevármelo a Lugo. El seguro, sin problema, le quedaba hasta julio. Seguí sus indicaciones hasta un Santander, pillé 800.000 pesetas en efectivo, para pagar las 750.000 que pedía José por el Escort y el resto, para gastos de gestoría y el viaje de vuelta a Lugo. Le pagué el coche en el acto, José me recomendó ir a la gestoría de su cuñado y me comentó que me haría descuento. Llegamos a la gestoría, hicimos las gestiones necesarias y firmamos, el permiso de circulación me lo enviaría la gestoría a casa de mis padres por correo. Allí en la gestoría, me prepararon un papel de compra-venta para hacer el viaje hasta Lugo, sin tener ningún problema por parte de Tráfico.

Al finalizar todo el papeleo, serían las 12:30h, llevé a José hasta a su casa para que sacase todas sus cosas del coche. Subió al piso para darme las llaves de repuesto y todos los papeles que tenía en casa sobre el coche, me marché de allí contentísimo, aunque creo que José, para nada quedó contento. Llegué a casa de Rober y aparqué el coche en doble fila para que bajasen a verlo, timbré al telefonillo y les comenté que bajasen:

- Mamones, ¡bajad rápidamente! - le dije a Rober, que fue el contestó al telefonillo.

Cachiro y Rober bajaron al par de minutos, en cuanto me vieron apoyado en la aleta del Escort y la ventana del mismo bajada, ya se debieron de dar de cuenta:

- ¡Diooooos! - exclama Cachiro - ¿Has comprado un Escort Turbo, Pablo? - me pregunta.

- ¡Correcto, mamón! - le contesto.

- ¿Y cómo cojones, sales de paseo para fumar un cigarro y te compras un coche? - me pregunta Cachiro, flipando.

Le conté todo lo que pasó, después de contárselo, Rober me recomendó aparcarlo en el parking de su edificio, en una plaza que lleva vacía desde siempre. Subí y comimos unos huevos fritos con jamón, a las 14:00h salimos rumbo a Lugo, Rober había cerrado las persianas y la puerta, ¡ahora sí! Camino a Lugo, ¡vamonos!

Al salir de Cataluña, paramos en una gasolinera para repostar el Sierra de Rober, ¡gracias a Dios! El Escort llevaba el tanque lleno. Llevaba toda esa parte del viaje escuchando los 40 principales, así que entré en la gasolinera para pillar un casete. En la gasolinera aún había variedad de cojones, pillé una cinta de Def Con Dos, otra de Los Chichos y otra más de los Chunguitos. Salimos de la gasolinera, por mi parte, con Def Con Dos a tope.

Después de doce horas de viaje, alternando todos los casetes que me había comprado, llegamos a Lugo a las 2:00h.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Dani el Dom 5 Sep - 13:09

Se te echaba de menos, ahora me pongo a leer icon_e_wink

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Rasantes el Dom 5 Sep - 18:45

Muy bueno, me lo he tragado todo de golpe!
Se te echaba de menos si!
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por xtm_sport el Mar 7 Sep - 12:57

vaya que si se te echaba de menos... jajaja
vaya locura la del escort... jajaaj
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Mar 14 Sep - 22:29

Lunes, 1 de abril de 1996.

Llegamos a Lugo a las 2:00h, paramos en un semáforo de la ronda y los dos coches bajamos la ventanilla:

- ¡No sé si tirar a casa, chavales! - les digo.

- ¡Tira, tio! Necesitas descansar, ¡has conducido todo el viaje tú solo! - me dice Cachiro desde el Recaro del conductor, le tocaba conducir a él (se turnaban).

- Perfecto, ¡mañana tengo que ir a buscar a Elena a la estación! - le digo - Mañana te pego una llamada y miramos el tema, ¿vale? - le propuse a Cachiro.

Se pone el disco verde:

- ¡Pues eso, Cachi! - exclamo - ¡Hasta mañana! - me despedí de Cachiro, ya que Rober estaba durmiendo.

