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Picando biela (Relato sobre quemados)

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por mayte_xr2 el Jue 29 Jul - 15:51

tengo mono yaaa jajaj quiero más sisi:
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Rasantes el Jue 29 Jul - 15:53

mayte_xr2 escribió:tengo mono yaaa jajaj quiero más sisi:

+1000! roto2

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 1 Ago - 2:04

25 de septiembre de 1994.

Al día siguiente, Elena conducía para volver a casa, después de un día de compras. Subíamos por la nacional hacia el pequeño desvío hacia el pueblo, cuando un Golf GTI de los nuevos se pega a nosotros. Nos da ráfagas:



- Pasa del rollo, Elena. - le digo.

Elena no me hizo caso, redujo a cuarta (lástima de grupo corto) e intentó despegarse todo lo que pudo del Golf, cambiaba a quinta, pero ésta última marcha estaba más orietada a conducir desahogado. Así que era imposible despegarse del Golf:

- ¿Ves? ¡Lista, qué eres una lista! - le replico.

A unos metros estaba el desvío hacia nuestro pueblo. Pone intermitente y se mete por el desvío, el Golf hace lo mismo:

- ¡Coño Pablo! Seguimos teniendo compañía.

- Pues ahora puedes quemarlo. - le contesto.

Elena frena hasta que el Golf se coloca detrás suya. Sale desde segunda como un rayo, el Golf apenas nos da seguido, cambia a tercera pero reduce a la entrada de una curva muy cerrada. Pierde mucho tiempo y sale en tercera, el Golf se le vuelve a pegar a medida que el grupo corto sube al coche de vueltas. Curva cerrada, reduce y la pilla fenomenal, vuelta a empezar desde segunda, exprime, cambia a tercera y no se ven las luces del Golf. Elena sigue yendo a tope por todo el camino hacia el pueblo, definitivamente, ya habíamos perdido al Golf.

Llegamos al pueblo, le pido de parar en el bar, que está a principio del pueblo, a pillar tabaco (también era estanco). Salgo del Fiesta y Elena se queda en el coche. Mientras Elena estaba esperando, el Golf de antes se para junto al Fiesta. Baja la ventanilla del copiloto y le hace señas a Elena para que la baje:

- Morena, ¡te compro por el coche! - le decía el conductor del Golf.

- Lo siento, es de mi novio y no creo que lo venda. - contesta.

Salgo del bar y voy hacia el Fiesta:

- ¿Qué pasa? - le digo al conductor del Golf, mientras dejo la bolsa con dos cartones de tabaco en el Fiesta.

- Chaval, ¡te doy medio kilo por el coche!

- ¡Buuuf! No te lo vendo ni por un kilo. - le contesto.

- Bueno, pues te doy mi tarjeta y cuando necesites dinero, ahí está mi oferta. - dice mientras se baja del coche y me entrega una tarjeta (del taller de Casares, ese que vivía de la fama de los rallyes).

- Vale, vale. Correcto. - respondo riéndome.

Se monta en el Golf y sale picando rueda. Elena me dice:

- ¡Vaya fantasma!

- Ni te cuento. - le respondo, mientras rompo la tarjeta y la tiro al suelo.

Llego a casa y me quedo mirando al Fiesta, fumando un pitillo por supuesto. Me preguntaba que habría visto aquel tipo en un coche tan normalucho como era el Fiesta XR2, en aquella época.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 1 Ago - 2:11

13 de mayo de 1995.

Pasaron muchos meses, Casares mandó a tomar por culo "A Machete" y se compró un Escort RS Cosworth, yo empecé a jugar en un equipo de fútbol y preparé el Fiesta mucho más. Casares, un día cualquiera, según me contaban, llegó al Miami y le arrancó a todos los coches, la pegatina de "A Machete". A mí, un colega de la infancia del colegio, me llamó para jugar en su equipo y acepté, Elena me apoyaba al máximo y siempre venía a ver los partidos. El Fiesta, pobre Fiesta, monté barras y le coloqué arneses, barra de torretas en el vano, quité los largo alcance y le instalé una farada Cibié de máximo nivel. De chapa, le puse las entradas de aire del Escort RS Turbo en el capó, techo solar original de Ford, ventanas traseras abatibles a medida (vaya pasta me costó en el cristalero) y un vinilo debajo de la luneta trasera que ponía Capitán Trueno.

Un día, mediados de Mayo, quedé con Casares. Charlamos en una terraza, tomando un café, sobre a lo que se dedicaba Casares cuando lo conocí.

- Entonces, ¿a qué cojones te dedicabas todo éste tiempo? - le pregunté.

- ¡Buuuuf! Es una historia muy larga, larguísima.

- Cuéntame, un poco por encima.

- Pues a ver, al principio de todo, a finales de los '80, era un chavalín cualquiera. Empecé a pasar porros a todo quinqui, trabajaba para un gitano de mi instituto, era acojonante macho, ganaba tanto como mi padre al mes. Con ese dinero me compré mi primer coche, el Uno Turbo, nuevo de paquete. - me contesta, mientras se enciende un pitillo.

- ¿Y tus padres, no se extrañaban con el coche nuevo?

- Mi padre se extrañaba muchísimo, le decía que ese dinero lo ahorré a lo largo de todo la vida. - decía.

- ¿Te creyó?

- Nunca me creyó, mi madre sí, pero nunca le di importancia a ese aspecto. Pero, volvamos al tema. Ganaba mucho dinero, pero nunca el que yo quería. Así que me dediqué a comprar el material y a venderlo por mi cuenta. Se me venía grande el tema. Algunos me estafaban vendiendome mierda de la buena. Hasta que conocí a Paquiño. - decía, dándole al pitillo una calada.

- ¿Paquiño? - le pregunté, aprovechando la calada.

- Si, era un tipo acojonante, lo fue todo en Barcelona, en los '80. Es natural de Lugo, pero emigrara a Barcelona con sus padres hace cuarenta años. - otra calada - Lo que te decía, es un fulano que empezó con el contrabando. Pero cuando empezó a ganar pasta, fue comprandole los porros a los moros y vendiéndolos en Barcelona. Pero quería más, mucho más. Se metió en el negocio de la heroína a finales de los '70, el fulano ganaba mucho dinero, pero cifras de medio millón de pelas a la semana. A mediados de la década, la policía anduvo detrás de él, pero nunca lo daban pillado.

- ¿Y luego, tan bueno es? - pregunté.

- ¡Qué va, tio! Tenía comprada a media policía de Barcelona. Pero lo metieron un par de años en la cárcel por temas de impuestos, era lo único en donde lo pudieron pillar. Acabó la condena y salió a la calle de nuevo, pero aquello en lo que empezó, cuando salió de la trena, era tan grande que no dió vuelto a ser lo que fue años atrás. - se lamentaba Casares.

- ¿Y se volvió a Lugo? - decía, suponiendo.

- Correcto, trataba con los gitanos el tema de los porros. Pero los gitanos le hacían muchas perrerías. ¡Hasta que me conoció a mí! El me conseguía buen material e íbamos a medias.

- Aquello, ¿fue en la época qué nos conocimos? - le pregunté.

- Antes, unos meses antes. Pero al tema, ganábamos mucha pasta. Mi padre, se enteró de todo el rollo. Me echó de casa, con el dinero que tenía, no le repliqué nada y me fui cagando ostias. Encontré en alquiler la casa en la que estoy ahora, y me instalé a vivir allí.

- ¿Y tu hermano? También vive contigo. - le pregunté, acordándome de que llevé al hermano a la casa de Casares.

- Mi hermano se enfadó con mis padres y se vino a vivir conmigo. Pero volvamos al rollo, así estuve, vendiendo porros hasta hace exactamente, medio año. - me contestó.

- Ya sabía que lo habías dejado. Te felicito tio. - le digo.

- No cantes victoria, chavalín. - contestaba riéndose.

Al acabar la última frase, el teléfono móvil de Casares empezó a sonar. Se despidió rápidamente y se marchó.


Última edición por atrescilindros el Dom 1 Ago - 2:25, editado 1 vez

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 1 Ago - 2:22

14 de mayo de 1995.

Al día siguiente, domingo, había estado toda la tarde jugando al fútbol con mi equipo. Volvíamos de vuelta a casa después del partido, por la nacional. En el camino, me cruzo con Casares que iba a toda ostia en el Escort RS Cosworth, ni tiempo me había dado de pitarle al reconocerlo. Trompea en medio de la carretera y viene detrás mía, se pone a mi lado y me pita todo lo que puede para que me pare:

- Ven conmigo Pablo, ¡necesito ayuda! - me decía alterado.

- ¿Qué cojones? - me preguntaba flipando, al ver tal show.

- Móntate en mi coche y ayúdame en un tema, ¡por favor!

Salí del Fiesta y le dije a Elena que se fuese a casa con el coche. Monté en el Escort de Casares y salimos picando de allí, en la dirección a la que se dirigía Casares:

- ¿Qué ha pasado? - le pregunto conmocionado, como si se hubiese matado algún colega nuestro.

- Un colega, se acaba de espetar con un buen cargamento de material, pero a él no le ha pasado nada. - me contesta.

- ¿Lo qué, los putos porros? - pregunto indignado.

- Mejor dicho, la coca.

- ¿Andas metido en esa mierda? - pregunto aún indignado, pero mucho más.

- Si, no me eches la bronca ahora. ¡No estoy para gilipolleces!

- Vale, ¿qué hay que hacer? - le pregunto, con intención de ayudarlo, por lo bien que se ha portado conmigo.

- Pues mira. El fulano se acaba de estrellar con cinco kilos de coca, por un barranco. Me llamó al móvil desde uno que le presté, por si pasaba algo, ¡y vaya si pasó! A ver, al tema, me llamó medio mareado, me dijo la zona y vamos hacia allí.

- ¡Mira tio! Lo tuyo tiene huevos. - le replico.

Llegamos al sitio, una carretera comarcal, medio abandonada. Se veían las marcas del frenazo y la cuneta machacada. Allí había un Renault 11 de un radioaficionado (se reconocía por su antena), con el dueño ayudando al accidentado:

- ¿Qué ha pasado? - le pregunta Casares al dueño del Renault 11, el que estaba ayudando al colega de Casares.

- Nada, aquí el crío, que piensan que saben conducir y no tienen ni puta idea. Se acaba de estrellar con su coche y estaba en la cuneta medio muerto. Lo he espabilado y quiero llevarlo al hospital, pero no quiere. - contesta el hombre, mientras recrimina al accidentado

- Tranquilo buen hombre, usted váyase. ¡Ya lo ayudamos nosotros! - le contesta al hombre, acompañándolo al Renault 11 para que se fuese.

- He llamado a la Guardia Civil por la radio, vendrán dentro de un rato. - dice el hombre desde el coche, mientras arranca.

- No tenía que haberse molestado, hijo de la gran puta (esto último por lo bajo). - le responde Casares.

Casares le pregunta a su colega por su estado:

- ¿Qué tal estás, figura?

- Estoy jodido, ¡pero saca la coca antes de qué llegue la pasma! - le respondía, lamentándose.

Casares me pide ayuda para sacar la coca. Sacamos los cuatro paquetes que había dentro del coche accidentado (Kadett GSi 16v blanco, el de las llantas de Calibra), salvo uno que se derramó por todo el coche.

- ¿Y ahora, qué cojones hacemos con ésta coca derramada? Va a llegar la Guardia Civil y me van a joder, ¡me cago en Dios! - se lamenta Casares, dándole patadas al coche accidentado.

- ¡Quema el coche! Aprovecha que se está derramando la gasolina del depósito. - le recomiendo, alterado.

Así hicimos, conseguimos un periódico que tenía en el Escort, le prendimos fuego con un mechero y directo a la gasolina derramada. Volvimos a la carretera y comtemplamos el asunto:

- ¡Jooooder, cómo arde! - decía Casares, riendo a carcajadas, como signo de victoria.

- Vámonos, ¡qué va a aparecer la Guardia Civil de un momento a otro! - le digo.

Montamos al accidentado (inconsciente) en los asientos traseros del Escort, la coca la teníamos debajo de los asientos delanteros y salimos de allí a toda ostia.

Volvemos a Lugo y dejamos al accidentado en Urgencias:

- Sí, se ha caído de la bicicleta por un terraplén. - decía Casares, con la primera excusa que se le ocurrió.

Por el camino, empiezo a hablar con Casares:

- Pero, ¡¿cómo cojones, te has metido en la coca?! - le pregunto, de golpe.

- Dinero. Todo tiene su aquel, Pablo. Yo, aquí donde me ves, estoy ganando un kilo al mes. Cuándo me compré el Escort RS Cosworth hace unos meses, ¿qué pensabas, qué lo había pagado vendiendo porros? - me contesta, haciendo gestos con las manos y el volante.

Al acabar Casares la frase, no volví a abrir la boca hasta que llegamos a mi casa. Me bajo del coche y Casares baja la ventanilla del copiloto del Escort, me dice:

- ¡Mira tio! Si quieres dejar de hablarme, te comprendo. - decía, desde el Recaro del conductor.

- ¡No es eso, Casares! Lo que más me jode, ¡es que Elena tenga la razón! He estado defendiéndote muchas veces, pero ésto ya me supera. Desde verte de lado en el Sierra con Los Chichos a tope, ver el tema de los porros en directo, sobornar a maricones y ¿ahora ésto? Casares, ¿lo próximo, traficar con armas? - le contesto.

- Al maricón no lo soborné. Estaba metido en el rollo mucho antes. - decía Casares, riéndose.

- ¿Estaba? - pregunté.

- Murió de sobredosis hace un par de meses. Pero volvamos al rollo, tengo que agradecerte toda la ayuda que me has ofrecido. Si necesitas algo, ¡dímelo! - decía.

- ¡Qué va, tio! No necesito nada. Márchate, ¡qué creo que ahora tienes cosas más importante de las que preocuparte! - le decía, apartándome de la puerta del Escort y entrando al patio de mi casa.

- ¡Toreeeeete! - me gritó Casares.

- ¿Qué? - contesté, riéndome.

- Gracias.

Casares se marchó y al rato, Elena llegó a mi casa y empezamos a hablar de lo sucedido. Sólo que ésta vez, le comenté que un colega había tenido un accidente, no mencioné la coca. Ni le mentí siquiera.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 1 Ago - 2:34

21 de junio de 1995.

Habían pasado unas semanas desde el rollo de la coca de Casares. Mi contrato en Silleda había finalizado y estaba sin trabajo. Tenía ahorradas unas 200.000 pelas en el banco, parte del dinero me lo había gastado en ponerle todas las pijadas al Fiesta.

Elena se había puesto a fondo en los estudios, no superaba las expectativas para seguir con la beca, así que se puso a fondo para al final, no superar dichas expectativas. Se quedaba sin beca. La matrícula para volver a cursar el segundo año de Magisterio era de 400.000 pesetas (a pagar en una semana).