Pillé el primer desvío para dar la vuelta, llegué a casa al cuarto de hora siguiente y abrí la puerta del garaje. Entré y aparqué en mi plaza, salí y empecé a fumarme un pitillo. Pensé en el Fiesta, no sabría si venderlo, me quedaría mal sabor de boca ya que había sido mi primer coche. Por eso, pensé en ir a buscarlo a casa de Cachiro con Elena y que ella lo trajese conmigo al pueblo y allí lo guardaríamos, pero bueno, habría que pensar en que hacer antes de nada con esa maravilla de grupo corto. También, esa noche estaba que no cagaba, pensaba sorprender a Elena con el nuevo coche y llevarla a cenar por ahí. Ella, llevaba un mes estudiando sin parar para la evaluación de febrero y durante esta, estuvo anticipándose para volver a conseguir el nivel para disponer de otra beca. ¿La verdad? La chica estaba muy potente en el rollo de los estudios, ¡estaba orgulloso de ella, joder!

Antes de nada, decir que ya había empezado la Semana Santa y por eso, tenía que ir a buscar a Elena. Al día siguiente, me levanté a las 9:00h para ir a buscarla a la estación:



Llegué un poco tarde, la encontré al entrar apoyada en una pared, fumándose un pitillo y mirando a ver si aparecía. Me puse a su lado, ella no se pispaba de que era yo el que estaba junto a ella en un Escort blanco, dando acelerones. Estuve así casi un minuto, me cansé y salí del coche para llamarle la atención:

- ¡Joder, morena! - exclamé, riéndome - ¿Te quieres montar? - le pregunto, irónicamente.

- ¿Pablooooo? - se sorprende Elena - ¿Te han dejado otro coche, verdad? - me pregunta.

- No, lo he comprado. - le contesté, contento.

En ese mismo instante, se monta en el coche y me hace una seña para yo también entre, empezamos a hablar más calmados:

- Pablo, ¿hace un mes y pico no tenías dinero para ir de cena, ahora me estás contando que te has comprado un coche? - me pregunta, muy seriamente.

- He cobrado la extra por adelantado y ya sabes, ¡los abuelos siempre están para todo! - le contesté riendo, también mintiendo.

- ¿Y el piso, el Fiesta y todo? - me pregunta, aún más seriamente.

- Bueno, ¿qué ostia pasa? - le contesto, de mala gana - Es mi dinero, Elena. ¡Cómo si me lo gasto en Micro Machines! - le contesté.

Salimos de allí de mala gana, ¿quién cojones era ella, para cuestionarme en qué gastar mi dinero? Pues ella tenía razón, era mi novia y pensaba que aún estaba de currele cobrando un mísero sueldo y con gastos importantes, como el alquiler y los coches. Algún día pensaría en contárselo, pero eso sería el día en que dejase el rollo.

Debía acercarla al piso, ella dejaría las maletas y tendría que llevarla al pueblo, a que visitase a su familia. Llegamos al piso y aparqué en doble fila, dejó sus maletas y la convencí para que condujese:

- ¡Anda, morena! - le solté, mientras le abría la puerta del conductor - ¡Conduce tú, qué me da morbo!

Aceptó, pero vaya desastre, tenía miedo al conducirlo ya que decía que corría mucho. Por la nacional, con el reloj de la temperatura caliente para hacer burradas (de esto último, Elena se dió de cuenta primero), se nos pega un Kadett GT.



Elena reduce a cuarta y empieza a acelerar, el Kadett igual:

- ¿Qué haces, tía? - le pregunto.

- ¿No te daba morbo verme conducir? - me suelta, riéndose.

Acto seguido, Elena pisa a fondo en cuarta, bajando por una pequeña pendiente. El Escort se pone al tope de revoluciones, casi rozando las 5.800 RPM, cambia a quinta y pillamos una recta mítica del tramo de aquella nacional. Cada vez nos vamos alejando más de aquel Kadett, llega una curva abierta, Elena reduce a cuarta y salimos fogueados por una pequeña cuesta arriba, ya ni vemos el Kadett:

- Pablo, ¡este coche, vuela! - dice Elena, encantada.