Tenía que hacer algo, mi chica se quedaba sin beca por mi culpa. Tantos fines de semana liándole la cabeza y haciendo que dejase de lado los estudios, ¡joder! Tenía cojones, lo mayorcito que soy para algunas cosas y en otras, sigo siendo un puto crío.

Necesitaba 200.000 pelas para pagarle la beca, no iba a dejar que la pagase ella por mi culpa. Si mi madre supiese que iba a pagarle nada a ella, me cortaba las pelotas:

- Pablo, a las novias, está muy bien invitarlas, pero nunca les pagues sus pufos. - me decía mi madre, siendo yo un adolescente.

Me acordé de que Casares me ofreció ayuda, pero pasé ampliamente, soy muy orgulloso y no me iba a arrastrar. Pero, también me acordé del fulano que me ofreciera medio kilo por el Fiesta, unos meses atrás, el mecánico de Casares. Fui hasta al taller y me lo encontré:

- ¡Hola! - le saludo.

- Hola, ¿qué quieres? - me saluda, sin acordarse a primera vista de mí y frotándose las manos con un trapo.

- Tengo un Fiesta XR2, hace unos meses me ofrecieras medio millón por él. Así que, ¡ahora sí que te lo vendo! - le propuse.

- ¡Buuuuaaah! Ahora no tengo ese dinero, pero pásate dentro de dos meses y ya te cuento. - me contesta, ya reconociéndome.

- Pero si son 300.000 pesetas, ¿qué me dices? - le pregunto, a ver si suena la flauta.

- Nada, hasta dentro de dos meses nada. - me sigue replicando.

- Pues paso. - le contesto, cabreado.

Saliendo del taller, llegó Casares en el Escort, me pitó y se bajó a saludarme:

- ¡Coño, Pablo! ¿Qué tal? - me saluda, alegrado de verme.

- Nada tio, ¡aquí andamos! ¿Qué tal? - le contestaba, como si no tuviese ganas de verlo.

- ¡De puta madre, tio! ¡Manaaaazas! - llamando al mecánico - ¡Hazle descuento del 50% en la reparación a éste chavalín!

- Pero si venía a venderme un Fiesta, Casares. - le dice el mecánico, desde debajo de un coche.

- ¿Cómo qué a venderlo, Pablo? - pregunta Casares, extrañado.

- Si tio, necesito pasta.

- ¿Un nuevo cacharro? - me pregunta Casares, riéndose.

- No, la matrícula para la universidad, pero no para mí. - me río - Si no para Elena.

- Si necesitas pasta, quedamos y lo miramos luego. ¿Qué te parece? - me dice, mientras se enciende un pitillo.

- Vale. - le contesto.

Estuvimos hablando un rato más sobre mí, sobre que se me acabó el contrato en Silleda y del fútbol, ¡qué ascendimos de categoría! Quedé con Casares una hora después, en un bar. Necesitaba la pasta, el me la ofreció, así que no hay delito (tener que arrastarme). Pensé en vender el Fiesta, pero en un plazo de una semana para hacer la reserva, no me daría tiempo a venderlo por el boca a boca. Llegué con el Fiesta al bar, me senté en la terraza a esperarlo y pedí una Coca-Cola. Casares aparece, pide una crema y empezamos a hablar del tema:

- ¡A ver! Pablo. ¿Cuánto necesitas? - me pregunta, encendiendo un pitillo.

- 200.000 pesetas. - le respondo, rápidamente.

- ¿Cómo? - se pregunta atónito, mientras tose por una mala calada - ¡Joder! ¿Tanto cuesta esa mierda, no está cubierta por el gobierno?

- No está cubierta, tio. Cuesta 400.000 pesetas, pero ya tengo otras 200.000 ahorradas. - le contesté.

- Pues mira, no te tengo tanto dinero disponible hoy, pero si me das un par de semanas, te lo presto. - me decía, dándole un sorbo a la crema.

- Lo necesito ésta semana, Casares. Pero no pasa nada, es un buen gesto por tu parte, de aquellas no lo necesitaré. Pero dejemos el tema, ¿qué tal tu Escort? - le digo, preguntando por el Escort desilusionado.

- No cambies de tema, ¿necesitas la pasta? - me pregunta, muy en serio.

- Pues claro, ¡joder! - le contesto.

- Pues te voy a dar un chollo. - le pega otra calada al pitillo - Te pago esas 200.000 pesetas a cambio de que me hagas un chollito, así, tu no quedas con esa necesidad de devolverme el favor, o el dinero, y yo te ayudo. - me priopone.

- ¿La coca, no? - digo, haciendo un mal gesto.

- Las pillas a la primera, ¿eh? - dice riéndose.

- Paso de ése rollo, Casares. Lo sabes muy bien. - le contesto, levantándome de la silla para irme de allí.

- ¡Mira Pablo, escúchame! Si te interesa, me llamas y te cuento lo que tienes qué hacer. Pero decídete rápido, sólo tienes hoy para decidirte. - me dice muy en serio, señalándome con el dedo.

- Vale, vale. - le contesto, yéndome.

Me marché a casa, por el camino me autoconvencí en no hacerlo, debía pasar de meterme en ese mundo. En total, hice unos 200 kilómetros esa tarde pensando en que podía hacer para conseguir las 200.000 pelas. Desde vender las piezas de recambio del Fiesta que tenía en casa hasta, pedirle el dinero a mis padres, con la excusa de que lo hacía para un cursillo. Pero no eran eficaces del todo, la primera, no daría vendido todo el material por el boca a boca y en un desguace me darían una miseria y la última sería una tontería, era finales de mes.

A todo ésto, hoy le daban las vacaciones a Elena. Tenía que ir buscarla a la estación, llegué y se monta en el Fiesta:

- ¿Qué tal? - me pregunta, con un beso.

- ¡Buuuuf! De puta madre. - decía, mientras trataba de incorporarme al tráfico.

- Hoy le tendré que decir a mi padre que me deje las 400.000 pesetas para la matrícula, pobre de mí cuando se lo diga. A ver si las tiene, ¡qué si no me deberé tomar un añito sabático con mi novio! - decía Elena, intentando disimular la pena con la última frase.

Me quedo mirando para ella un instante, meciéndose el pelo. Paro el Fiesta en medio de un aparcamiento vacío de una nave, apago el motor y empiezo a hablar en serio con Elena:

- ¡No! Tu vas a ir a la universidad, vas acabar Magisterio. ¡Nada de años sabáticos, ni pollas en vinagre! - le digo con gran tono, con ésto me decidí de pleno en llamar a Casares.

- Pero, ¿a ti qué te ha picado? - me preguntaba, extrañada.

- No le vas a decir nada a tu padre, ¡quiero qué siga presumiendo de hija con beca! Todo ésto ha sido culpa mía, Elena. - decía yo, con pena.

- ¡Tu eres imbécil, no me vas a pagar nada! Es culpa mía, he sido yo la que ha suspendido. - decía, imponiendo su carácter.

- De eso nada, tu padre no debe enterarse de que has perdido la beca. Además, si te pica, pues ya me devolveras el dinero.

- Tiene cojones el rollo, Pablo. ¿Tanto me quieres? - dicho ésto, se quita el cinturón y se coloca encima mía - Muchas gracias por todo, mamoncete.

Se saca el Rosario que llevaba en medio del escote, se aparta la melena para sacárselo y empezamos a besarnos. Un polvo en medio de la nada (imagináos, un XR2 con los cristales empañados), para celebrar la próxima aventura en la que me metería. ¡Tócate los cojones!

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 1 Ago - 2:57

21 de junio de 1995 (continuación).

Llegamos al pueblo, dejé a Elena en su casa y me fui a casa para llamar a Casares. Pillo la libreta de mis contactos en el Fiesta y le llamo desde el teléfono del bar, por si acaso, si lo llamo desde el de mi casa, igual me espía mi madre desde la otra línea de casa:

- ¿Si?

- ¡Casares!

- ¿Quién cojones es?

- Soy Pablo, joder. Escucha, ¿de qué va el chollo ése?

- A ver mamón, en una hora quedamos en mi zulo (el piso aquel que tenía en el barrio de gitanos).

Tomo un café en el bar, para poder fumar un pitillo con buen sabor y pensar, sólamente pensar. Me monto en el Fiesta y llego al barrio de gitanos. Sigue igual de asqueroso que siempre, pero con muchos más gitanos ésta vez. Aparco el Fiesta, timbro y me abre. Llego a su casa y hay un tipo más con él:

- Ostia, ¡hablando del Rey de Roma! Paquiño, éste chavalín se llama Pablo. Tiene manos, muchas manos. - decía Casares, poniendo las manos sobre mis hombros y presentándome al gran Paquiño.

- ¿Quieres un porro, Pablo? - me preguntó Paquiño.

- No, gracias señor. - le conteste.

- Así me gusta, los conductores no deben tomar mierda. Mira, mira lo que le pasó al chavalín del Opel blanco por andar emporrao. - me decía, levantándose y señalándome, con gesto de admiración.

- ¿Sabe lo de que te ayudé con el rollo de la coca? - le dije por lo bajo a Casares.

- Sí, si que lo sabe. - me responde, también por lo bajo.

- ¿Qué coche tienes, chaval? - me pregunta Paquiño, mientras se enciende un porro.

- Un Fiesta XR2, señor.

- ¡Aaaah, si! Un Fiesta "RX2". - dice Paquiño, equívocándose.

- XR2. - le corregí.

- Bueno, lo que sea chavalín. ¿Pero anda, no? - me pregunta, mientras se vuelve a encender el porro.

- ¡Si qué anda, Paquiño! - le dice Casares.

Empezamos a hablar más a fondo del tema, el chollo trataba de llevar un kilo de cocaína a Baiona.

- Lástima se mueran de sobredosis todos esos pijos de mierda. - decía Paquiño a carcajadas, dándole una calada al porro.

Debía llevar el paquete escondido en el coche, llevarlo a Baiona al día siguiente sobre las 12:00 de la mañana y entregarlo en un bar de allí. Cobraría 200.000 pesetas, mucho para ése trabajito, Casares había tirado mucho por mí para que me contratasen y por lo menos debía hacerle otro par de trabajos. No tenían conductor, el del Kadett estaba jodido aún y habían rechazado a un par de conocidos con BMW, por mí.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 1 Ago - 6:00

Siento tardar en poner los relatos, apenas tengo tiempo ya que empecé a meterle mano al coche durante éstas vacaciones. Si alguno las lee en otra parte y lee éstas, se darán cuenta que las qué cuelgo aquí están mejor redactadas y cambia algún que otro coche (como el de Miguel, que aquí es un 205 Rallye y en el otro caso, un GTX).

PD: También pongo fechas, aún por encima reales. qmeparto:

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Dani el Dom 1 Ago - 7:15

atrescilindros escribió:Siento tardar en poner los relatos, apenas tengo tiempo ya que empecé a meterle mano al coche durante éstas vacaciones. Si alguno las lee en otra parte y lee éstas, se darán cuenta que las qué cuelgo aquí están mejor redactadas y cambia algún que otro coche (como el de Miguel, que aquí es un 205 Rallye y en el otro caso, un GTX).

PD: También pongo fechas, aún por encima reales. qmeparto:
Gracias tio, como ya hablamos, todo un placer.
Yo, por ejemplo, mira que horas son... he venido de fiesta y no me he podido resistir a pasarme por aqui, cuando vi el relato ya me frotaba las manos cunaooooo
Saludos.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Dom 1 Ago - 8:27

28 de junio de 1995.

Cobré el dinero, 200.000 pelas en billetes de 10.000, tócate las pelotas (nunca tuve tanto dinero en mi mano). Pagamos la matrícula en Santiago, me quedé sin nada, apenas tenía 40.000 pesetas para pasar el día a día hasta cobrar el paro, me faltaban casi 20 días para ello.

Cómo ya comenté, le debía otro par de chollos a Casares. Me llama al móvil a la semana siguiente, que me lo regaló, y me comenta el próximo viaje:

- Pablo, me tienes que llevar ésta vez, tres kilos de porros sin cortar a un fulano de Monforte. Mañana a la una del mediodía, quedas con el Cachiro (dueño del Kadett GSi 16v, el anterior conductor) en frente del Miami, ¡el te irá por dónde ir y a dónde ir!

- ¿Ya está recuperado? - pregunto.

- Si, ¡cómo una rosa! - me dice, a carcajadas.

Al día siguiente fui al Miami, ésta vez dormí de puta madre, vamos, sin fallo. Espero sentado en frente del Miami y Cachiro me peta en la ventanilla del copiloto. Tenía una muleta en la pierna derecha y también llevaba escayolado el antebrazo izquierdo. Se monta y me saluda, empezamos a hablar:

- Bueno, parece que no nos hemos presentado de la forma más debida. Me llamo Cristobal, ¡aunque creo que ya sabes cómo me llaman! - dice, riéndose al final.

- Yo me llamo Pablo, ¡encantado Cristobal! - me presento, con una risa al final.

- Bueno, al chollo. Pasémonos por mi casa, recojemos el material y piramos para Monforte, hasta las tres de la tarde, iremos por carretera nacional. Luego ya pillamos las comarcales. - saca un paquete de tabaco - ¿Se puede fumar?

- Puedes. - le contesto.

- No te lo pregunto por mal, ¡pero es que cuándo yo no fumaba, amigo, no me gustaba nada que fumasen en mi coche! Te lo decía por eso. - me dice Cachiro, mientras se enciende el cigarro.

- Si, sí. ¡Sin fallo!

Tiramos hacia su casa, voy con él a por el material, lo colocamos de su manera:

- Mira, pillas una rueda de repuesto de acero, nada de galletas, la colocas en tu hueco de la rueda de repuesto y colocas el material debajo. Eso sí, la rueda correctamente sujetada para que los guardias no les de por levantarla. Las de Citroën están de putísima madre, ¡apenas se ve lo qué hay debajo y sirven para tu coche! - me dice paso a paso, para colocar los paquetes.

Hago todo lo que me dice y tiramos directos a Monforte. Por nacional, el viaje se presenta tranquilo, si apuramos un poco más, llegaremos antes de las tres a Monforte y no hará falta meterse por comarcales ni ostias.

Pero la Ley de Murphy, también existía en aquella época. Siete kilómetros antes de llegar a Monforte, por carretera nacional y siendo las tres menos cuarto de la tarde, Control de la Guardia Civil de Tráfico:



- ¡Buenas tardes! Permiso de conducir y papeles del vehículo. - me dice uno de los agentes.

- Sí, ¡espere! - rebusco en la guantera - ¡Aquí tiene!

Uno se queda mirando el Fiesta y se dirije hacia mí, ya estaba con los cojones de corbata cuándo me suelta:

- ¡Joder chavalín! Yo tuve uno de éstos y éste es de los más guapos que he visto. - me suelta el agente, como Pedro por su casa.

- ¡Buuuuf! - dije, como señal de la librada - Pues no tengo palabras, ¡mi novia me dice que es asqueroso! (mentira). - dije riéndome, para disimular el "¡buuuuuf!".

- Todo correcto, ¡ale, circule! - me dice el primer guardia, dándome dos palmadas en el techo del coche.