¡Y tanto qué volaba! Casi volamos por la cuneta al salir de la gran recta. Elena se relaja, reduce y reduce, hasta bordear el límite de velocidad, 100 km/h. Pero de repente, el Kadett nos pasa a toda ostia, Elena se vuelve a encender:

- ¡Anda, tía! - le suelto - Relájate.

Me hizo caso, no le quedaba otra opción, era mi coche.

Ese mismo día, Elena visitó a su familia en el pueblo y yo fui a enseñarle el cacharro a mi padre. No le moló nada que me comprase otro coche y mientras miraba el coche de arriba a abajo, me dice:

- Pero chaval, ¿eres millonario o qué cojones pasa?

- ¡Bueno, papá! - le salté - No me toques los huevos, hasta ahora tengo dinero de sobra.

- Y el Fiesta, ¿iba mal? - me pregunta.

- No, joder. Pero necesitaba otro coche, para adelantar camiones. - le contesté, riéndome.

- Si hombre, sí. Me dejarás probarlo, ¿no? - me propone.

Se montó en el Escort, maldiciendo los Recaro (decir que mi padre nunca se montó en el Fiesta, llevando Recaro) en la zona lumbar. Se puso el cinto y arrancó el cañambro, estiró la primera, como bien hacía mi padre en todos sus coches y estiró segunda, tercera y parte de la cuarta:

- Esto tiene mucha fuerza, ¿eh? - me dice, pasando a fondo por la recta del bar del pueblo - ¿Cuántos caballos tiene? - pregunta.

- Pues, 100 o por ahí. - le contesté, mintiendo.

- Pues anda más que el mío y eso que supera al tuyo en potencia. - dice, reduciendo - Pero claro, el mío son 105 caballos con calidad, ¡chaval! - decía como siempre, orgulloso del Orion.

- Pero es por la sensación del turbo, papá. - le contesté.

- Será, será. - dice.

A mi padre no le gustó el coche, por los putos asientos solamente. Siempre intentaba chincharme, pero me la sudaba, le daba cera en todos los casos. Hablé con mi padre sobre qué hacer con el Fiesta:

- Déjaselo a Elena, para callejear por Santiago y venir a Lugo por vacaciones.

Mi padre me comentó una buena idea, no se me había pasado por la cabeza desde que compré el Escort. Volví a buscarla a casa de sus padres, por el camino de vuelta a Lugo, le comenté la idea que me había dado mi padre, le encantó:

- ¡Fenomenal, Pablo! Mi padre me iba a dejar su coche (un Renault 9) para ello, pero entre que no me gustaba y está apunto de acabarse el curso no me había decidido. Con el Fiesta, seré la chica más marronera de la Facultad. - decía Elena, riéndose.

- Sí, como te joda un radar de carretera o algo. Pagas tú las multas. - le decía, riéndome.

Llegamos a Lugo y quedé con Cachiro, quedamos en tomar algo en el Arrás. Cachiro se traería a un viejo ligue, para compensar las compañías. Elena y yo llegamos al Arrás, Cachiro tenía el BMW en el aparcamiento y por allí, pululaban Chus y compañía, aparqué y se acerca Chus a saludarme:

- Coño, ¿y este coche? - dice, mientras se acerca a mí - ¿Lo compraste? - me pregunta.

- Sí, ¡ayer mismo, tio! - le contesté.

- ¡Buuf! Está precioso, tio. - dice, mirándolo desde lejos - Por cierto, el Cachiro está dentro, cuidado, no te vaya a echar fuera de la carretera después. - me dice, riéndose.

Mientras, se acerca Elena, que estaba retocándose con los cristales del Escort:

- Ei, Elena. ¿Qué tal? - le saluda Chus (cuando salté de mediados de 1995 a enero de 1996, se conocieron en ese período).

- Perfectamente Chus, ¿qué tal?

- Bien también. Pues eso, Pablo. ¡Cuidado con el Cachiro! - me dice, repitiéndose.

- ¿Qué pasa con Cachiro? - le pregunta Elena - ¿También le conoces? Apúntate a tomar algo, nosotros ya hemos quedado ahora con él.

- ¿Sí? - se pregunta Chus - ¿Estáis de coña, verdad?

- Para nada, Chus. - le contesté - Si quieres algo, estamos dentro. ¡Cuidate! - le dije, mientras cogía a Elena por el brazo para entrar en el Arrás.

Entré en el Arrás y le comenté la conversa con Chus a Cachiro:

- Ése es subnormal profundo, lástima no se matase el solito con el AX. - decía.

Tomamos algo con Cachiro y su ligue en el Arrás. El ligue de Cachiro se llamaba Alba, era muy pija de nuestro señor y acabó poniendo de los nervios a Elena y a mí. Mintras tomábamos algo, Alba tomó un tiempo para ir al baño con Elena y Cachiro me decía:

- La chica es un poco tonta, pero amigo, ¡vaya cuerpo! - decía riéndose.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Mar 14 Sep - 22:32

Viernes, 11 de abril de 1996.

Se nos pasó la Semana Santa volando, Elena me echó la bronca porqué mientras intimábamos, se fijó en la venda de la puñalada de Mallorca y pensó que me metía en peleas. Por otro lado, se fue de Lugo contentísima, se llevó mi ansiado Fiesta con el grupo corto alemán, así que diversión no le faltaba. Lo que tenía pensado hacer con aquel grupo corto, era ponérselo al Escort y la caja original de este último, al Fiesta. Pero bueno, hasta dentro de un par de semanas que ella vuelva, ya se verá. También, durante toda la semana, Elena y yo salíamos de fiesta con Cachiro y otro ligue suyo, nos recorrimos toda Galicia de discoteca en discoteca, mereció la pena hacer todas esas kilometradas. La coca de Mallorca, según Casares, estaba de puta madre. Para celebrarlo, se vino con Cachiro, respectivas parejas nuestra y yo a La Coruña a celebrarlo por las discotecas. Rober se volvió a Barcelona al día siguiente de venir, claramente, para aprovechar las vacaciones en la ciudad condal. Al acabar la Semana Santa, empecé a trabajar de nuevo en mi trabajo de siempre, volvíamos a la rutina.

Hoy era otro día de tantos, estaba trabajando en la empresa, por lo menos era viernes y al salir, tenía una perdida de Casares. Mientras salía del polígono en donde trabajaba, llamé a Casares mientras conducía:

- ¿Qué pasó? - le solté a Casares, sin saludar.

- ¡Buuuf! - balbucea - ¿Sabes el Festival de Rock que hay hoy, en Guntín? - me preguntó, refiriéndose a un festival que se montaba en una población al lado de Lugo, con grupos rockeros de finales de los '70 y principios de los '80.

- Sí, ¿quieres ir, verdad? - le pregunté, pensando que me habría llamado para quedar.

- ¡No hombre, no! - exclama - Tienes trabajo, acércate a mi zulo y te lo explico. - me comentó y colgó.

Llegué al zulo de Casares a las 20:30h, entré:

- Bueno, ¿de qué va el trabajo? - le pregunto, mientras me siento en el sofá.

- Tienes que llevarles un poco de coca a un grupo que toca en el festival de Guntín, parece que tenían una cuanta para toda la gira y se les ha acabado. - se ríe - Me ha llamado un colega mío, uno de los que organiza el festival ese y tal, debes llevarles unos veinte gramos al grupo ese, Los Torpedos (nombre ficticio para el grupo, por no estropear la imagen del grupo en el que me baso al escribir el capítulo) o la madre que me parió se llaman. - contesta Casares.

- ¿Yo sólo, no? - le pregunté.

- Pues claro, joder. - me contesta.

- ¿Y les cobro?

- No, no les cobres nada. Se queda como un favor. - me contesta.