Salimos de allí, por el camino Cachiro se descojona:

- ¡Mi novia me dice que es asqueroso! - dice Cachiro, con tono de imitación, mientras se descojona.

- Bueno, ¡no se me da mal! - le contesto, riéndome.

- Nada mal. - me contesta, conteniendo la risa.

Llegamos a Monforte, Cachiro me dice de ir a un poblado gitano. Llegamos y aparcamos al lado de un Opel Manta GT/E, dentro hay dos gitanos, Cachiro empieza a hablarles:



- Coño, ¡Zipi y Zape! - les dice Cachiro.

- Bueno payo, ¡qué manía has cogido con llamarnos así! - le contesta el gitano que está al volante.

- Desde que tu amigo se ha teñido de rubio, me lo pones a huevo. - le contesta Cachiro al gitano - Bueno, al tema. ¿Tenéis la pasta? - le pregunta.

- Si, Richard vete ahi al "fargón", trae el dinero para éstos "siñores". - le dice al gitano que estaba a su lado, dentro del coche.

Nos traen el dinero, 175.000 pesetas. Cachiro sale del coche y sacamos la mercancía, la colocamos encima del capó del BMW:

- Te quejarás Antoñin (el gitano que estaba al volante), te lo ponemos a un precio bajo de cojones, ¡y eso qué es de calidad! - le dice Cachiro, cortando de sus porros para fumarse uno, hablando con los gitanos.

- ¡Dile a Casares que "lestamos" agradecidos para siempre! Que cuando quiera, le hacemos otro trabajo como el de darle una paliza al maricón aquel. - le contesta Antoñin (haciendo alusión al trabajo que le pidió Richy a Casares, el maricón aquel, hace un año).

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Dani el Dom 1 Ago - 14:25

Jajajajjaa, los gitanos eran los de la paliza al gay xD, que cosas...

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por xtm_sport el Dom 1 Ago - 17:01

buff quiero más si si si que vicio tio jajaja
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Mar 3 Ago - 4:55

28 de junio de 1995 (continuación).

Cachiro acaba de fumarse el porro y nos volvemos a Lugo. Cómo curiosidad, Cachiro me dice de parar de un concesionario BMW en Monforte. Aparcamos en frente y entramos dentro. Nos quedamos impresionados con un 325i E36 coupé.



Cachiro busca a un comercial y empieza a hablar con él:

- ¿Cuánto vale éste BMW? - le pregunta Cachiro.

- Buuuf, mucho más de lo que te podrás imaginar, chaval. - le dice el comercial, tratando de ir se a la otra punta del concesionario.

- A ver, ¿cuánto vale? - le vuelve a preguntar.

- No me hagas perder el tiempo, chavalín. Estoy intentando venderles éste mismo coche a otros clientes. - le dice el comercial, mientras se marcha.

- Hijo de puta. - le dice Cachiro, por lo bajo.

Salimos del concesionario, nos vamos directos a Lugo, carretera nacional y para buscar un sitio en donde comer. Paramos en un restaurante para comer algo. Cachiro, me dice:

- ¡Tiene huevos, tio! - come un cacho del bocadillo - Es para darle una paliza al comercial. Mira que tengo ido a concesionarios a preguntar por un Calibra, por un Probe y hasta por un ZX 16v. Y en todos sitios, me tratan bien. - decía, haciendo gestos con la mano libre del bocadillo.

- Tenías que comprar un BMW igual y espetarselo en los putos morros, luego buscas al jefe y le dices lo que pasó. - le digo yo, riéndome.

- No es mala idea. - me contesta riéndose, comiendo otro cacho del bocadillo.

Salimos del restaurante y montamos en el Fiesta para volver a Lugo. Llegamos al zulo de Casares, ya habíamos quedado en ir antes. Entramos en su casa, Casares nos felicita por el chollo y me presenta a un hombre bajito que estaba dentro:

- Sr. Pablo, le presento al ilustre Comisario García. Si no fuese por él, ahora mismo estaría en la trena.

- Encantado. - le doy la mano al Comisario.

- ¡Coño Casares! Tampoco soy ilustre desde que conocí a Paquiño. - responde el Comisario.

- No, entonces Pablo. Te presento al Comisario más rico de Lugo. - se ríe Casares y el Comisario - ¿Así le parece, Comisario?

- Si, me gusta, me gusta. - contesta el Comisario, riéndose.

Empezamos a hablar con el Comisario. Al parecer, cuando Paquiño llegó a Lugo, el Comisario García quería meterlo en la trena como fuese:

- Yo quería meter a Paquiño en la cárcel, pero siempre, se me escaqueaba por las putas pruebas. - le pega una calada a un cigarrillo - A Casares también lo tenía pipeado, aún me acuerdo cuando lo agarré por el cuello siendo él un crío, lo avisé pero nunca me hacía caso.

- Paquiño siempre ha sido un perfeccionista. - contesta Casares.

- Bueno, hasta que te conoció a ti y a tus porros. Ahora el perfeccionista es Cristóbal, ¡aunque petase el coche con unos cuántos kilos de coca! - le contesta el Comisario, riéndose al final.

- Bueno, ¡un fallo lo tiene cualquiera Comisario! - le contesta Cachiro, haciéndose un porro.

- Ahora mismo estás teniendo uno. - le contesta el Comisario, hablando en serio - Aún me acuerdo lo que me ofreció a principios del '89. - se ríe - "Comisario, le doy cinco, ¡qué digo, diez millones! Si colabora conmigo" - decía el Comisario, imitando a Paquiño.

Cachiro se acaba de fumar el porro y me pide que lo lleve a casa, Casares se queda hablando con el Comisario, ambos fumando un puro y bebiendo una crema. Por el camino, Cachiro me dice:

- ¿Tomamos una copa? Hay que celebrarlo. - dice Cachiro, riéndose.

- Si, ¡pero sólo una! - le contesto, riéndome.

Tomamos la copa, dejo en casa a Cachiro y me vuelvo a casa. Un día entretenido, la verdad.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Mar 3 Ago - 5:02

29 de junio de 1995.

Son las 4:00 de la mañana, estaba durmiendo tan plácidamente cuando Casares me llama al teléfono:

- ¿Pablo? - me dice, en voz alta.

- ¿Qué? Jooooder, ¡son las cuatro, tio! - le respondo.

- Ven cagando ostias a mi zulo, ¡pero cagando ostias!

- Vale, ¡jooooder! - respondo, con mala ostia.

Me levanto y me visto lo más rápido que puedo, arranco el Fiesta y en diez minutos llego a Lugo por la nacional. Llego al zulo de Casares y entro:

- A ver, ¿qué ostia pasa? - le pregunto a Casares.

- ¡Me han robado el Cosworth unos putos gitanos! - se enciende un porro - ¡Si es que me cago en Dios y en todo los putos Santos!

- Y ahora supongo que sabrás en donde está, ¿no? - pregunto, bostezando.

- Correcto, contactos chavalín. Vamos a buscar a un par de maromos a la otra punta de Lugo, y ya verás lo que es joderme a mí. - dice Casares, dándole una calada al porro al final.

Llegamos junto a los maromos que decía Casares, están en frente de un puticlub. Sale del coche y empieza a hablarles, Casares se vuelve al Fiesta:

- ¿No vienen? - le pregunto a Casares.

- Pues claro que vienen, Pablo. ¡Sólo qué en su coche! - se enciende un pitillo - Espera un rato, ellos ya van a donde está el Cosworth, nosotros iremos detrás de ellos.

Pasaron un par de minutos y un BMW 528i sale escopetado, Casares me dice que lo siga. Al cabo de quince minutos detrás de ellos, llegamos a un poblado gitano, de los más peligrosos de Lugo.



Atravesando el poblado, todos los gitanos salen de las chabolas a curiosear. Al final del poblado llegamos a un chabolo mucho más grande, el Cosworth de Casares estaba en frente, con dos gitanos limpiándolo y aspirándolo. Casares se baja y tira directo hacia el Cosworth:

- ¿Qué tal está el coche? - les dice Casares a los gitanos que estaban limpiándolo - ¿Tiene algo jodido?

- La ventanilla estaba rota y lo de siempre, puenteo de cables y bloqueo del volante reventado. - le contesta el que estaba aspirando, previamente apagando la aspiradora.

Los del BMW entran en la chabola, Casares se vuelve al Fiesta, abre la puerta y me dice:

- Vente dentro.

- ¿Qué ha pasado? - le pregunto.

- Nada, unos gitanos de mierda me han robado el coche para pagar una deuda con un camello de aquí. El camello me llamó diciendo que tenía mi Cosworth, bajé a mirar y no estaba. ¡Tienen retenidos dentro a los qué me lo robaron! - se enciende un cigarro - ¡Se van a cagar!

Entramos dentro del chabolo y sigo a Casares, entramos en una habitación en donde los del BMW le estaban dando una paliza a un par de gitanos. Casales les dice a los del BMW:

- Parad, ¡ostia! - se quita la camiseta y se la envuelve por el puño - Así que vosotros me habéis robado el coche. Pues muy bien, tenéis unos cojones que no os caben en los pantalones. ¡Coño, y rima! - dice Casares, acto seguido, le da un puñetazo en todos los morros a un gitano que estaba suplicándole perdón.

Durante dos o tres minutos, Casares se ensaña con los gitanos, patadas en las costillas, en la cara y hasta en los cojones. Mientras hace aquella faena, lo agarro y le digo:

- Para ya de una puta vez, ¡los vas a matar! - digo, mientras lo agarro por el pecho.

- Tienes razón, ¡ya paro! - acto seguido, le da otra patada a uno de ellos en las costillas - Porqué está aquí mi gran amigo Pablo, ¡qué si no os mataba!

Mientras Casares se limpia la sangre de los zapatos con la camiseta, petan en la puerta:

- Casares, ¡paaayo! ¿"Yastá"? - dicen desde detrás de la puerta.

- Sí, ya está, ¡gracias por el aviso de antes José! - le dice Casares, encendiéndose otro pitillo.

- No pasa nada, payo. ¡Pa eso estamos! - le responde.

- Ahora, llévate a ésta mierda de aquí. ¡No los quiero ver en mi puta vida! - le dice Casares.

Salimos afuera, Casares les paga unas 10.000 pelas a cada maromo del BMW y éstos salen de allí cagando ostias. Casares se acerca a ver el destrozo de su Escort, yo le acompaño:

- Llévalo a la Ford, tio. - le recomiendo.

- A ver mañana, por ahora me iré a casa y lo meteré dentro. - dice, mientras arranca el Escort con los cables.

- ¿Y la camiseta? - le pregunto.

- ¡Buuuf! La dejé dentro, no me apetece ni tenerla delante, a ver si voy a pillar el sida. - me contesta, riéndose.

- Pues eso, yo me vuelvo a la cama. - le digo, yéndome hacia el Fiesta.

- Gracias por el favor, Pablo. - me dice, desde la ventanilla del Escort.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Mar 3 Ago - 5:25

1 de Julio de 1995.

Al par de dias, estaba tomando un café en el bar del pueblo, Casares me llama al telefono:

- Figura, ¡me tienes que hacer un trabajo más! - me dice, con tono de alarde.

- Bueno, no me líes, ¡no quiero saber más rollos de drogas! - le contesté.

- ¿Y si te digo que ésta vez cobras?

- ¿Cuánto? - pregunté, por curiosidad.

- 300.000 pesetas, las cobras al volver.

- Joder, de acuerdo (no había cobrado aún el paro, estaba sin un duro y necesitaba dinero). ¿De qué va el chollo?

- ¿Te acuerdas del gitano qué me avisó de que me habían robado el Escort? - me pregunta.

- Si.

- Pues es llevar cuarenta kilos de porros, del gitano ése, sin cortar a Madrid. - dice Casares.

- Joder Casares, ¡parece arriesgado!

- ¡Por eso cobras 60.000 duros, joder! Además te llevas al Rey de la perfección, Cachiro irá contigo. - me dice, otra vez con tono de alarde al nombrar a Cachiro.

- ¿Para cuándo? - le pregunto, para ir planeando las cosas.

- ¡Ahora!

Salgo del bar y me monto en el Fiesta, voy a casa a dejar la mochila de deportes del entrenamiento, para cargar los cuarenta kilos. Salgo del pueblo y llego a Lugo, a la casa de Cachiro. Le timbro y me dice desde la ventana:

- Mamón, ¡deja las llaves en el contacto!

- ¿Por qué? - le pregunto, mirándole por el techo solar.

- Tu déjalas, ¡joder! - me vuelve a decir.

Entro a la casa de Cachiro, ya no llevaba las escayolas, me siento junto a él y escucho mi Fiesta largar a toda ostia, me asomo a la ventana y no está:

- ¡Me cago en Dios, Cachiro! Con que tu deja las llaves en el contacto, vamos hombre, ¡no me jodas! - digo, con tono de mala ostia.

- Tranquilo, son los gitanos qué te van a cargar la mercancía en el coche. - me dice con tono de tranquilidad, mientras se abre una lata de cerveza.

Me enciendo un cigarro y espero en la ventana, al cabo de cinco minutos aparece el Fiesta. Sale de él un gitano, mira para arriba y me saluda, yo le saludo no se por qué.

- ¿Ya está cargado el Fiesta? - me pregunta Cachiro.

- Sí, supongo. - afirmé.

- ¡Pues vayámonos a Madrid! ¿Has estado, Pablo? - me pregunta.

- No.

- Aún por encima de cobrar 300.000 pelas, descubres mundo. - me dice Cachiro, riéndose.

Salimos al Fiesta, Cachiro abre el maletero para comprobar la mercancía. Todo está en orden. Nos metemos por nacional, para llegar a la nueva A-52, autovía vamos. Cachiro saca un casete y me dice:

- Mira, aquí tenemos música para hacer el viaje más ameno, pensando en Madrid. - dice riéndose.

Pone la cinta y se empieza a escuchar:

Podéis tener Retiro, Casa Campo y Ateneo, podéis tener mil cines, mil teatros, mil museos, podéis tener Corrala, organillos y chulapas, pero al llegar a agosto, ¡vaya, vaya! Aquí no hay playa. ¡Vaya, vaya! No hay playa. ¡Vaya, vaya!

- ¡Pero qué ostia! ¿Ésto es para hacerlo más ameno? - le pregunto, mientras me descojono.

- . - me responde, también descojonándose.

Llegamos a Ourense para coger por la A-52, antes de nada lleno el depósito. Llegamos a Benavente hechos una mierda, nos paramos a comer en un restaurante y Cachiro comienza a hablar:

- Me voy a comprar el BMW. - dice, mirando el horizonte mientras come el bocadillo de calamares.

- ¿Cúal, el de los siete kilos? - le pregunto, riéndome.

- Pues sí, he estado mirando uno en la BMW de Lugo. Plateado con el pack M, defensas y taloneras de M3. - me contesta, con tono de alarde.

- ¿Potencia? - le pregunto.

- 200 caballos, me fundo a tu Fiesta. - dice Cachiro, alardeando de potencia.