Efectivamente, Los Torpedos era uno de los grupos que tocaban en el Festival. Le encantaban a mi padre y yo me sabía muchas de sus canciones. Tenía pensado ir, pero Elena estaba en Santiago y Cachiro y compañía, pasaban de eso.

Pillé la bolsita con los veinte gramos y salí directo a un hotel de las afueras de Lugo, en donde estaba el grupo. Llegué al hotel, como me recomendó Casares, pregunté por el representante. El representante no estaba, así que directamente, pregunté por Torpedos, así de paso me firmaban un autógrafo para dárselo a mi padre y los conocía en persona. El recepcionista me decía que eso no podría ser, pero en ese mismo momento, el líder de Torpedos, pasaba por allí con la prensa en la mano, claramente, vestido de rockero. Lo reconocí al instante:

- ¡Yako! - le grité, al reconocerlo.

- Pero, señor. ¡Modérese! - me decía el recepcionista.

Marché junto a Yako, el líder de Torpedos, el recepcionista ni se volvió para detenerme. Me acerqué a él y le comenté por lo bajo lo de que le traía la coca:

- Coño, ¡pues de puta madre! - decía, agarrándome por los hombros - Venga, ¡te subes a la habitación a conocer al grupo!

Subí a la habitación, me presenté como un gran fan del grupo y me firmaron una camiseta que tenían por allí de la gira con un permanante plata. Ellos se empezaron a meter un poco de coca:

- ¿Quieres un poco de polvo mágico, Pablo? - me decía Yako, antes de meterse un poco.

- No, gracias. - le contesté, ya que no me meto nada de nada.

Estuve una hora y pico hablando con ellos, sobre que estuve en un concierto suyo hace diez años en Ourense, de cuando era un crío. También de temas suyos que me marcaron a mí mucho y más aún, a mi padre. Vamos, debatimos entre cervezas y tabaco.

Acto seguido, aparece el representante:

- Venga, ¡nos vamos a Guntín! - exclama - ¡Y cagando ostias!

El grupo empieza a recoger todo para irse a Guntín, Yako me dice:

- A ver, ¡pásate por Guntín y te invitamos a unos botellazos! - me dice, mientras se pone su chupa.

- Bueno, tengo que volver con mi representante. - contesté riéndome - ¡No creo qué pueda!

- Bueno, ¡me cago en Dios! - exclama - Te llevamos a rastras, ¿vale? - me dice, riéndose.

- Ya veremos, malo será. - le contesto saliendo de la habitación, para llamar a Casares y comentarle como fue el chollo.

Llamé a Casares un par de veces, pero no contestaba. Por suerte, a la tercera contestó:

- Bueno, ¿qué ostia pasa? - contesta Casares, en un lugar con mucho alboroto.

- ¡Ya he entregado eso a los Torpedos, tio! - le digo.

- Pues... - se queda pensando - ¿No querías ir al concierto? Vete con ellos, ¡ahora mismo estoy ocupado! - me dice.

Le hice caso a Casares, le comenté a Yako de ir con ellos al concierto y me pregunto si tenía coche, yo asentí y me recomendó ir detrás de la caravana de coches del grupo, a Guntín. Los muy cabrones me hicieron cargar con una caja de botellas de whisky hasta los coches, pero bueno, iba acompañado de los grandes Torpedos, no me podía quejar. Pillé el Escort y aparqué en la puerta del hotel para esperar a que saliera la caravana de coches del grupo. Ya les había comentado que si veían un Escort blanco en la puerta, me pitasen para que les siguiese. Y así fue, un par de coches y una furgoneta me pitaron, ¡les seguí y directos a Guntín!

Llegamos a Guntín, el tema de aparcar estaba jodido de cojones, coches en las cunetas y por las pistas de tierra, ¡buuf! No se podría aparcar a por lo menos, un kilómetro del lugar. Y eso, que aún faltaba una hora para que comenzase el primer grupo. Pero yo estaba enchufado, les seguí y aparqué detrás del escenario, junto con otros grupos como Asfalto, Barón Rojo y etc...

Con Asfalto preparándose para tocar, hubiese sido la ostia entrar con el Fiesta (ya que llevaba un vinilo debajo de la luneta trasera, que ponía 'Capitán Trueno') a aparcar detrás del escenario. Pero bueno, vayamos a lo que toca, Asfalto empezó a tocar. Los Torpedos y yo nos sentamos en unas sillas detrás del escenario, tomamos unos botellazos (cerveza) mientras los escuchábamos y contábamos batallitas. Al cabo de una hora y media, Asfalto remató su actuación con el tema que llevaba pegado en mi Fiesta, fue bestial, me la sabía de memoria y empecé a cantarla mientras los Torpedos se descojonaban, pero ellos, tarareándola.

Le tocaba salir a los Torpedos, tardaron media hora en preparar su escenario pero al final, la espera tuvo su recompensa. El concierto empezó con unas cinco o seis llamaradas saliendo al aire, para empezar con un tema mítico suyo, de los tantos que tienen.



En medio del concierto, salí de detrás del escenario y me coloqué en primera fila delante del escenario, con los fans. De repente, los ayudantes de sonido del grupo le lanzan una botella de whiskey a Yako, que la atrapa perfectamente a tantos metros de distancia, se la bebe y me la lanza:

- ¡Bebetela Pablo, bebetela! - me decía por el micro.

- ¡Ooooostiá, qué bien sabe! - le grité desde abajo.

Se la volví a pasar y bueno, ¡bestial! Allí tocaban las palmas hasta los puretas de la comisión de fiestas, en algunos momentos hasta saltaban con un solo de guitarra. Los temas pasaban y yo disfrutaba cada vez más, pasaron dos horas y tocaba el tema final, la canción más chula de Torpedos. Allí empezó, solo de guitarra del principio del tema y todo Dios a levantar las manos y los cubatas, le ofrecieron unos cuantos a Yako, que se bebió casi todos y empezaba la acción, empieza a cantar la letra del tema, igual que todos los que estábamos allí. Quedaba un sólo parrafo de la canción y Yako empieza a decir por el micro:

- Bueno, ¡hoy hemos conocido a un personaje increíble! - decía mirándome - ¡Vamos a hacer que suba y cante el último parrafo del tema, jooooder! - exclama, señalándome.

- ¡No, no! - le contesto a Yako, me daba una vergüenza de la ostia.

- ¡Me cago en Dios, subidlo al escenario! - decía Yako a la gente.

La peña me subió al escenario, no podía hacer nada, me agarraron unos veinte y me subieron. Los que me subieron empezaron a bailar por el escenario con el solo de guitarra, yo me moría de la vergüenza. Yako me agarra y me pone el micro, bajan el ritmo del solo para que empiece a cantar y empiezo, una voz muy mala, pero bueno, ¡ahí estaba yo! Cantando con Torpedos.

- ¡Muy bien! - me decía Yako, pasándome otra vez la botella de whiskey.

El concierto acabó muy bien, la gente quería más. Pero el grupo ya estaba reventando, me despedí de ellos y me volví a Lugo. Por supuesto, aparte de los autógrafos del hotel, me llevé la botella de whiskey firmada por todo el grupo.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Dani el Mar 14 Sep - 22:32

Ahora mismo me pongo a leer, gracias tio icon_e_wink

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Dani
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Mar 14 Sep - 22:33

Sábado, 12 de abril de 1996.

Al día siguiente, me levanté a las 16:00h para ir al zulo de Casares. Le llamé, pero no contestaba. Salí de casa, pillé el Escort y en diez minutos llegué al zulo. En frente del zulo, estaban aparcados un BMW M3 E30, el Mercedes 190E 2.5 16v del Comisario, el BMW 325i de Cachiro y el Escort Cosworth de Casares:

- Joder, ¡ha tenido qué pasar algo! - me dije a mí mismo.