- Cuidado, ¡no se te atragante tanta potencia! - en ese momento, Cachiro se atraganta un poco con el bocadillo - Bueno, digo calamares. - le contesto, descojonándome al final.

Salimos directos hacia Madrid, llevamos cinco bocatas de calamares de reserva y un par de coca-colas para poder fumar con sabor por el camino. Se acaba la cinta de Cachiro, pongo otra de Siniestro Total. Y así alterno durante el viaje, hasta acabar la mayoría de las cintas al llegar a Madrid.

Llegamos a Madrid, Cachiro me recomienda de ir a entregar los cuarenta kilos antes de andar a vueltas por Madrid con ellos. Por sus indicaciones, Cachiro me lleva a un poblado de gitanos, más adelante descubriría que habría ido al poblado de La Cañada, pero temas aparte, centrémonos.



Llego con el Fiesta, un gitano al ver la matrícula de Lugo, me pregunta:

- ¿Sois los gallegos?

- Sí, somos los gallegos. - contesta Cachiro.

- Vale, ¡seguidme! - dice el gitano, acto seguido, comienza a correr.

- ¿Lo sigo? - pregunto flipando.

- Joder, ¡síguelo! - Cachiro me afirma.

La verdad, era un show, el gitano corría y yo iba detrás de él andando con el coche. Con sus indicaciones, llegamos junto a una casa prefabricada en medio de un par de chabolas ruinosas, con un Renault 21 impecable en frente de la casa. Salimos del Fiesta y el gitano me dice que toque el claxon, al minuto sale un gitano, tipo patriarca:

- ¿Qué tal mi primo José? - pregunta, mientras se dirije a nosotros y nos da la mano a los dos.

- Anda bien, aquí le traemos algo de su parte. - le contesta Cachiro.

- Miremos, miremos. - dice el gitanos, mientras se frota las manos.

Abrimos el maletero y está casi a rebosar de porros:

- Joder payo, ¿te ha podido subir las cuestas el coche con todo ésto? - me pregunta el gitano, comprobando la mercancía.

- ¡Buuuf! - hago ése gesto, pensando en la que nos habría podido caer si nos pillasen - Parece que sí, al menos hemos llegado.

El gitano mayor llama a unos cuantos gitanos para descargar el material, aunque no debíamos cobrar, el gitano nos dió cincuenta mil pesetas por las molestias, agradeciéndonos haber llegado a tiempo y con la mercancía a buen recaudo.

- No hacía falta, buen hombre. - le dice Cachiro.

- Bueno, yo te las doy por las molestias. Yo soy así, me gusta cuidar de las buena gente. - le contesta el gitano.

- No hacía falta, hombre. - le vuelve a decir Cachiro.

- Bueno, ¡no seas tonto y guárdate el dinero! Muchas gracias y a ver si nos vemos pronto. - decía el gitano, dándonos la mano con los dos manos, en señar de agradecimiento.

Salimos del poblado para mirar Madrid, de paso comíamos. Llegamos a Madrid capital a las diez de la noche, damos vueltas con el coche por la ciudad y aparcamos cerca del Santiago Bernabéu (estadio del Real Madrid). Íbamos directos a comer en un bar o algo, pero me encontré con un par de Policías Municipales sentados en su ZX parado, patrullando:



- Buenas, ¿saben de un sitio en dónde cenar, pero cenar bien? Somos de fuera y no sabemos. - le pregunto a los Policías.

- Buenas noches, por aquí hay buenos sitios en dónde comer, pero algo caros. - acto seguido, me dice por voz baja - Ya saben, éstos madridistas son muy pijos. ¿O qué Ramírez? - le dice a su compañero - Los colchoneros somos más campechanos.

- Bueno, da igual, por aquí cerca más que nada. ¡Llevamos todo el día a base de bocadillos de calamares! - le digo al Policía.

Acto seguido nos dice de un restaurante, vamos a aquel restaurante y acabamos hasta las pelotas de comer. Comimos carne, porqué lo que se dice pescado en Madrid, claro, ¡cómo es puerto de mar!

Salimos del resturante, estamos en la puerta hablando de lo que deberíamos hacer por la noche, había que ir de juerga. Encendemos un pitillo cada uno y nos ponemos a debatir, del restaurante sale un personaje famoso. Nos ve y se acerca a nosotros:

- Chavalines. ¿Sabéis de alguien que pase coca? - nos pregunta el famoso.

- ¡Coño, si eres...! - dice Cachiro - Si me pillases hace un par de meses, ¡te pasaba la que quisieses! (haciendo alusión al anterior viaje de Cachiro a Madrid, para llevar tres kilos de coca) - le responde Cachiro, descojonándose.

- ¡Buuf! ¿Os importa qué fume un pitillo con vosotros? - nos pregunta el famoso.

- No, no. Fúmelo aquí con nosotros. - le respondo.

- Si quieres porros, ¡tengo aquí! - le ofrece Cachiro, riéndose.

- Bueno, no me toques los cojones chaval. - le dice el famoso, con cierto tono de cabreo.

- De acuerdo, ¡paro ya! - le dice Cachiro.

Estuvimos fumando un par de cigarros con aquel hombre, cuándo acabó, se monto en un MB 190 2.3 16v que tenía aparcado en frente del restaurante y se marchó. Cachiro me miró y yo también lo miré a él, nos descojonábamos la verdad. Volvimos al coche, decidimos saber lo que se cocía por la noche madrileña. Llegamos a Pachá, yo la única vez que estuve en Pachá, fue en un Ford Fiesta Pachá. Llegamos y aparcamos lejos de cojones, pero bueno, malo será. Al fin, estamos delante de la discoteca.



Antes de entrar, Casares me llama al teléfono:

- ¡Pablo!

- ¿Sí?

- ¿Cuándo volvéis?

Le pregunto a Cachiro sobre cuando volveremos:

- Pues, ¡suponemos que mañana por la noche! - le respondo.

- Vale, perfecto. Ya os tendré la pasta preparada. - me dice Casares.

Entramos en Pachá, tomamos un par de cubatas y nos meten ficha un par de guiris, cachondas por supuesto. Cachiro las manda a la mierda y yo me lo estuve pensando un buen rato. La verdad, en toda mi vida, nunca he visto un sitio como aquel tan de puta madre en mi vida. Salimos a las cuatro y pico de la mañana de allí, nos dirigimos al Fiesta.

- Y ahora, ¿buscamos un hotel? - le pregunto a Cachiro.

- Pues claro, ¡joder! - me contesta Cachiro, riéndose.

Abrimos el Fiesta y buscamos un hotel, para al final encontrar una pensión cualquiera. Sacamos una habitación doble y nos dormimos nada más pisar el colchón. Al día siguiente, Cachiro me levanta a las 11:00, apenas podía abrir los ojos:

- ¡Vamos joder! Volvemos para Lugo, ¡cagando ostias! - me decía Cachiro, mientras me despertaba.

Me duché y me volví a poner la misma ropa, cosas de calcular mal los planes. Cachiro había traído su muda, pero yo ni me acordé. Acabé antes que Cachiro, que se fue a tomar un café al bar de al lado, antes de que me duchase yo. Bajé a la calle, cerca de la pensión había una tienda de música, pensé que debería pillar unos casetes para el viaje de vuelta. Compré varias cintas, una de Chapa Discos, un par de Los Chunguitos y para rematar compré una cinta limpiadora, que buena falta le hacía al Fiesta.

Antes de nada, Cachiro había pedido unos bocatas de calamares en aquel bar en frente de la pensión, para el camino. Salimos de Madrid, en autovía, noto el coche mucho más suelto después de sacar los cuarenta kilos.