Aparqué en doble fila, detrás de ellos. Subí al zulo, peté y Casares preguntó:

- ¿Quién es?

- Soy Pablo, ¡abre!

Me abrió y me llevó hasta al salón, allí estaban los antes citados y Paquiño, fumándose un habano mientras se frotaba la frente:

- ¿Ha pasado algo? - pregunté.

- Sí. - contesta Cachiro - Los gitanos tienen nuevos socios, y estos, no quieren saber nada de nosotros.

- ¿Y? - pregunto extrañado.

- Pues esos hijos de puta que se han aliado con los gitanos, han ordenado a los gitanos jodernos a los distribuidores y estos, han amenazado a nuestros distribuidores de aquí, ¡nos han cerrado el grifo, vamos! Nos han jodido a un par de distribuidores de los de siempre, les han amenazado de muerte o algo así, solo sabemos que ni nos cogen el teléfono, ¡los distribuidores, vamos! - contesta Cachiro - Ya llevan haciéndonos esto desde hace un par de semanas, ¿por qué crees que hemos tenido que ir a Mallorca a por coca?

- Llamad a los distribuidores desde el mío. - les propongo.

- Si ya lo hemos hecho, pero en cuanto les decimos que somos nosotros, ¡nos cuelgan, tio! - contesta Casares.

- Pero, ¿por qué no vais junto a los distribuidores? - pregunto.

- ¡Porqué no sabemos en dónde viven, chaval! Cuando hacemos las entregas, no vamos a buscar la mercancía a su casa, ¡ellos dicen en donde nos pasaríamos a recogerla y a pagarla! - contesta Paquiño, dándole una calada al habano.

- ¡Pues habrá qué hacer algo, chavales! - digo.

- Cómo no vayamos junto a los gitanos. - dice Cachiro, irónicamente.

- ¡Pues joder, chavalín! - exclama Paquiño - Para algo te pagamos.

- Pero joder, ¿piensas que no tendrán matones? - le dice Cachiro a Paquiño.

- Iré con vosotros. - dice Casares mientras abre un armario de doble fondo, en donde guarda sus armas - Llevo algo de buen calibre, por si acaso. - decía, sacando una pequeña metralleta.

- Bueno, no seamos gilipollas. - dice el Comisario - Tengo un plan mucho menos suicida.

- Suelte Comisario, suelte. - le decía Casares.

- ¡Pues, a ver! - se enciende un cigarro - Preparo un grupo de asalto para tenderles una emboscada a los gitanos, os hago pasar a vosotros (Casares, Cachiro y yo) por comandos y pilláis a los mandamases de los gitanos. Traéis a la comisaría a todos y a los mandamases los llevamos a otra parte para interrogarlos, los damos por fugados. Eso sí, llevaremos un poco de nuestra cocaína allí, para que no parezca que llevé a los comandos para nada y quedar mal.

- Ostiá, ¡muy buena Comisario! - dice Casares.

- ¿Pero, cuánta cantidad? - pregunta Paquiño.

- Joder Paco, ¡pues unos dos o tres kilogramos! - contesta el Comisario.

- Por mi parte, ¡lo veo bien! - les digo.

- Por la mía, ¡también! - dice Cachiro.

Paquiño aceptó el plan, Casares guardó su somachigun y Cachiro y yo nos fuimos. Ya abajo, mirando el M3 E30 de antes.



Le pregunto a Cachiro:

- Y el M3, ¿de quién es?

- Es de Paquiño. Máximo nivel, ¿o qué? - contesta riéndose.

Salimos de allí para ir a tomar algo, pero bueno, vayamos a lo de antes. El plan consistiría en ir el lunes por la tarde a la comisaría de García, desde allí, salir preparados en furgonetas blindadas de la Policía, perfectamente preparados y armados, a las chabolas de los gitanos. Tampoco deberíamos matar a nadie, por si nos pidiesen informes y en los mismos informes, se diese a conocer la identidad de los agentes y si así fuese, dejaríamos a García con el culo al aire.

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