Llegamos a Benavente, el viaje se nos hizo muy largo. Paramos para estirar las piernas y tomar un café. Acabamos el café y ya fuimos directos a Lugo, llamamos a Casares antes de llegar a Lugo capital:

- ¡Buenas! - le saludo.

- ¡Buenas campeón! ¿Habéis llegado?

- Estamos llegando, ¿en dónde quedamos? - le pregunto.

- En mi zulo.

Llegamos al zulo de Casares, Cachiro y yo teníamos las pelotas destrozadas. Entramos y el Comisario García está con Casares:

- ¡Coño, el Dúo Sacapuntas! - dice el Comisario.

- A ver chavales, ¿qué tal? - nos pregunta Casares.

- ¿A ti qué te parece? - le responde Cachiro, acostándose en el sofá.

- ¡Pues eso! Comisario, saque los maletines y a repartirse el pastel. - le dice Casares al Comisario.

Saca un maletín de cuero de debajo del sofá, dentro hay un millón de pesetas. Empieza a repartir:

- A ver, ¡para el perfeccionista! - dice el Comisario refiriéndose a Cachiro, contando con las gafas puestas - 300.000 pesetas. - se las entrega.

- Perfecto. - responde Cachiro mientras las cuenta.

- Para el Torete. - refiriéndose a mí - Otras 300.000 pelas. - me las entrega el Comisario.

- Joder, ¡pues si que está bien éste negocio! - respondo al pillar la pasta, riéndome.

- Chavaaaal, ¡máximo nivel! - me dice Casares.

- Para Casares y para mí, 400.000 pesetas. Sale a 200.000 para cada uno. - se entregan lo que queda y el Comisario se quita las gafas.

- Bueno, ¡no os quejaréis! - nos dice Casares.

- No, para nada. Nos vamos, que estamos muertos. - le responde Cachiro, riéndose.

Salimos de allí, llevo a Cachiro a casa y saco un regalo para Elena y para mí. Llego a casa a las diez de la noche, escondo la pasta, explico a mi madre que estuve de fiesta y me quedé a dormir en casa de un amigo (aunque la llamase el día anterior por el móvil desde Madrid). Me ducho y me cambio para ir a buscar a Elena. Llego a su casa y sale a la ventana:

- Hombre, ¡el desaparecido! - me dice Elena, desde la ventana.

- Hombre, ¡la morena más guapa de Lugo! - le contesto, tratando de arreglar el asunto.

- Hombre, ¡el peor novio de Lugo! - me contesta.

- Vale, ¡pues te vas a quedar en casa y me voy a ir ver a los Rolling yo sólo!

- ¿Perdón? ¿Los Rolling? - me pregunta, mientra se pone más cariñosa conmigo.

- Si, hay un concierto en Gijón el 22 de julio, he pillado entradas a un conocido. Pero si no quieres venir, ¡pues iré yo sólo! - le replico.

- Vale chico, ¡vamos a Gijón!

Me voy a casa, necesito dormir.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Dani el Mar 3 Ago - 11:43

Que grande... anda que no le darían caña los gitanos a tu Fiesta gaydude
Por lo demás, de 10, para flipar, se pasa mal pero se cobra que da gusto.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por xtm_sport el Mar 3 Ago - 13:49

buff que vicio tio que vicio jajaja
un saludo
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Dani el Mar 3 Ago - 14:01

Hay alguna confusión entre Casiro y Casares, pero se entiende icon_e_wink
Gracias.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por atrescilindros el Mar 3 Ago - 17:13

14 de julio de 1995.

Han pasado un par de semanas. Me acabo de levantar y me voy a dar una ducha, me afeito y me preparo para llevar a Elena a tomar algo, se lo debía. La recojo en su casa, salimos a la nacional y me llaman al móvil:

- Mamón, ¿dónde andas? - me dice.

- ¿Quién es? - pregunto.

- Soy Cachiro, ¡joder!

- ¡Aaaah! ¿Qué pasa?

- Nada, ¿te apuntas a recojer mi nuevo coche a la BMW? - me propone.

Consulté el tema con Elena, le pareció bien y quedé con Cachiro en la BMW. Llegamos un poco tarde, había un poco de atasco. Le vemos en la entrada fumando un pitillo y nos acercamos:

- ¡Buenas fenómeno! - me saluda Cachiro.

- Buenas tio, ¡te presento a Elena!

- ¡Aaah! La morena esa de la que tanto hablas. - me dice Cachiro, riéndose.

- ¿Vés? ¡Si es qué no paras de hablar de mí! - me dice Elena, dándole dos besos a Cachiro.

Entramos a la concesión, Cachiro habla con un comercial y nos lleva a la parte de atrás. Allí estaba, todo un BMW 325i plateado, con las defensas del M3 y unas BBS. Estaba impresionante, al parecer el coche era de un cliente que lo encargó a fábrica y ya en la concesión se encargó de que le pusieran todos los extras del M, acto seguido, lo aguantó un año y se compró un M3. De los ocho millones que valía, se lo dejaron en cinco y medio. Tenía 30.000 km y era full equipe.



Salimos a dar una vuelta con el coche, Cachiro empieza a sentirse orgulloso de la compra, al oír el seis cilindros rugir. Pillamos una nacional un poco abandonada, Cachiro empieza a decirnos:

- ¡Voy hacer como hacía mi padre con el 124!

- ¿Cómo? - le pregunta Elena.

Acto seguido, Cachiro lo pone de lado, pero no lo controla lo suficiente y se barre.

- ¡Creen que saben conducir y no saben una mierda! - le dije (haciendo alusión al del R11, cuándo Cachiro se estrelló con el Kadett y los tres kilos de coca), descojonándome.

Volvemos al concesionario para buscar el Fiesta, me monto y vamos al Miami. Después de escuchar el BMW, el Fiesta no me llenaba. Pero bueno, el Fiesta aún se defendía y apenas llevaba un año con carné. Llegamos al Miami, aparcamos y Cachiro nos llama a voces, estaba allí aparcado también:

- ¡Eh, mirad! El coche está cerrado, pero le doy al picaporte y se encienden las luces. - dice, orgulloso.

- ¡Eh, mirad! El coche está cerrado, soy un caco abriendo el picaporte, ¡va a sonar la alarma! - le hago la burla.

- ¡Me cago en Diooooos! Voy abrirlo y cerrarlo con el mando, por si acaso. - dice Cachiro, por si acaso.

Tomamos algo en el Miami, ya le había dicho a Cachiro que no sacase ningún tema de drogas en la conversa. Estuvimos hablando de todo, a Elena le cayó muy bien Cachiro. Salimos, nos despedimos y cada uno para su casa.

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por xtm_sport el Mar 3 Ago - 18:41

me queda por leer esto ultimo que acabas de poner que hasta mañana no podre por que se me jodio el ordenador de casa caguendiez como me jode...

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por kikecampeon el Mar 3 Ago - 21:22

Muy guapa la historia! Vaya enganchada...
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por Keko el Mar 3 Ago - 21:27

esto es un vicio la verdad popcorn
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por mayte_xr2 el Mar 3 Ago - 21:59

Pedrouzo escribió:esto es un vicio la verdad popcorn

+100000 sisi:
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por DeLado el Mar 3 Ago - 22:56

grandisimo, más!! dios, que vicio de post

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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

Mensaje por xtm_sport el Miér 4 Ago - 10:53

estuve esperando hasta ahora para poder leerlo joer que mono tengo de más historieta si si si jajajaja
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Re: Picando biela (Relato sobre quemados)

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